El fin no justifica los medios

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Gonzalo Cordero – 11 ABR 2020

El ex presidente de la Cámara de Diputados Iván Flores justificó la presentación de proyectos de ley inconstitucionales sosteniendo que la iniciativa exclusiva del Presidente de la República impone solo una limitación de “forma”, y esos proyectos tratan sobre materias “urgentes de resolver”. Algunos alcaldes solicitan información o adoptan resoluciones fuera de su competencia legal, porque dichas transgresiones les permitirían “ayudar” a los contagiados y a las medidas sanitarias.

Estamos frente al núcleo del conflicto que justifica la institución del estado de derecho; esto es, la tensión entre las limitaciones al poder que impone la ley y la convicción común del titular del poder estatal, en el sentido de que él actúa en función de un bien superior. Es precisamente en estos momentos, cuando la crisis pone en tensión las relaciones sociales, que más se justifican esas limitaciones, pues es cuando aparecen con mayor fuerza los impulsos a ejercer el poder desprovisto de controles y restricciones.

La experiencia enseña que los gobernantes, particularmente los estatistas, creen que su visión del bien es la correcta, que ellos conocen mejor que nadie el camino a la felicidad y el bienestar general, que el poder en sus manos se ejerce como instrumento de la justicia; al contrario que sus adversarios, siempre contaminados por oscuros intereses.

Pero la civilización avanzó en la medida que aprendimos que la mayor amenaza a la libertad y seguridad proviene siempre de permitir que alguien ejerza el poder estatal de acuerdo con su particular visión de lo bueno, a su mero arbitrio. Por eso, los estados modernos se han organizado bajo el ideal de un poder reglado, de manera que nadie pueda ejercerlo en forma diferente a aquella que previamente un legislador independiente le confirió a la función y no a la persona que la ejerce.

Esto es mucho mas que un problema de “forma”; de esto, que parece tan simple, depende la libertad de las personas. Los ciudadanos atentos no podemos aceptar que parlamentarios, alcaldes o cualquier otra autoridad, de izquierda o de derecha, se crea con la capacidad de saltarse las reglas, aunque lo haga invocando nuestro beneficio.

Así lo previene nuestra golpeada carta magna, cuando establece que nadie puede atribuirse “ni aún a pretexto de circunstancia extraordinarias, otra autoridad o derechos que los que expresamente les hayan conferido en virtud de la Constitución o las leyes”.

En esto se juega nuestra libertad, que es “uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

https://www.latercera.com/opinion/noticia/el-fin-no-justifica-los-medios/MTRG4MUKVRF67CBAARNNYCUPKY/

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