Crisis de identidad

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Por Gonzalo Cordero, abogado

En la derecha han vuelto a emerger distintos proyectos, sus bancadas se dividieron en votaciones críticas y ahora parlamentarios de RN y la UDI, tras votar a favor del tercer retiro de los ahorros previsionales, le solicitan al Presidente Piñera -reconociendo implícitamente con ello su inconstitucionalidad- que se desista del requerimiento al TC.

Un grupo, autodenominado derecha social, critica a otro calificándolo de ortodoxo y economicista, insensible e incapaz de ver la realidad. Muchos de quienes enarbolan aquella visión “social”, esgrimen básicamente una diferencia que no es ideológica o conceptual respecto de quienes seríamos “ortodoxos e insensibles”, sino que nos imputan el ser incapaces de ver o conocer la realidad, la desigualdad y el abuso -a cuya denuncia frecuentemente se suman-, pues seríamos teóricos que no conocemos el mundo real.

Y hay otros que, desde un rol más intelectual, critican el modelo de desarrollo, al que tildan, entre otras cosas, de individualista y de haber destruido el sentido de comunidad. Ellos serían otra derecha: práctica y sensible, que antepone el bienestar de las personas a la economía y, podríamos agregar ahora, también a la Constitución. ¿Será verdad esto, será esa la diferencia?

No hay debate racional posible con quien descalifica como tecnócratas a los que apelan a los datos, a razones económicas, jurídicas o filosóficas. La “derecha social” contrapone a los argumentos de este tipo una “realidad” que solo ellos -los que tienen calle- conocen, ya que los economicistas seríamos incapaces de captarla y/o de tener la sensibilidad para asumirla.

¿Puede una derecha moderna, democrática y racional, dejar de creer en el gobierno de la ley, en la libertad para elegir el propio proyecto de vida y en la dignidad que emana de esa autonomía? Pienso que no, que el ejercicio del poder debe someterse a reglas generales, impersonales y abstractas, que ningún fin, por valioso que sea, puede pasar a llevar.

El respeto a la Constitución -o a la democracia constitucional- es garantía de la libertad individual; y como el tercer retiro, al originarse en una moción parlamentaria, es manifiestamente inconstitucional; no debería ser apoyado por nadie desde la centro derecha, así como tampoco deberían serlo las múltiples mociones, también inconstitucionales y lamentablemente aprobadas con votos oficialistas. No se trata de negar las necesidades de las personas, sino de que al violar la Constitución se horadan las bases de una sociedad libre e incluso de la civilización, como ha sido concebido en ella el ejercicio del poder en occidente.

Ni el estatismo benefactor, ni el que promueve un cierto tipo de “comunidad”, son compatibles con un ideario de limitación del poder y libertad individual. Asumir la diferencia y aprender a convivir con ella, sin desgastarse en conflictos estériles, parece lo más razonable.

https://www.latercera.com/opinion/noticia/crisis-de-identidad/GI5MGGUSMRDCFJ3Q4BXHOPB6VI/

 

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