Alcaldes derechistas-estatistas

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El establecimiento de un horario límite para la circulación de menores es un signo de los tiempos que corren. Revela cuánto ha avanzado el Estado y cuánto ha retrocedido la comunidad en la definición de aspectos cotidianos de la convivencia.

Cuando mañana los alcaldes de ocho comunas suscriban formalmente la medida, no solo fijarán un criterio para lo que ellos llaman un “cambio cultural”, sino que también darán un paso más en esa imperceptible, pero irrefrenable, invasión estatal al ámbito de decisiones comunitario que viene teniendo lugar desde hace ya tiempo en este y otros países.

Que dicho acuerdo se vaya a implementar amparado en la legitimidad de un plebiscito en el que apenas votó 8,9% de los habilitados, solo ratifica la fuerza del impulso estatal por colonizar una toma de decisiones que siempre estuvo radicada en la familia, pero que ahora pasa al ámbito municipal a través de una “recomendación” que llevarán a cabo inspectores y patrulleros.

La paradoja se acentúa cuando los alcaldes de Chile Vamos que adoptarán la medida dicen actuar en nombre de la familia y de la responsabilidad de los padres de cuidar a sus hijos. Solo la confusión doctrinaria de los ediles y su deseo por ganar popularidad a toda costa pueden explicar ese tipo de declaraciones.

Porque lo que ellos deberían saber es que no están actuando en favor de las familias ni de los padres, sino quitándoles autoridad y disminuyendo su capacidad de decisión en torno a la educación de niños y jóvenes. No se trata aquí de hacer una demonización del Estado, sino más bien una apología del único ente que es capaz de evitar que éste devengue en un ogro filantrópico: la comunidad. Esta es cada vez más tironeada desde dos extremos: en una punta, por el Estado; en la otra, por el individualismo. Precisamente ese individualismo que se enseñorea entre nosotros deja a las personas aisladas y sin herramientas para enfrentar al Estado, el cual exhibe un hambre omnívora por adquirir atribuciones, desde la selección escolar hasta la “autonomía progresiva” de los niños y el horario de circulación de éstos por las calles.

Podrá decirse que no es para tanto, que se trata apenas de una recomendación y que la intención es lo que vale. Pero hay que recordar que, como escribió Tocqueville, “uno olvida que es sobre todo en los detalles que es peligroso esclavizar a los hombres”.

Las perjudicadas con este tipo de medidas son agrupaciones que constituyen las hebras que dan firmeza al tejido social y entregan espacios de autodeterminación y redes de apoyo. Son ellas las que sufren con el activismo de aquellos que, como los ocho alcaldes, las debilitan al mismo tiempo que aseguran querer defenderlas.

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