Adiós refinamiento

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La pérdida del refinamiento tiene triste a doña Carmen. Mezclando una cosa y otra, ella lo dice claramente: “Ya no se puede ir a ninguna parte porque no hay qué ver. Solo hay diversión para masas y yo no formo ni quiero formar parte de ninguna masa. No hay solemnidad ni en La Moneda ni en las iglesias. Este es el fin de una época; estamos a bordo del Titanic”.

Es cierto, los signos exteriores se multiplican: la reducción de programas artísticos de alto nivel, la trivialidad de las actuales ceremonias, la nula preocupación por el bien decir y el bien vestir, la suciedad de las calles, la falta de cuidado por el patrimonio, la ridiculización de las buenas maneras. Y en lo interior, ¿cuántos son los que hoy honran la sobriedad y la serenidad, los que respetan la posición del otro y a la autoridad?

Todo esto ha determinado el aspecto de nuestra actual cultura. Una que tiende a olvidar la sutileza expresiva, la reflexión, la riqueza del estilo, la pulcritud y la belleza para sustituirlas por ruido, feísmo y superficialidad, desacreditando de paso costumbres, ritos, símbolos, hábitos y valores.

El gran problema es que la vida está inmersa en la cultura y se confunde con ella, de manera que lo que está siendo destruido es una forma de ser que nos distinguió durante décadas. Así, ya se observan lesiones en la política, en las relaciones con los demás, en el vínculo de cada uno con su propio cuerpo y hasta con el placer. Muchos ya se han adocenado en un cómodo hedonismo cultural de muy poca exigencia, facilista, y que está inevitablemente nivelando para abajo. Muy para abajo.

https://www.elmercurio.com/blogs/2022/06/14/98853/adios-refinamiento.aspx

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