Columna de Héctor Soto: Máscaras de unidad

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Héctor Soto – 3 OCT 2020 

El espectáculo que dio el bloque opositor esta semana corresponde a ese tipo de experiencias donde el público exige que le devuelvan la plata. Primero, porque tuvo ribetes de fraude. En segundo lugar, porque no se trata de un bloque, sino de un espejismo. En tercer lugar, porque dejó la incómoda sensación de una pitanza, de una comedia de equivocaciones en la cual es difícil separar los gestos de sinceridad de las maniobras de engaño y faroleo. Y, además, porque después de tantas bravuconadas posestallido, el sector, emplazado a ofrecer a la ciudadanía su primer testimonio de cohesión, es completamente incapaz de ponerse de acuerdo en cuestiones mínimas. Ni hablar de ofrecer una alternativa de gobierno verosímil para Chile.

Es difícil determinar por ahora quién o quiénes perderán más con el fracaso del acuerdo unitario de primarias legales. Lo más probable es que todos terminen perjudicados. En cualquier caso, está fuera de dudas que el vasallaje político a la agenda frenteamplista de varios de los partidos que integraron la ex Nueva Mayoría no fue suficiente para convencer a los jóvenes de esta alianza de su eventual renovación, lealtad y voluntad de cambio. Siendo así, ellos prefieren no contaminarse en esta vuelta y deciden seguir su propio camino, dando por hecho que el pacto les habría reportado más pérdidas que beneficios.

Tal como ya ocurrió con la DC, que terminó desangrada en la última elección parlamentaria, ahora la llamada Convergencia Progresista, que integran el PS, el PPD y el PR, enfrenta un horizonte político difícil, básicamente por dos conceptos: el primero es que estos partidos se están quedando sin juventud, lo cual significa ponerles fecha de vencimiento, y el segundo es que en Chile se está desvaneciendo cada vez más el centro político, de modo no muy distinto a lo que ha pasado en varios otros países del mundo. Lo curioso, sin embargo, es que en Chile el fenómeno se produce no tanto porque colectividades que fueron parte de la centroizquierda durante 20 años hayan sido derrotadas, sino, al revés, porque ellas mismas quisieron cancelarse. Tras hacerse un verdadero harakiri político, optaron por renegar de su legado y por avergonzarse de las cuatro administraciones que le dieron al país. Es triste la condición de partidos zombies, pero mucho más triste todavía es preferir ese destino en forma deliberada. Un problema adicional para este sector político es que tiene muchos alcaldes que se juegan su cabeza en las próximas municipales. Y esto, en concreto, significa que tiene mucho que perder frente al oficialismo si es que finalmente la oposición se reparte entre listas paralelas.

Cinco años después de la caída del sistema binominal, que como todos los sistemas electorales mayoritarios subsidiaba a los partidos o coaliciones con más arrastre ciudadano, por lo visto el sistema de partidos políticos chilenos todavía anda en busca de su destino. Ni siquiera está muy claro a quiénes representan las nuevas colectividades que se han subido al escenario político. A la izquierda de lo que fue la antigua Concertación, y al margen de lo que ya es el Frente Amplio, que mal que mal ha construido su propia identidad, en los últimos años han estado proliferando tiendas que se asocian más a una sopa de letras que a corrientes definidas de opinión. Muchas de las expectativas que se hizo el país cuando se adoptó el sistema proporcional que ahora nos rige se han frustrado. Es cierto que el mapa parlamentario actual tiene una capilaridad que antes no tenía, pero también es cierto que varios de los movimientos y partidos que hipotéticamente venían a oxigenar la política han sucumbido al fraccionalismo y la atomización. En muchas zonas, incluso, este es un enjambre que ya nadie entiende. Y el asunto de fondo, esto es si los parlamentarios están más próximos o más lejos de la ciudadanía que los elige, sigue exactamente igual o peor que antes. La brecha no ha disminuido y el Congreso está mucho más desacreditado que en el pasado.

El costalazo que se ha dado la oposición esta semana pone al desnudo el verdadero alcance de sus máscaras de unidad y de sus más alardeados triunfos políticos. Buena parte del decorado de esta puesta en escena hoy no es otra cosa que chatarra. La bien aceitada maquinaria de la seguidilla de acusaciones constitucionales, de la astuta estrategia que sacó adelante el retiro del 10% de los fondos de pensiones por la vía de una reforma constitucional distorsionada y de los recurrentes puños en alto para bloquear numerosas iniciativas del Ejecutivo funcionó como reloj cada vez que se hizo sonar el silbato para oponerse. Ahora, en cambio, cuando hay que empezar a construir, cuando está llegando la hora de la responsabilidad cívica, la realidad se impuso y el escenario se dividió. En dos, en tres, en cuatro. Da lo mismo. El tinglado era de utilería y la unidad, de mentira.

https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/columna-de-hector-soto-mascaras-de-unidad/KJNIWUEDFVEMTBT2GDG6ZNLWQQ/

 

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