El mundo post pandemia

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Entrevistada por el diario El Mundo, la economista española Alicia García-Herrero verbalizó lo que parece ser una impresión generalizada: “después de la pandemia el mundo se va a parecer mucho más a China que China a nosotros. Vamos a tener unos estados más fuertes, que van a tener que tomar las riendas para bien o para mal”. No tengo duda de que, si el pronóstico es acertado, esa mayor intervención estatal será “para mal”.

Desde la caída del muro de Berlín, el mundo ha experimentado cambios vertiginosos derivados principalmente de la globalización del capitalismo y de la revolución de las comunicaciones, paradójicamente ambos han debilitado la confianza en la libertad en sus dos principales expresiones: el mercado como asignador de los recursos y la democracia representativa como estatuto de adquisición y ejercicio del poder político.

Es la disminución en el costo de comunicarse la que ha producido estas transformaciones de efectos inesperados: en el plano económico, la división y globalización de los procesos productivos ha hecho perder competitividad a los trabajadores no calificados de los países desarrollados, a la vez que ha sido determinante en el explosivo crecimiento del Asia; en el político, ha masificado los flujos de información, hasta el punto de hacer aparecer casi como innecesaria la representación y los procesos racionales de toma de decisión, especialmente en las políticas públicas.

El estatismo, siempre acechante, ha encontrado caldo de cultivo en el malestar que atraviesa a las clases medias ansiosas de progreso económico y de mayor protagonismo en las decisiones políticas.

La pandemia ha generado la ilusión de que la respuesta se encuentra en un Estado fuerte, que sería el árbitro capaz de asignar los bienes de manera más justa y de resolver eficazmente, desde un centro estratégico de control, las dificultades inherentes a la complejidad del mundo actual.

China es un gigante que está cambiando el orden mundial, pero, aunque fuera cierto que en el corto plazo pudiéramos parecernos más a su modelo de capitalismo de Estado, es inevitable que el anhelo de la libertad y su eficacia como motor de la creatividad se impongan, porque expresan la esencia de la naturaleza humana y solo de ellos pueden derivarse relaciones de justicia.

En estos momentos es cuando más se requiere que aquellos que creemos en un orden social libre seamos capaces de resistir la marea estatista, que se viste de distintos ropajes, de pronto aparece apelando a una equivocada conciencia social y, en otros momentos, apela a una eficacia inexistente para administrar los cambios.

Muchas cosas han cambiado y muchas seguirán cambiando, pero el anhelo de cada individuo de ser dueño de su destino seguirá primando por sobre pandemias, razas y modelos.

https://www.latercera.com/opinion/noticia/el-mundo-post-pandemia/MN5XV5RBGBBTLF4DOW6XONGH7Y/

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