Barco sin quilla

0 292

Gonzalo Cordero

Abogado

La encuesta del CEP fue un misil a nuestro sistema político institucional, el Presidente con un nivel de apoyo tan bajo que no se ha visto antes; el Congreso peor aún y las instituciones en general reposan en la lona de la valoración ciudadana y no sabemos si se van a levantar antes de la cuenta de diez. Cómo salimos de aquí es la pregunta del momento, pero es la pregunta equivocada; lo que importa resolver es otra cosa: ¿cómo llegamos aquí?

El liderazgo consiste en alterar un sistema social, sacándolo de su estado de equilibrio para llevarlo a un nuevo punto que, una vez alcanzado, será mejor que el anterior. Pero el beneficio final no se conoce por el grupo, sino hasta que se logra el objetivo de cambio; visto así, se comprende por qué no existe liderazgo que no transite por una etapa de impopularidad. Los líderes no siguen las encuestas, las cambian.

En la biografía de Steve Jobs escrita por Walter Isaacson, éste recuerda que el creador de Apple nunca hizo un estudio de mercado y lo justificaba citando a Henry Ford, quien decía que “si le hubiera preguntado a la gente lo que quería, me habría respondido: un caballo más rápido”.

Nuestra política se ha vuelto incapaz de tolerar la impopularidad, que es lo mismo que decir que se ha vuelto incapaz de ejercer alguna forma de liderazgo; por el contrario, captar y sintonizar con lo que la gente quiere es valorado como talento, al punto que los mismos medios que se escandalizan por la caída de los políticos son los que informan las encuestas atribuyendo la condición de “ganadores” a los que suben en popularidad y como “perdedores” a los que bajan.

El gobierno, en el sentido más amplio de la expresión, no me refiero al poder Ejecutivo únicamente, se ha vuelto una especie de oficina de atención al cliente. Hay hasta algunos jueces que entienden su labor como el deber de responder las demandas de justicia de “la gente” y, supongo que como expresión simbólica de ello, acuden a sus marchas o hacen declaraciones adhiriendo a sus reivindicaciones.

Pero una sociedad sin liderazgo, sin fuerzas que la impulsen en una dirección determinada, se convierte en un barco sin quilla, sin rumbo, a merced de los vientos y las mareas, hasta que la gente pierde progresivamente la fe en esa suerte de aduladores que siguen los impulsos emocionales de aquellos a quienes están llamados a gobernar por la razón. ¿De qué sirve la popularidad para alcanzar posiciones institucionales a las que los mismos electores han perdido todo respeto?

El fenómeno es global y de alguna manera todos estamos cautivos en este dilema del prisionero, pero alguien tiene que romper esta lógica y ofrecerle a la gente algo diferente a un caballo más rápido, aunque eso sea lo popular y lo que la gente quiere.

Barco sin quilla

Ayúdenos a llegar a miles de personas como usted.