Autonomía progresiva

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Señor Director:

La carta del diputado Marcelo Díaz respecto de la autonomía progresiva de los menores, publicada el viernes 5, merece especial atención, pues refleja con claridad dos males que, no pocas veces, hacen presa de algunos de nuestros parlamentarios.

El primero es el de la emotividad, portera y partera del populismo que luego criticamos. El diputado Díaz defiende su moción, la que busca incorporar en la Constitución el concepto de autonomía progresiva del menor “como un auténtico caso de iniciativa popular de ley”, dando como razón de ello que la idea se la sugirió una carta de un menor del distrito que representa, quien le pedía incorporar los derechos de los niños a la Carta Fundamental. La carta de un niño dota de emoción a una propuesta de reforma constitucional, pero no de legitimidad democrática, como pretende el parlamentario. Lo susceptible de alta aprobación tan espontánea y efímera en un matinal no equivale a lo democrático.

Segundo mal: el de reemplazar lo testimonial por la eficacia como rasero de buena obra legislativa. La carta del diputado Díaz defiende su propuesta por estar inspirada en un prestigioso tratado internacional, pero sin detenerse a señalarnos cuáles serán los probables efectos de elevar ese principio a rango constitucional. ¿Para qué llenar nuestra Carta Fundamental de más declaraciones bien intencionadas de las muchas de las que ya padece, como si su texto fuera solo un receptáculo de las mejores intenciones?

Desde luego, y como reconoce el diputado Díaz, en materia de legislación protectora de niños, niñas y adolescentes se ha avanzado mucho en el último decenio, sin que para ello haya hecho falta la norma constitucional que propone. Por el contrario, la incorporación de declaraciones de esta naturaleza no hacen sino empoderar a los jueces para fijar las políticas públicas o incluso para cuestionar o invalidar las que aprueban las autoridades electas. No pocas veces nuestros parlamentarios olvidan este impacto contramayoritario de una Constitución y luego se quejan de que los jueces empleen los instrumentos que ellos mismos les dejan servidos en bandeja. El activismo judicial suele ser efecto de la delegación de los políticos.

Jorge Correa Sutil

Cartas
Sábado 06 de julio de 2019

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