A cinco años de su elección, el Papa enfrenta su aniversario más complejo

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Desde un inicio el Pontífice recibió críticas de sectores conservadores. Pero ahora se sumó la molestia de sectores liberales por el caso Barros y las críticas por el virtual estancamiento de la reforma a la Curia vaticana.

“Yo tengo la sensación de que mi pontificado va a ser breve, cuatro o cinco años (…). Es como una sensación, un poco vaga”, comentó el Papa Francisco en 2015 a la corresponsal de la cadena mexicana Televisa en Roma, Valentina Alazraki. El próximo 13 de marzo se cumplirán esos cinco años y el actual papado parece lejos de estar llegando a su fin. Con 81 años, Francisco mantiene un agenda intensa que incluye en octubre el sínodo de los jóvenes, viajes a Suiza e Irlanda en junio y agosto y la Jornada Mundial de la Juventud en enero de 2019.

Sin embargo, este quinto aniversario lo encuentra en un momento más complejo, no sólo por los cuestionamientos desde sectores conservadores, en especial tras la publicación de su exhortación apostólica Amoris Laetitia -donde se abre a la comunión a divorciados vueltos a casar- sino también por el virtual estancamiento de las reformas a la Curia y las críticas a su manejo de los casos de abusos sexuales.

“El Papa Francisco cautivó al mundo, pero tras cinco años, navega en aguas turbulentas”, escribió el periódico británico The Guardian. Según la publicación, “los esfuerzos de reforma de Francisco lo hicieron muy impopular entre los católicos conservadores, pero ahora el ruido de descontento se ha extendido hacia los liberales que lo apoyaban”. Y en este giro fue clave el reciente viaje del Papa a Chile y los cuestionamientos sobre su manejo del caso del obispo Juan Barros. “Las evidencias sugieren, hasta ahora, que los partidarios del Papa superan ampliamente a sus detractores. Pero esto puede estar a punto de cambiar”, escribió Robert Mickens, el corresponsal en Roma de la revista católica francesa La Croix, a causa de la “férrea defensa del Papa al obispo chileno Juan Barros contra las acusaciones de encubrimiento”. E incluso Mickens se pregunta si este hecho puede ser “un punto de inflexión en su pontificado”.

Pero los negativos efectos que tuvo el viaje a Chile -y a los cuales el Papa respondió con el envío del arzobispo de Malta, Charles Scicluna, sólo días después de volver a Roma para investigar el caso Barros- son solo uno de los puntos que marcan este quinto aniversario del papado. En los últimos meses el Papa ha debido enfrentar nuevamente la ofensiva de sectores conservadores que rechazan su exhortación apostólica Amoris Laetitia por considerar que se opone a fundamentos de la doctrina. En septiembre pasado cerca de 60 teólogos, religiosos e historiadores enviaron una carta al Pontífice en la que lo acusan de apoyar “directa o indirectamente” y “propagar” dentro de la Iglesia “proposiciones falsas y heréticas”. Y dos meses después, el ex prefecto para la Doctrina de la Fe, el cardenal alemán Gerhard L. Muller, en una entrevista al Corriere della Sera, criticó al Papa y advirtió de un riesgo de cisma debido a que una parte del mundo católico está, según él, “decepcionado y desorientado”.

Una reacción crítica que para el vaticanista del diario español ABC, Juan Vicente Boo, ha sido potenciada por “portales digitales conservadores”, pero que en los hechos representa a un mínimo “porcentaje de eclesiásticos”, en comparación “con cualquier otro documento innovador en los últimos cien años”. Más que las críticas a ese texto, para Boo, uno de los problemas que enfrenta el Papa Francisco tras cinco años es el hecho de haberse “fiado de personas que no merecían su confianza. Varios de los altos cargos, sobre todo los nombrados a petición de personas de línea conservadora han sido un chasco”. Según él, “da pena lo mal que han servido al Papa el anterior prefecto de la Doctrina de la Fe (el cardenal Muller), el secretario de Economía o el prefecto de la Liturgia, al que el propio Papa ha tenido que desautorizar”. Algo que complementa el columnista del Corriere della Sera, Massimo Franco: “El Papa se está dando cuenta cada vez más que personas a las que escucha le están entregando información imprecisa o falsa”.

Tensiones en el Vaticano

Las declaraciones del cardenal Muller dan cuenta de las tensiones generadas por el estilo y la línea seguida por el Papa Francisco. “Uno tiene la impresión algunas veces que el Papa quiere crear confusión porque la palabra clave es ‘proceso’, quiere crear un proceso abierto”, comentó recientemente el columnista y editor del Corriere della Sera Massimo Franco. “El problema es que algunas veces uno entiende que los episcopados estén confundidos porque él no señala el camino. El Papa intenta entender hacia dónde va la Iglesia, hacia dónde debería ir, pero lo que se percibe es que al final será probablemente su sucesor quien decida cual camino seguir”, agrega Franco. Una opinión que comparte el vaticanista Sandro Magister: “El elemento central de este Pontificado es el proceso que puso en acción más que los resultados. Una forma que caracteriza su magisterio es la de no ser nunca claro sino estar abierto a las interpretaciones”.

Este debate ideológico ha sido el eje de estos cinco años de papado. Una discusión que dejó en segundo plano las reformas a la Curia que pedían los cardenales cuando eligieron a Francisco en marzo de 2013. Ese proceso pareció partir con fuerza ese año, cuando el Papa creó el Consejo de ocho cardenales -al que luego se sumó el secretario de Estado Pietro Parolin-, elevando a nueve el número de sus integrantes- para que lo ayudaran a llevar adelante las reformas. Sin embargo, desde entonces el avance ha sido lento. “Me estoy convenciendo de que Bergoglio no tiene una especial predilección por la reforma de la Curia”, dice Magister. Mientras, Franco cree que los cambios han sido bloqueados desde dentro: “El Papa dijo que ‘limpiar el Vaticano es como limpiar la esfinge de Egipto con un cepillo dientes. Esto es una confirmación de su impotencia frente a la reforma (…), muchas de las cosas que predijimos y que algunos temieron, llegaron a su fin”.

Las resistencias en la Curia y las tensiones quedaron de manifiesto en el mensaje de fin de año del Papa a la Curia en diciembre, donde volvió a lanzar críticas a quienes, según él, se oponen a los cambios. Bergoglio apuntó contra “los traidores de la confianza o los que se aprovechan de la maternidad de la Iglesia, es decir las personas que han sido seleccionadas con cuidado para dar mayor vigor al cuerpo y a la reforma, pero -al no comprender la importancia de sus responsabilidades- se dejan corromper por la ambición o la vanagloria”, sentenció el Papa en lo que pareció una clara referencia a algunos de sus críticos como el propio cardenal Muller o el auditor de las cuentas vaticanas, Libero Mileno, que fue despedido en septiembre por el sustituto de la secretaria de Estado Giovanni Angelo Becciu, supuestamente a pedido del Papa. Bergoglio llamó también a “superar la desequilibrada y degenerada lógica de las intrigas que representa un cáncer que se infiltra en los organismos eclesiásticos”.

¿Punto de inflexión?

“Este quinto aniversario puede representar un punto de inflexión. Es decir, puestas las bases y marcadas las tendencias, el Papa sabe que le quedan unos pocos años para concretar y poner en marcha las reformas”, sostiene el vaticanista español y director de Religión Digital José Manuel Vidal. Un objetivo que reconoce no será fácil porque “muchos cardenales y obispos, acostumbrados a ser funcionarios y a vivir bien, no están dispuestos a ser servidores y a vivir austeramente, y, sobre todo, no quieren perder el poder”. Para Vidal esta es “la causa principal de las resistencias que está encontrando Francisco y que tendrá hasta el final”. Una visión más positiva que la que tiene Massimo Franco para quien el Papa creó muchas expectativas e incluso temores, pero “después de cinco años, su aproximación revolucionaria ha llegado virtualmente a su fin”.

Para el biógrafo del Papa y fundador de Voces Católicas, Austen Ivereigh, “lo que le interesa al Papa es cambiar las mentalidades, y luego cambiar las estructuras. Es un proceso lento, pero será duradero”, asegura. Incluso, según él, Francisco ha logrado manejar las críticas en la Curia aunque “está consciente que debe trabajar dentro de una estructura que no está conforme con un papado misionero”. “Sigue habiendo muchas resistencias, aunque creo que la mayor parte de la Curia lo respeta y lo apoya. Pero es un líder desconcertante para muchos”, dice Ivereigh.b

El polémico libro que critica el estilo de Bergoglio

En los primeros años del Pontificado, la popularidad mundial del Papa Francisco virtualmente opacó las críticas. Sólo sectores conservadores parecían ver con recelo el nuevo estilo que parecía imponerse en el Vaticano, mientras algunos medios aseguraban, sin dar nombres, las supuestas reticencias que el nuevo Papa estaba generado en la Curia. Sin embargo, tras cinco años las tensiones generadas por el estilo del Papa son evidentes. “Uno escucha de cardenales palabras muy feas contra el Papa, e incluso personas que oficialmente están con él, off de record te dicen que le causará grandes problemas a su sucesor”, asegura Massimo Franco.

El mejor ejemplo de ese nuevo clima de tensión que, según el propio Franco, parece respirarse en el Vaticano es el libro El Papa Dictador, aparecido a fines de noviembre del año pasado bajo seudónimo y que hace una dura crítica al estilo y al carácter del pontífice y a los cambios que ha llevado adelante en la Curia. La obra firmada con el nombre ficticio de Marcantonio Colonna entrega una imagen radicalmente opuesta a la que tiene el Pontífice. Sus críticos han calificado al libro de meros rumores y descalificado su contenido por estar escrito bajo seudónimo.

En respuesta, Colonna -que en la presentación del libro se asegura que estudió en Oxford y tiene amplia experiencia en la investigación histórica-, dijo por email al periódico británico The Catholic Herald que su objetivo “fue simplemente mostrar la brecha que existe entre la imagen del liberal y democrático del Papa con el verdadero carácter de su pontificado”.

La identidad de su autor es un misterio, aunque algunos apuntan a alguien no italiano. “Al Papa le entregaron una lista de seis posibles nombres”, dice Colonna al The Catholic Herald.

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