Eutanasia: el peligro de la “Pendiente Resbaladiza”

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La Comisión de Salud de la Cámara de Diputados aprobó recientemente la idea de legislar respecto al proyecto de ley sobre eutanasia. La iniciativa establece que ésta podrá ser solicitada por “la persona que ha sido diagnosticada en estado de salud terminal o en estado de sufrimiento físico o mental constante e insoportable que no puede ser apaciguado por el actual estado de las ciencias médicas y que resulta de una lesión o condición patológica incurable”. El punto relativo a “sufrimiento mental”, ha sido cuestionado ya que en otros países esta causal ha dado pie a que se abuse de la ley. Afortunadamente, hubo consenso en distintos sectores de la comisión en la necesidad de ampliar los cuidados paliativos, hoy considerados en el sistema público solo para enfermedades oncológicas.

En Chile tenemos la ventaja de poder discutir sobre este sensible tema, teniendo a la mano la experiencia de países donde la eutanasia y el suicidio asistido son legales hace varios años. No pocas veces las leyes se aprueban con una serie de restricciones que luego, en la práctica, se van relajando, ya que comienzan a pesar otras consideraciones, tales como el costo-beneficio de mantener a un paciente con cuidados paliativos, versus poner fin a su vida rápidamente.

Con todo, en mi opinión personal, es fácil empatizar con la durísima situación de alguien que sufre alguna enfermedad degenerativa o terminal, que le arrebata por completo su autonomía, que lo(la) hace sentir una pesada carga para sus familiares y cuyos síntomas y/o dolores no son aliviados por los medicamentos que hoy dispone la ciencia médica. Sabemos que estos casos son excepcionales, pero los hay. Me resulta mucho más fácil comprender la petición  de disponer de su propia vida para dar término al sufrimiento que ya no puede soportar, que la petición de disponer de la vida del hijo o hija que se lleva en el vientre. A mi juicio, los derechos propios terminan donde comienzan los derechos de los demás. En el caso del aborto se dispone del derecho a la vida de un tercero, mientras que en la eutanasia, se dispone del derecho a la vida de uno mismo, sin pasar a llevar a nadie. Al menos en el papel, se supone que es así. Pero veamos que pasa en los países donde esta práctica lleva varios años.

Los países bajos, Holanda y Bélgica, fueron pioneros en la aprobación de la eutanasia y el suicidio asistido. Estudios recientes muestran la siguiente foto:

En Holanda la eutanasia y el suicidio asistido habían sido permitidos solo si se cumple con el criterio del debido cuidado legal, es decir, a pedido voluntario y bien considerado del paciente, habiendo el médico consultado con otro médico, en casos de sufrimiento insoportable, sin pronóstico de mejora, cuando no haya otra alternativa razonable. Para darles una segunda opinión a pacientes cuyas solicitudes de eutanasia o suicidio asistido fueron denegadas por sus médicos habituales, fue abierta la clínica “Fin de la vida”, en 2012. Un estudio realizado sobre el curso de las solicitudes recibidas durante el primer año de funcionamiento y los factores asociados con su otorgamiento o rechazo, dio a conocer algunos hallazgos inquietantes:

Sobre un total de 645 solicitudes recibidas, 162 fueron aprobadas y de estas últimas: 8% referían estar “cansados de vivir”; 7% solo reportaron sufrimiento psicológico; 1% caracterizaron parte de su sufrimiento como “soledad”; 7% de las personas tenían más de 80 años.

Un estudio realizado por el gobierno holandés indicó que en 2016 el 4% de las muertes registradas en el país fue ocasionada por eutanasia o suicidio asistido, a la vez que el concepto de “sufrimiento insoportable” se ha expandido año a año.

Una gran mayoría de los pacientes a los que se le practicó la eutanasia en Holanda padecía de una enfermedad terminal o sin tratamiento paliativo. El 83% de los pacientes estaba en alguna etapa de cáncer, sufría de enfermedades degenerativas como el mal de Parkinson, Esclerosis Múltiple, ELA, o bien estaban afligidos por una deficiencia cardíaca o pulmonar. 141 personas experimentaban los primeros síntomas de la demencia tales como cambios de personalidad y la pérdida de la orientación. 60 casos se llevaron a cabo debido a problemas psiquiátricos, 244 por acumulación de males propios de la edad y el resto de los 1 509 fue asistido debido a otros trastornos.

En Bélgica, se observa una evolución similar a la de Holanda. Por ejemplo, el 2013, se añadió a la lista de causales para solicitar eutanasia el “cansancio de vivir”.  Las poblaciones que reciben eutanasia, de más rápido crecimiento, incluyen grupos vulnerables y de categorías de riesgo social, como: mayores de 80 años, personas de bajo nivel socioeconómico, inmigrantes, discapacitados, quienes viven en asilos y en recintos psiquiátricos.

Todos estos casos evidencian la existencia, en los países en que la eutanasia ha sido despenalizada, de lo que se ha denominado pendiente resbaladiza, esto es, de una extensión gradual de la práctica a casos asimilados. Para muchas personas enfermas, que estiman ser una carga, el derecho a morir corre el riesgo de ser interpretado como una obligación moral de desaparecer, de dejar de ser un gravamen económico para la sociedad o para la familia. En EEUU, en Oregon, primer estado donde se legalizó la eutanasia, para quienes no cuentan con seguros médicos privados y dependen de la salud estatal, si son diagnosticados de cáncer y tienen edad avanzada, el Estado solo les ofrece la “muerte digna”, y no tratamiento ni cuidados paliativos. El factor económico aumenta su peso año a año, sobre todo, en sociedades que envejecen velozmente.

En contraste, tres investigadores de la Universidad de Wollongong (Nueva Gales del Sur, Australia), recogieron la abundancia de datos que proporciona el ejemplar sistema de cuidados paliativos australiano, para analizar la eficacia de éstos. Más del 85% de los enfermos en cuidados paliativos no tenían síntomas graves de dolor en el momento de morir; Los enfermos señalan la fatiga como problema en proporción doble que el dolor; El porcentaje de pacientes que refieren dolor severo antes de comenzar los cuidados paliativos es de 7,4%. Luego de haberlos recibido, esta cifra baja a 2,5%. Los cuidados paliativos tienen mejores resultados cuando se integran aspectos psicológicos y espirituales del paciente y se ofrece apoyo y educación a la familia para adaptarse a la enfermedad del paciente, así como para manejar el duelo.

Ojalá el debate en nuestro país sea serio, desprejuiciado, desideologizado. Y que tenga un claro norte: La inalienable dignidad de toda vida humana. Aunque ésta no sea productiva, aunque tenga enfermedad o cualquier tipo de limitaciones. Construir una cultura del cuidado.

 

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Eutanasia: el peligro de la “Pendiente Resbaladiza”

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