El nuevo Chernobyl en Rusia: explosión contaminó con radiación a médicos tratantes

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Autor: Fernanda Rojas

El jueves 8 de agosto, cerca de las 15:00, tres hombres desnudos y envueltos en bolsas plásticas ingresaron al servicio de urgencias del Hospital Clínico Regional de Arjangelsk. Horas antes y a 90 kilómetros de distancia, se había registrado una explosión en una base militar cerca de Nyonoksa, al norte de Rusia que involucró un proyectil de propulsión nuclear. Al menos siete personas fallecieron –cinco científicos y dos militares- y los niveles de radiación aumentaron hasta 20 veces durante los primeros 30 minutos en la cercana ciudad de Severodvinsk. A pesar que las autoridades intentaron contener la información y poner paños fríos, los médicos rusos que atendieron a los heridos no fueron advertidos de la toxicidad y estarían sufriendo las consecuencias de la exposición a radiación. Lo que revive el mismo modus operandi que tuvo Rusia tras el accidente en Chernobyl en 1986.

“Nadie, ni los directores de los hospitales, ni los funcionarios del Ministerio de Salud, ni los funcionarios regionales ni el gobernador, notificaron al personal que los pacientes eran radiactivos“, señaló un cirujano del hospital al diario The Moscow Times. Sin embargo, la única información que recibió el equipo médico era que se trataba de una explosión en una zona militar y ante la falta advertencias atendieron de inmediato a los pacientes sin protección especial. Incluso, después de la explosión “se pusieron a trabajar” de forma normal, por lo que mantuvieron contacto con otros pacientes. Las alarmas se encendieron cuando dos de los tres heridos en el accidente fallecieron antes de ser trasladados a Moscú.

Rusia manejó con total hermetismo la situación. Recién días después llegó a la prensa internacional. El Kremlin negó que los niveles de radiación hubieran aumentado y también rechazó la orden de evacuación que habrían recibido los ciudadanos del pueblo de Nyonoksa cuatro días antes. El secretismo envolvió el accidente que, según el The New York Times, fue un prototipo de misil de crucero y provocó que muchos rusos se volcaran a las farmacias para comprar yodo. Pero no fueron los únicos con miedo.

FOTO: AFP

“Isótopo radiactivo” en el cuerpo

Cuatro médicos del hospital público de Arjangelsk y un trabajador confirmaron al Times que la situación generó conmoción en el centro médico y que posteriormente agentes del Servicio Federal de Seguridad (FSB) hicieron firmar un acuerdo de confidencialidad a todo el personal que estuvo directamente en contacto con los heridos.

Cuatro días después del accidente, el 12 de agosto, el equipo médico preparó varias preguntas, entre ellas por qué los expuestos a la radiación fueron atendidos en un hospital civil y no militar, para los funcionarios del Ministerio de Salud que visitarían el lugar para aclarar las dudas. Sin embargo, no hubo respuestas.

Lo que sí hubo fue una invitación para que los funcionarios médicos involucrados viajaran a Moscú a realizarse exámenes. Según las fuentes del Times, cerca de 60 trabajadores, incluido al menos cinco paramédicos que transportaron a los pacientes heridos al hospital, aceptaron. Pero no se esperaban el diagnóstico.

A uno de los médicos se le encontró cesio-137, un “isótopo radioactivo subproducto de la fisión nuclear de uranio-235” en su tejido muscular, pero no habría sido informado sobre la “cantidad o concentración” del isótopo. Expertos consultados por el periódico ruso sostienen que el nivel de peligro en las personas depende de “cuánto tiempo estuvieron expuestos”, pero la falta de información los puso en peligro porque era algo que podía ser evitado y prevenido.

De los 60 funcionarios del centro médico involucrados, sólo dos grupos alcanzaron a trasladarse a la capital rusa ya que después los vuelos fueron cancelados. En cambio, trasladaron a los expertos de radiación a Arjangelsk para realizar las pruebas en la zona. Según la agencia de noticias rusa TASS, especialistas de la Agencia Federal de Biomedicina de Rusia (FMBA) examinaron y monitoriaron a 91 trabajadores médicos tras la emergencia y ninguno reveló “casos en los que excedieron los niveles permisibles de exposición a la radiación”.

A pesar de la respuesta oficial, el quirófano del tercer piso del hospital se mantuvo cerrado hasta el 13 de agosto y después era inspeccionado por agentes de seguridad. Incluso, los testigos señalaron que se sintieron como en la escena de la miniserie de HBO Chernobyl, cuando los primeros pacientes comienzan a ser trasladados por equipos de seguridad sin protección.

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