China y Venezuela: ¿la hora del juicio?

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Marcel Oppliger:

Con una historia nacional que se remonta milenios y con el Estado unitario más antiguo del mundo, se supone que los chinos adoptan por default una “mirada larga” en asuntos de política exterior, porque es la única perspectiva que les hace sentido. “Es muy pronto para decirlo”, habría contestado el Premier Zhou Enlai en la década de 1970 cuando le preguntaron qué pensaba de la Revolución Francesa, de apenas un par de siglos antes. La cita es probablemente apócrifa, pero ilustra el punto.

Esa lógica está fallando por completo en la relación con la Venezuela chavista, lo que podría traerle problemas a China en su apuesta estratégica por estrechar vínculos con América Latina. ¿Por qué? Porque el fracaso del modelo bolivariano es de tal magnitud, los crímenes del régimen tan repudiables, y la crisis regional que está provocando tan grave, que el apoyo de Beijing a Nicolás Maduro solo puede verse bajo la peor luz posible: pese a que el chavismo ha creado el mayor foco de inestabilidad en la región —con debacles humanitaria y migratoria incluidas—, a la superpotencia asiática y segunda economía del mundo le importa más el petróleo que Caracas deberá seguirle enviando por décadas para cumplir sus compromisos que tomar el partido correcto ante el drama venezolano.

Eso merece un reproche ético, claro. Pero también otro por cortedad de miras en su acepción más china: el interés nacional estratégico.

En primer lugar, porque si China busca acrecentar su influencia proyectando “softpower”, ¿qué hace la nación que logró la hazaña de sacar a millones de seres humanos de la pobreza en las últimas décadas, apoyando al régimen que hundió al país con las mayores reservas petroleras del planeta? ¿Por qué un país que fabrica desde llaveros hasta cohetes espaciales, desde chicles hasta supercomputadoras, le da soporte diplomático a otro que hoy no produce ni comida, ni remedios, ni electricidad, ni agua, ni nada, excepto migrantes y exiliados?

Ya poniéndonos más cínicos, y dado que China tiene “la tradición de autocracia exitosa más larga del mundo”, como enfatizan los historiadores John King Fairbank y Merle Goldman, ¿qué hace una “autocracia exitosa” respaldando a un narco-Estado con las peores tasas de inseguridad y corrupción del continente, cuyas FF.AA. están penetradas al mismo tiempo por los carteles de la droga y por los servicios de inteligencia de otra revolución fallida (Cuba)?

Si Beijing realmente desea enviar una señal de amistad y compromiso de largo aliento con América Latina; si en verdad quiere demostrar con hechos que sus intereses estratégicos son también los nuestros —progreso, prosperidad y paz—, entonces debe separar aguas con Maduro. Los países de la región, por su parte, harían bien en señalarle a China —como a Rusia y a Turquía— que su respaldo a Caracas tendrá un costo para las buenas relaciones en el futuro (siempre que lo digan en serio y no solo para la galería, como ha sido hasta ahora con la crisis venezolana).

En segundo lugar, China se muestra corta de miras, porque es innegable que el gobierno bolivariano corre hacia el despeñadero. Si bien la (dolorosa) experiencia enseña que no conviene aventurar cómo ni cuándo el régimen que fundó Hugo Chávez terminará de desplomarse, es evidente que no representa el futuro de Venezuela.

Por lo tanto, darle la espalda al chavismo sería también la decisión pragmática. No solo porque para los chinos las probabilidades de recuperar lo invertido disminuyen con cada día que Maduro sigue en el poder (basta ver la cada vez más reducida producción petrolera), sino también porque indudablemente conviene a Beijing que los sucesores del actual régimen venezolano —sean quienes sean— tengan más motivos de gratitud que de resentimiento.

China tiene aquí la doble oportunidad de ponerse del lado correcto de la historia y de cuidar sus intereses de largo plazo. Hasta Zhou Enlai admitiría que al chavismo le llegó su hora del juicio.

Marcel Oppliger
Periodista, autor de “La revolución fallida: un viaje a la Venezuela de Hugo Chávez”


https://www.elmercurio.com/blogs/2019/08/24/71937/China-y-Venezuela-la-hora-del-juicio.aspx

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