Constitución y tiempos de cambio

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Enrique Navarro Beltrán:

Una vez más resurge la discusión de una nueva Constitución. Como se sabe, la actual tiene sobre 200 reformas, en casi medio centenar de leyes. La más importante, la de 2005 y bajo la firma del expresidente Lagos, fijó incluso un nuevo texto, suscrito por todo su gabinete. Lo anterior no es inusual en el Derecho Comparado; la Ley Fundamental de Alemania de 1949 tiene más de 60, y la italiana de 1947, más de 40.

En una democracia, nadie podría restarse a participar de semejante proceso constituyente. Es conveniente sí tener presente algunas reflexiones desde la academia. Una Constitución no se improvisa ni se redacta bajo discusiones callejeras, hay que considerar nuestra historia institucional, sus fortalezas y debilidades, y su aplicación práctica por los tribunales.

Así como para construir una casa se requiere de expertos, o de lo contrario se viene abajo, es fundamental desde ya escuchar a quienes han estudiado científicamente estas materias. El chileno, como decía Edwards Bello, es muy eficiente para destruir y en estos días —lamentablemente— lo hemos padecido.

En estas semanas hemos visto en televisión un verdadero espectáculo: periodistas efectuando reflexiones sociológicas, médicos hablando de temas constitucionales, parlamentarios elegidos democráticamente renunciando al ejercicio de sus inherentes funciones constituyentes y abogados balbuceando temas económicos y previsionales.

La gran mayoría es probable que ni siquiera haya leído la tapa del texto constitucional. Las universidades tienen un especial rol, asumiéndolo de manera científica y con rigor, como es propio de su finalidad esencial.

Por su parte, los medios de comunicación tendrían que cumplir primeramente una función también educativa. Como decía don Andrés Bello, junto con informar hay que “formar”. Para ello debería convocarse a especialistas serios y no aquellos que hablan de cualquier cosa, sin mayor rubor. En estos días, charlatanes hemos tenido por doquier.

Ahora bien, ¿conocen de verdad los ciudadanos la Constitución y su alcance, y de la abundante jurisprudencia protectora de sus tribunales de justicia? ¿Saben cuál es rol de las instituciones?

La clave de muchos de nuestros males, al decir de nuestra Gabriela Mistral, son los oficios deficientemente ejercidos. De allí que sea esencial que nuestros maestros instruyan de manera crítica pero objetiva. Pero el rol pedagógico también les corresponde a otros profesionales y a los servidores públicos, quienes deben, de manera serena y republicana, colaborar en la construcción de edificios institucionales sólidos.

Suele atribuírsele al texto constitucional un rol mágico y de fetiche. Como si la Carta Fundamental se posesionara sobre nuestras almas y nos transformara en personas más felices. Ni siquiera Juan Egaña habría imaginado algo igual, al redactar la utópica Constitución moralista de 1823, de cortísima duración.

La Constitución Política es la Ley Fundamental; como tal, asegura derechos y distribuye el ejercicio del poder. Ese es su rol en su historia de ya más de dos siglos. Pero los temas tributarios, educacionales, previsionales o de salud corresponden que sean implementados a través de la legislación y de las normas reglamentarias. Eso es lo que hoy día parecen demandar los ciudadanos de manera urgente.

A las Constituciones solo les corresponde establecer los grandes principios, es decir, los cimientos. Nada más. Pero, como dice Herdegen, una “Carta Magna no debe despertar expectativas que un Estado no puede cumplir en la realidad”. Aun hoy día, los tratados internacionales aseguran también derechos que no pueden ser desatendidos por los tribunales, órganos del Estado e incluso el propio poder constituyente.

En síntesis, un proceso constitucional es algo muy serio para ser discutido de manera frívola y ligera. Exige, en primer lugar, una ciudadanía que conozca de verdad lo que establece la Carta Fundamental y su exacto alcance. Solo así la crítica será fundada y contribuirá de manera reflexiva a perfeccionar nuestro régimen democrático. Y es que, como nos recuerda Unamuno, antes que “vencer” hay que “convencer”.

Enrique Navarro Beltrán

Profesor de Derecho Constitucional

http://www.elmercurio.com/blogs/2019/11/03/73700/Constitucion-y-tiempos-de-cambio.aspx

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