“Se utilizó a los indígenas de la Selva del Amazonas para atacar la fe católica”

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Fernando Beltrán           InfoVaticana         7 de febrero de 2020

Ignacio María Doñoro, sacerdote misionero en la Amazonía: “Pienso que hoy, más que nunca, en la Amazonía y en cualquier otro lugar del mundo, lo que se necesita no es la ordenación de personas casadas, sino sacerdotes enamorados de Cristo”.

De Fernando María Doñoro es un ‘pater’ -como se conoce a los sacerdotes en el ejército- que ha pasado de asistir a las víctimas del terrorismo de ETA, y estar destinado en varias misiones internacionales, a la Amazonía peruana. Ahí fundó la ‘familia’ Hogar Nazaret, donde acogen a niños y adolescentes en situación de alto riesgo y exclusión social. Los sacerdotes que atienden esta iniciativa, forman parte de la Prelatura de Moyobamba, en Perú.

La Amazonía ha sido la protagonista en los últimos meses en la Iglesia debido al Sínodo de la Amazonía celebrado en Roma, a pesar de que, según el padre Ignacio, “no ha tenido ninguna trascendencia” en la selva en la que él vive. Sin embargo, es muy interesante conocer, desde el terreno, como ha vivido un sacerdote que trabaja en dichas tierras todo lo relacionado con el sínodo. InfoVaticana ha tenido la suerte de entrevistar a este sacerdote español que nos ha contado, con mucha claridad y sin morderse la lengua, su visión de las cosas desde el mismísimo Amazonas.

Padre, ¿qué ambiente era más asfixiante, el de aquel País Vasco de ETA, o el de la selva amazónica?

En el País Vasco me sentía feliz, un privilegiado, porque estaba con los más valientes, con los que estaban dando la cara, con los que estaban dispuestos incluso a morir por aquellos que deseaban su muerte. Por defender sus derechos. Por defender incluso sus libertades. Y aunque intuían el odio que les tenían, ahí estaban teniendo el honor como bandera.

Aquí es lo mismo. Los niños que más han sufrido son los que más han sentido en sus propias carnes lo que es el pecado de la humanidad. Cuando el hombre se aparta de Dios, es capaz de las mayores barbaridades. Estas criaturas sufren las consecuencias del pecado del hombre. Están crucificados con Cristo.

¿Qué es más asfixiante?

A mí me da mucha pena cuando veo que aquí en Perú la sociedad mira para otro lado ante el dolor de los demás, ante el dolor de mis niños, pero me da todavía más pena —y no quiero entrar en temas políticos— ver que los terroristas ahora se llaman «señoría» y desde sus escaños siguen burlándose de las atrocidades que cometieron.

De los 854 muertos asesinados por la banda terrorista ETA, en torno a 500 eran miembros de las Fuerzas Armadas o de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (fundamentalmente, y por este orden, guardias civiles, policías nacionales y militares). El resto eran políticos, periodistas, jueces, empresarios, gente que pasaba por allí…

“Creo que, mientras no estén fuera de las instituciones españolas quienes no son otra cosa que el altavoz institucional de los terroristas, no habrá una sociedad que viva en paz, sino una sociedad cada vez más crispada.”

A mí me resulta demasiado dura la indiferencia de muchos. No se puede pasar página desde la injusticia, porque si no, lo que hacemos es la paz del silencio, la paz de los cementerios. Y no debe ser así. Al decir esto, tengo en mente el pasado trágico del pueblo español, los muertos, los miles de amenazados y heridos, los 250.000 vascos que por el hecho se sentirse españoles tuvieron que exiliarse… La historia son los hechos ocurridos en el pasado, sí, y eso no se puede cambiar, pero tenemos el imperativo moral de socorrer a las víctimas y defender su dignidad.

La paz está basada en la justicia. Hay miles de personas que hemos sido víctimas y a las que no se nos ha hecho justicia; es más, parece que somos los culpables… Eso lo llevo muchísimo peor que estar aquí en la selva del Amazonas.

¿Cuáles son las mayores dificultades de la evangelización en la Amazonía?

Dificultades, ninguna. Estar aquí hablándoles de Dios, de quien nunca han escuchado hablar, es una maravilla. Esta gente tiene verdaderamente hambre de Dios. Se emocionan. En El Salvador me pasó una cosa muy divertida. Dije una misa que duró cuarenta y cinco minutos. La gente estaba luego enfadadísima y me dijeron que cómo había durado tan poco; que no habían venido horas y horas andando de camino para escuchar una misa tan corta. Que ellos querían disfrutar más con el Señor y que querían saber más. Que les comentara más. Que la misa durara más. La siguiente misa tardé una hora y media y también se les hizo muy corta…

La gente aquí tiene hambre de Dios. Por eso, la presencia de Dios aquí es muy grande. Sus Palabras resuenan en la Amazonía con muchísima fuerza. “La gente aquí tiene hambre de Dios. Por eso, la presencia de Dios aquí es muy grande. Sus Palabras resuenan en la Amazonía con muchísima fuerza”.

Aquí te encuentras comunidades que solamente tienen misa una vez al año y están felices de recibir al sacerdote. ¡Quieren muchísimo a los sacerdotes! Vas por la calle y todos te saludan, te piden la bendición… Yo suelo llevar varios rosarios en el bolsillo y los voy repartiendo a lo largo del día. Que un sacerdote te regale un rosario es para ellos una caricia de Dios a su corazón. Lo que esta gente quiere y necesita son sacerdotes santos, entregados en cuerpo y alma.

¿Con qué expectativas han vivido los católicos el reciente Sínodo? ¿Reflejaron los trabajos y el documento final, a su juicio, los anhelos del pueblo amazónico?

Aquí, en la Selva del Amazonas, el Sínodo que teóricamente establecía un diálogo sobre los problemas de la Amazonía, no ha tenido ninguna trascendencia. Nadie ha hablado del Sínodo. Nadie. No se han enterado. La gente es muy pobre. También es cierto que como mucho, tienen televisión, pero lo que ven es la telenovela. No leen prensa ni se informan.

En mi opinión, no tiene mucho sentido haber hecho un sínodo solamente para la Amazonía y me preocupa que se hayan planteado ciertos temas y también el modo en que han sido planteados, porque es curioso, pero son cosas que no tienen nada que ver con la realidad de la Amazonía.

“Nadie ha hablado del Sínodo. Nadie. No se han enterado”.

A mí personalmente me han dado mucha luz, en medio de algunas de las polémicas que ha surgido en torno al Sínodo, unas palabras del Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos: «Temo que algunos occidentales estén utilizando esta asamblea para hacer avanzar sus planes. Pienso en particular en la ordenación de hombres casados, la creación de ministerios femeninos y la jurisdicción de los laicos. Estos puntos tocan la estructura de la Iglesia Universal. Aprovechar para introducir planes ideológicos sería una manipulación indigna, un engaño deshonesto y un insulto a Dios que guía a su Iglesia y le confía su plan de salvación. Además, me sorprendió y me indignó que la angustia espiritual de los pobres en el Amazonas se usara como una excusa para apoyar proyectos típicos del cristianismo burgués y mundano. Es abominable».

Yo, que llevo ya diez años en esta bendita tierra, primero en Madre de Dios, después en Moyobamba, lo que veo cada día es que la gente sencilla lo que está es sedienta de Dios, sedienta de la verdad. Cristo es la única Verdad. Serán pobres, pero no son tontos, y les gusta la verdad… Eso es lo que necesitan. Ese es su mayor anhelo.

En Europa el protagonismo se lo ha llevado ‘la Pachamama’, ¿Hasta qué punto tiene relación esa figura con la Amazonía? ¿Qué pensó usted al ver las imágenes de la extraña ceremonia de los jardines vaticanos donde se adoraba a una de esas figuras delante del Papa?

Recuerdo con emoción, antes de finalizar el Sínodo, el momento en el que se difundió el vídeo de unos jóvenes que entraron en la iglesia de los carmelitas, cerca del Vaticano, donde estaban expuestas en un altar las estatuillas demoníacas, y las arrojaron al río Tíber… No puedo evitar pensar que mis niños del Hogar Nazaret, que quieren muchísimo a Jesús y a la Virgen María, se habrían sentido igual de mal que aquellos jóvenes, lo que seguramente les habría llevado a actuar de un modo parecido al de ellos.

“Puedo afirmar que vi por primera vez esos ídolos en las imágenes que nos llegaban desde Roma”.

Andrea Tornielli, director editorial del Vaticano, llamó a los que cometieron estos hechos «vándalos» y «nuevos iconoclastas». Decía que «no se trataba de idolatría, sino de un símbolo de fecundidad, de la tierra y la sacralidad de la vida».  Sus argumentos tan débiles y apoyados en conceptos tan limitados, mostraron la fragilidad de su argumentación y dejaron un sabor muy amargo. Puedo afirmar que vi por primera vez esos ídolos en las imágenes que nos llegaban desde Roma. Lloré al verlos en el corazón físico de nuestra Santa Madre Iglesia, encima de los santos restos de San Pedro y San Pablo. Me escandalizó y, como a mí, aquello escandalizó a millones de católicos en el mundo entero.

Pienso que, de alguna manera, se utilizó a los indígenas de la Selva del Amazonas para atacar la fe católica. Se utilizó a los últimos de la tierra, a los más pequeños, a los más débiles, para mostrar, además, una realidad distinta a la que vivimos aquí. Repito que yo no he visto a la Pachamama ni esos otros ídolos aquí y llevo ya diez años.

Los católicos de esta región con los que he hablado se sintieron mal al ver aquello, que no les representaba ni significaba nada para ellos. Sienten, como sentimos muchos, una necesidad de reparar el Corazón de Jesús. La única Reina del Amazonas es la Madre de Dios. Precisamente esta región del Amazonas lleva el nombre de «Madre de Dios» en honor a la Santísima Virgen María.

Para un cristiano —también, por supuesto, para un cristiano del Amazonas—, no hay otro Dios ni otro salvador que Jesucristo, el Hijo de Dios, nacido del seno virginal de María.

Durante las últimas semanas se ha puesto el foco en la próxima exhortación post-sinodal del Papa Francisco, que recogerá los frutos del sínodo. Hay muchas expectativas en esta exhortación. Algunos tienen la esperanza -que quedó reflejada en el documento final del Sínodo- de que el Papa permita la ordenación de personas casadas por exigencias pastorales especiales en esas regiones. ¿Qué le parecería a usted esa medida? ¿En su experiencia ahí ve necesario tomar esa decisión? ¿No sería aplicable ese argumento a otros lugares del mundo con falta de sacerdotes?

Creo que la Amazonía, al igual que la Iglesia de todo el mundo, necesita sacerdotes santos y doctos, humildes y alegres. Contaba la Madre Teresa de Calcuta que, en una ocasión, hablando con un sacerdote, le dijo él: «Madre, para mí Jesús lo es todo. No me queda tiempo ni espacio para otros afectos». Y la Madre Teresa comprendió que, si aquel sacerdote llevaba tantas almas a Dios, era porque estaba unido a Él.

“Pienso que hoy, más que nunca, en la Amazonía y en cualquier otro lugar del mundo, lo que se necesita no es la ordenación de personas casadas, sino sacerdotes enamorados de Cristo”

Esa es la labor del sacerdote: ser testigo del amor misericordioso e incondicional de Jesucristo y llevar a las almas a Dios. Y todo eso después de años de estudio, oración y discernimiento, tras los que es ordenado para dar gloria a Dios y servir a los demás.

El sacerdote es santificador del pueblo de Dios. Santificador por los sacramentos que administra, sobre todo, el Bautismo, la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación. El Santo Cura de Ars, patrono de los sacerdotes, decía algo que puede resultar impactante porque las palabras que emplea son fuertes, pero que contiene una gran verdad: «Tras Dios, ¡el sacerdote lo es todo! Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias. Cuando se quiere destruir la religión, se comienza por atacar al sacerdote, porque allí donde no hay sacerdote, no hay sacrificio, y donde no hay sacrificio, no hay religión».

Pienso que hoy, más que nunca, en la Amazonía y en cualquier otro lugar del mundo, lo que se necesita no es la ordenación de personas casadas, sino sacerdotes enamorados de Cristo, con un corazón indiviso que no deseen compartir con nadie más que con Él.

Dios elige a sus sacerdotes, que se consagran a Él en una vida plena, en un fiat sin condiciones. Cristo fue célibe y nos pide a los sacerdotes que nos desposemos con Él y le entreguemos el don de nuestra virginidad, al igual que Él quiso entregarlo al Padre por amor a nosotros. ¡Es una maravilla!

Monseñor Rafael Escudero, que ha sido Padre Sinodal en el Sínodo de la Amazonía, quiso advertir de los peligros que podría suponer ordenar a los viri probati: «Los hombres ancianos casados ordenados supondrían una especie de sacerdocio de segunda categoría y se reduciría la identidad del sacerdote católico a una mera funcionalidad sacramental. El sacerdote, de ser pastor de la comunidad, fuente de consejo, maestro de vida cristiana, presencia cercana de Cristo, pasaría a ser un mero funcionario de Misa».

Pienso que esos peligros de los que advierte Monseñor Escudero son reales. La misión encomendada por Cristo al sacerdote es tan grande —y cito de nuevo al Cura de Ars—, que «si él se percatara de ello, moriría. Dios le obedece: dice dos palabras y Nuestro Señor desciende del cielo. ¡No se comprenderá la dicha que hay en decir la Misa más que en el cielo!». Estas palabras tan bellas las hemos leído y meditado cientos de veces todos los sacerdotes. Dios ha confiado tanto en nosotros que se ha puesto en nuestras humildes manos. No podemos fallarle. No podemos rebajar nuestro ministerio ni dividirlo en sacerdotes de primera y segunda categoría. Dios se lo merece todo.

Uno de los asuntos que más peso conllevó en el sínodo de octubre fue la ecología, ¿cómo ve usted ese problema? ¿Lo considera prioritario? ¿Cuáles le parecen que deberían ser las prioridades para la Iglesia en la Amazonía?

Voy a contestar a la primera pregunta desde mi realidad. Yo a mis niños del Hogar Nazaret les he enseñado a respetar las plantas. La exuberancia en la selva es impresionante. La naturaleza es tan bella que nos habla de Dios y hay que respetarla. Por eso, cuidar nuestra casa común es importante.

Pero aquí en la Amazonía, junto a una tremenda depredación de la naturaleza, se da una depredación del ser humano. Se trafica con personas, se llega al extremo de considerar que el otro es una cosa, que la mujer es una posesión del varón… Por eso, a mí me hubiera gustado que en el Sínodo se hubieran planteado este tipo de cuestiones y se hubiera hablado, entre otras cosas, de la dignidad de la mujer, de la dignidad de las madres y de cómo solucionar muchos de sus problemas. Me parece un tema prioritario.

“A mí me hubiera gustado que en el Sínodo se hubiera hablado, entre otras cosas, de la dignidad de la mujer”.

Antes he citado a la Madre Teresa, que es una de las grandes de la historia de la humanidad, y que tiene mucho que ver con la historia del Hogar Nazaret. Ella insistía mucho en la defensa de los niños no nacidos. Decía que sucedió algo fuera de lo común cuando la Virgen María visitó a su prima Isabel y el niño aún no nacido saltó de gozo ante la presencia de Jesús. «Es muy extraño que Dios usase a un niño no nacido para proclamar la venida de Cristo. Sabemos las cosas que le están sucediendo a los niños no nacidos. ¡Cómo sus propias madres terminan con su vida! El aborto se ha vuelto hoy el más grande destructor de la paz, del amor, de la verdad. Los niños que aún no han nacido son los más pobres entre los pobres. ¡Están tan cerca de Dios! Yo siempre les suplico a los médicos de los hospitales de la India que no maten jamás a un niño. Si nadie lo quiere, me lo quedaré yo».

A mí estas palabras de la Madre Teresa me mueven a actuar. Aquí se engaña a muchas mujeres. Con demasiada frecuencia me encuentro a chicas aterradas de miedo porque piensan que tienen que abortar. El crimen del aborto es terrible y estamos luchando siempre por sacar adelante el Hogar de los Niños por Nacer, a pesar de la falta de medios económicos y humanos para ayudar a estas jóvenes a tener a sus hijos, y recuperar la alegría por medio del amor. Ninguna de ellas se ha arrepentido de haber traído a su hijo al mundo.

Otro tema que considero primordial es hacer una apuesta clara y firme por la verdad. Por la verdad en la moral, por la verdad en la revelación de Dios (sin edulcorantes), por la verdad en los grandes debates que se están abriendo, para afrontarlos con valentía. Me refiero, por ejemplo, a la ideología de género, al valor de la vida humana antes de su concepción y hasta el final de sus días, etc.

“Otro tema que considero primordial es hacer una apuesta clara y firme por la verdad. Por la verdad en la moral, por la verdad en la revelación de Dios (sin edulcorantes)”

A la vez, y junto a estos grandes temas, es fundamental buscar medios sobrenaturales, como la oración, la santa Misa, la adoración, el encuentro personal con Cristo Vivo en la Eucaristía, la devoción a la Virgen María… Yo creo que eso es lo que tenemos que hacer, aquí en la Amazonía y en el resto del mundo, porque la Iglesia es universal.

Por último, me gustaría dar voz a los pobres. Que no nos olvidemos de los más necesitados. Las personas del Amazonas, precisamente porque son los más pobres, se merecen lo mejor. Se merecen sacerdotes totalmente entregados a su ministerio, que se hagan uno con Cristo, que su corazón sea indiviso. Eso es lo que yo creo que se necesita. No porque haya necesidad de sacerdotes voy a buscar sacerdotes de segunda… Además, se necesita una formación. Aquí la formación de los sacerdotes dura un mínimo de diez años, mucho más que en España. En mi Prelatura se está haciendo un inmenso esfuerzo por el Seminario. Creo que es una buena apuesta. Eso requiere formar sacerdotes nativos, y para eso se necesitan muchos años, muchísimo esfuerzo, muchísimo sacrificio, muchísimo dinero y muchísima oración. Y todo eso es lo que se está haciendo en Moyobamba, aquí, en el Amazonas, gracias a Dios y a la entrega generosa de muchas personas.

https://infovaticana.com/2020/02/07/de-alguna-manera-se-utilizo-a-los-indigenas-de-la-selva-del-amazonas-para-atacar-la-fe-catolica/

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