Asesores locuaces

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En los viajes periódicos que hago en bus de Santiago a Valparaíso y viceversa, me entero de detalles no solo de la vida privada de muchos seres anónimos (material literario de oro, si yo fuera un buen narrador), sino también de la trastienda del trabajo parlamentario, de lobbies , de gastos reservados, etc., puesto que en estos buses viajan muchos asesores de diputados y senadores, y otros sujetos que no sé si clasificar como operadores o asistentes privados de estos mismos. Todos muy locuaces y vociferantes. También hablan a viva voz vendedores de todo tipo de seguros: acabo de enterarme, por ejemplo, del alto monto de una póliza que contrató una diputada y de la cotización de un seguro para perros que solicitó otro parlamentario.

A estas alturas, es una utopía estudiar, leer o descansar tranquilo en un bus sin que lo interrumpan a uno esos operadores deslenguados, además de los molestos sonidos de los videojuegos (que cada día tienen más adictos entre todas las edades) o las conversaciones interminables sobre aspectos domésticos, emocionales y a veces incluso sexuales de los pasajeros. La promiscuidad e incontinencia verbal alcanzan grados extremos. No sé si se trata de un problema cultural específicamente chileno o los franceses, norteamericanos o japoneses se comportan igual en espacios públicos. Tiendo a creer que el pudor y la intimidad son más cuidados en algunas de esas culturas que en la nuestra. Se ha ido perdiendo una cierta delicadeza del chileno medio, un cierto recato y también un cierto misterio. Los chilenos nos hemos vuelto estridentes, gritones, obvios, y eso lo noto cuando vuelvo de un viaje en avión a Chile y escucho conversar a mis compatriotas. ¿Y de qué hablan? De plata. Nos encanta hablar de plata. Raúl Ruiz, el director de cine y gran observador de la realidad chilena, me decía que cada vez que venía a Chile le llamaba la atención que casi todas las conversaciones que escuchaba alrededor suyo eran sobre plata. Es inusual escuchar conversaciones sobre temas más profundos de la vida, no digo diálogos intelectuales, sino conversaciones sobre lo que nos aqueja y preocupa humanamente. Parece que también en las mesas familiares está sucediendo lo mismo: los niños hablan de plata porque repiten lo que escuchan en sus casas. No demonizo el dinero (que, por supuesto, es parte importante de nuestras vidas reales), pero me pregunto: ¿no nos hemos vuelto muy monocordes en esto?

Somos lo que conversamos. Humberto Giannini, filósofo y gran conversador, decía que “la conversación es una de las más altas formas de la hospitalidad humana”. Hay conversaciones callejeras o en bares o plazas o paraderos que pueden nutrirnos espiritualmente. El “paco” Rivano, mítico librero de San Diego y escritor que narró como nadie los bajos fondos, decía que todo lo que él sabía de literatura, filosofía, teatro, lo había aprendido cuando era carabinero y le tocaba trabajar en la noche y era invitado a sentarse en las distintas mesas de lugares emblemáticos de la bohemia santiaguina. Con los actores aprendió de Shakespeare, con los literatos sobre Rulfo y etc…. Ruiz, por otra parte, afirmaba que la mejor filosofía en Chile se hacía en el bar La Unión Chica.

No estoy pidiendo que en los buses se hable de Heidegger o Dostoievsky, pero no quiero saber por qué el diputado tal quiere contratar una póliza para perros ni cuántos millones gastó una diputada para adquirir otro seguro. En tiempos de sospecha, escuchar hablar de plata relacionada con política claro que despierta suspicacias. Creo que los periodistas especializados en política, pero con cada vez menos calle, debieran viajar más en estos buses hasta y desde Valparaíso, con una grabadora en mano, para obtener información de primera fuente sobre nuestra alta política. También esos viajes podrían proveer de un inestimable material antropológico para un documental que debería llevar por título: “¿De qué se conversa en Chile?”.

No quiero saber por qué el diputado tal quiere contratar una póliza para perros ni cuántos millones gastó una diputada para adquirir otro seguro.

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