El proyecto de ley de educación sexual integral Carlos A. Casanova

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Estimados amigos:

Me parece se ha cumplido el tiempo de actualizarnos sobre lo que está ocurriendo en torno al proyecto de ley de educación sexual integral. En marzo habíamos denunciado que se encontraban en la Comisión de Educación un grupo de proyectos nefastos sobre esta materia. Ellos han sido fundidos y el proyecto que constituye el espinazo del texto que se está discutiendo es el peor de todos, el que habíamos criticado en febrero y marzo.

Este proyecto pretende reemplazar y profundizar la ley 20.418, del año 2010, que propuso soluciones técnicas a problemas de salud sexual y demográficos. Esa solución fue enseñar técnicas anticonceptivas y profilácticas a los niños, para que puedan gozar de “sexo seguro”. Como era de esperarse, esta solución no sólo propagó el naufragio moral de miles de niños y adolescentes, sino que fue contraproducente aun en el problema que decía querer resolver: las enfermedades de transmisión sexual crecieron exponencialmente en la población joven desde el momento en que se aplicó la ley. Así lo reconoce el propio proyecto que criticamos en marzo. Leo textualmente en los antecedentes del mismo:

“ En cuanto a enfermedades de transmisión sexual, entre enero y diciembre de 2018 se               registraron 6.948 nuevos casos de VIH en Chile confirmados por el Instituto de Salud    Pública, lo que representa 1.132 casos más que en 2017. Se trata de una cifra récord               para nuestro país, que desde 2010 ha aumentado su transmisión en forma      exponencial.”

Esto ocurrió porque esa ley 20.418, que se presentaba como “neutra” no lo era. Abrazaba la ideología progresista, nacida con Descartes y Bacon, que elimina de la consideración política los problemas morales, porque piensa que el bien de la humanidad se alcanzará exclusivamente con el progreso técnico. Esta ideología, ciega a la moral, va produciendo problemas morales, políticos, cada vez más grandes, que se enfrentan con soluciones técnicas cada vez más absurdas y que producen cada vez problemas más grandes. Un buen ejemplo es la ley 20.418.

La ideología detrás de la ley 20.418 se nota muy claramente cuando omite que la abstención sexual hasta el matrimonio es la mejor manera de evitar los contagios y de vivir una sana sexualidad. Está prohibido moralizar, aun cuando incluso desde el punto de vista técnico, la moral sea la única solución verdadera.

Los hombres estamos reunidos en sociedad para vivir bien. Nuestros padres sabían que eso incluye vivir virtuosamente. Un fruto y una garantía de ese vivir bien es la familia, que nuestra Constitución considera célula fundamental de la sociedad. La ideología liberal-progresista es ciega a todo esto. Pero ahora, con el nuevo proyecto de educación sexual integral, se levanta otra ideología mucho peor que la meramente progresista, una ideología que amenaza con empeorar mucho más las cosas. Dicha ideología no es otra que el neo-marxismo fundido con las aberraciones de los doctores Kinsey, Money y Harry Benjamin. Este trío, junto a Simone de Beauvoir, fue el creador de la noción de “género”, según la cual la sexualidad no es sino un “constructo socio-cultural”. Pero ese trío es un trío del terror. Una de las personas que los desenmascaró fue la Profesora Judith Reisman, profesora en Jerusalén, que denunció que las tablas 30-34 del estudio de Kinsey no pudo haberse llevado a cabo sin someter a abuso sexual deliberado y sistemático a cientos de niños inocentes. La fusión del marxismo con estos monstruos fue obra, fundamentalmente, de Herbert Marcuse, pero continuó con Judith Butler.

Nos encontramos, entonces, ante una ideología que es marxista y que, como tal, hace la guerra a toda verdad, a toda estructura de autoridad legítima y que desde el comienzo ha querido abolir la familia por medio de la invención de “derechos” de los diversos individuos que la componen. Marx no usa esta retórica, pero la idea está clara en el Manifiesto comunista. A esto se ha añadido la estrategia marcusiana de la “tolerancia represiva”. Se trata de crear un nuevo cuerpo de censura que aniquile la transmisión del cristianismo y de toda sensatez moral, bajo las vestes de la “tolerancia”.

Marcuse se dio cuenta de que los trabajadores ya no eran portadores de la revolución. Entonces, había que buscar a aquellos profesores y estudiantes, intelectuales, que traspasaban los límites de lo moral y entraban en el “mundo pervertido”. Éste es el sentido de la nueva pseudo-tolerancia que se ha impuesto en Occidente a sangre y fuego y con la complicidad de los principales medios de comunicación. Consiste, fundamentalmente, en una guerra a muerte contra la castidad y contra los grupos que la defiendan, porque los revolucionarios saben bien (desde la época de Platón), que la manipulación de las pasiones más bajas, el sexo y las substancias estupefacientes, es el camino para destruir una sociedad y traer la revolución. A estos ingredientes se añade el nietzscheanismo. La destrucción de la personalidad por medio de la destrucción del yo y de sus propiedades individuales. Sobre lo que todos los lógicos dijeron que no se podía cambiar, los nietzscheanos quieren establecer el dogma de que sí se puede cambiar y condenar a cualquiera que lo niegue. Esto es la destrucción de la gramática y, por tanto, la destrucción de la presencia de Dios entre los hombres.

En otras palabras, hay una guerra contra los cristianos y contra la familia. Marcuse muestra bien que esa guerra tiene que destruir los conductos de transmisión de la moral y de la Fe, desde la más tierna infancia. Eso es lo que quería hacer este proyecto en su redacción original.

En efecto, el proyecto original introducía desde el jardín la perspectiva de género. Esto significa que a los niños de 3 ó 4 años se les iba a inducir artificialmente una disforia de género, una inseguridad sobre su identidad sexual. Ya hoy, sin ley que los cubra, a menudo los funcionarios del Ministerio de Educación y algunos maestros intentan inducir este tipo de dudas en los niños. Hemos visto materiales gráficos repartidos recientemente por el Ministerio de Educación (no sólo en el gobierno de Bachelet) que van en esta línea. Podemos imaginarnos que si llegan a tener apoyo legal harán lo mismo que se ha hecho en Canadá, en España, en Argentina: un verdadero atentado contra la infancia, un quitar la inocencia a los niños, un horror. Pero, además de esto, se iba a promover la actividad sexual desde muy temprano, y se iba a establecer todo esto como un derecho de los niños contra los padres, en el mejor estilo marxista: la nueva religión oficial del Estado, el neo-marxismo de género, se impondría a sangre y fuego y destruiría el derecho preferente de los padres a educar a sus hijos.

Aquí nos encontramos, entonces, con una tendencia que actúa desde redes internacionales y cuyos tentáculos en Chile se concentran en el Partido Comunista, el Frente Amplio, y otros políticos como Michelle Bachelet. Esta gente odia a Chile, odia sus tradiciones morales y quieren destruirlo todo. Esto se puede ver en los lineamientos de la Unesco en educación de la sexualidad de 2009 (Concepto clave 3: género para niños de 5-8 años; Concepto clave 4: enseñar a niños de esa edad que pueden tener placer por tocamientos de partes sexuales; embarazo, reproducción sexual, etc.; masturbación, Concepto clave 5; Muerte a la infancia). Los documentos posteriores no son tan agresivos, pero contienen el mismo fondo. Se encuentran en guerra con el cristianismo en todas sus formas, pero también con cualquier tradición religiosa o moral sensata, no sólo con el cristianismo.

Ahora, hoy no traigo sólo malas noticias. Hay también buenas noticias. Una revisión de las indicaciones hechas al proyecto en la Comisión de Educación, por parlamentarios que son miembros de ella y parlamentarios que no lo son, muestra que muchas de ellas son excelentes. Quiero destacar aquí el trabajo de los Diputados Muñoz, Bobadilla, Sabag y Miguel Mellado (hay dos Mellados). Un trabajo menos bueno, pero en general bien orientado ha hecho el diputado Pardo. Todos ellos han intentado salvar el derecho preferente de los padres a educar a sus hijos, la pluralidad de proyectos educativos, el derecho de asociación para fundar escuelas con ideario, la autonomía universitaria.

A pesar de las buenas noticias que he apuntado, con todo, existe un riesgo muy real de que el proyecto sea finalmente aprobado de una manera semejante al original. En efecto, Camila Rojas, la Presidente de la Comisión, ha logrado crear un procedimiento especial para discutir el proyecto, que lo remite a unas comisiones ad hoc para que en breve tiempo centralicen las indicaciones en dos grupos, las de derecha y las de izquierda. De modo que las abundantes indicaciones de los diputados que he mencionado, podrían quedar diluidas en la discusión artículo por artículo.

Por otra parte, existen también las indicaciones perniciosas. Algunas insisten en la noción de autonomía progresiva, y citan en su apoyo la Convención de los derechos de los niños, que es ley en Chile. Pero esa Convención NO establece la autonomía progresiva para nada, sino que habla del desarrollo del niño, de tomar medidas “en consonancia con la evolución de sus facultades”, que es otra cosa. Cristóbal Aguilera ha hecho un buen estudio del concepto de autonomía progresiva, y ha mostrado que, aunque podría ser de otra manera, de hecho tiene un fuerte contenido ideológico.

Pero hay otras quizá todavía más peligrosas, como las de la diputada Comunista Camila Vallejo. Mientras Sabag entiende por “indemnidad sexual de los niños” el que no se toque libidinosamente su cuerpo y que no se perturbe la mente infantil con agresiones físico-sexuales o ideológico-sexuales, hay otra indicación en que se entiende que la “indemnidad sexual” significa no interferir en el desarrollo de la sexualidad de los niños. Así lo dicen, textualmente, en una indicación al artículo 2, literal h:

“Indemnidad sexual: los niños, niñas y adolescentes no pueden sufrir interferencia en la formación de su propia sexualidad.”

Y, luego, con el carácter comunista tiránico, añade Camila Vallejo, junto con Girardi, en indicación al literal h:

“Indemnidad Sexual: Los programas de Educación Sexual Integral que se imparten en los establecimientos educacionales deberán respetar irrestrictamente el principio de indemnidad sexual. El principio de indemnidad sexual tiene como objetivo primordial asegurar que el niño, niña o adolescente no sufra interferencias en el desarrollo de su propia sexualidad.”.

¿Qué significa esto? Ciertamente no significa no dar “educación sexual” a los niños, pues si así fuera la ley se anularía a sí misma. En mi opinión, lo que significa es que debe dejarse que el “desarrollo sexual” siga curso. ¿Cuál curso? El que proponen los organismos internacionales como la Unicef y la Unesco. Según un documento del 2009 de la Unesco hay que enseñar a los niños de 5 a 8 años a masturbarse; y según el mismo documento actualizado en 2018 y respaldado por la UNICEF, y citado en los antecedentes del proyecto, se puede disfrutar la sexualidad durante toda la vida, los programas basados en la abstinencia sexual son ineficientes y dañinos; hay que enseñar a los niños de 5 años que se puede obtener placer en las relaciones con otras personas; se debe enseñar a los niños de 9 años que la masturbación no es mala y que se puede hacer en privado, etc., etc. Entonces, lo que quiere decir esta indicación de las diputadas Vallen disparate. Se está prohibiendo a los padres y a las autoridades morales y religiosas guiar a los niños y adolescentes en el tema de la sexualidad, “interferir en el desarrollo de la sexualidad”. ¡Guao! La sacerdotisa de la religión neo-marxista quiere proteger a sus futuros adeptos de la nefasta influencia que sus padres y madres puedan ejercer sobre ellos, tratando de imponerles esa oscura doctrina del dominio de sí. ¿A quién se le ocurre? ¿Cómo se atreverán a arrebatar a los demagogos y seductores esa tierna carne haciéndole creer que debe ser casta y guardarse dominar sus impulsos más bajos, para hacerse idónea para amar comprometidamente y llegar idóneos al matrimonio y formar una familia estable? ¿A quién se le ocurre semejante obscurantismo medieval?

Señorita revolucionaria: los epítetos no son argumentos. Toda moral verdadera se transmite en una tradición. También la falsa ideología marxista se transmite en una tradición: los jóvenes tienen que acostumbrarse a mentir, a promover el robo y el hurto (como he visto en los pasillos de la Universidad Santo Tomás), perder el respeto a los mayores, etc., y eso porque un mayor les promete que así traerán el paraíso a la tierra. Toda tradición se basa en una cierta fe o confianza en los maestros. Los maestros naturales primeros son los padres y madres. ¿Por qué deberá Chile entregar a sus hijos a una minoría que se mueve por una insaciable sed de poder y que quiere esclavizar a los niños haciendo uso de sus pasiones, convertirlos en esclavos de un partido totalitario?

Yo espero que Chile no esté tan postrado todavía como para permitir semejante ex abrupto. Las indicaciones a que he hecho referencia nos revelan que hay parlamentarios sensatos que entienden lo que se está discutiendo y que corregirán todo lo que se desvíe demasiado de la sensatez más básica. Así lo esperamos, y así lo vigilaremos los electores y los ciudadanos.

http://carlosacasanovag.blogspot.com/2020/06/el-proyecto-de-ley-de-educacion.html

1 Comment
  1. Los40 says

    A pesar de tales proyectos de ley, el papel de los padres en la educación no cambiará.

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