¿Salir de las sacristías?

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Pbro. José Luis Aberasturi               InfoCatólica            4 6 2020

Es una expresión, junto a otras del mismo cuño -iglesia en salida, salir a la calle, dejar de mirarse a sí misma, ir hacia fuera-, que aunque podría parecer que está en línea con el mandato de Jesús: id por todo el mundo, predicad el Evangelio… no es oro todo lo que reluce, la verdad.

Antes, en y tras el CV II se acusó a la Iglesia -a grandes voces- de estar encerrada en sí misma. Incluso hoy se oyen estas “rajadas” que, si nunca correspondían con la realidad, hoy menos aún: más fuera de si misma no puede estar: está enajenada y fuera de sí. A veces, al intentar mirar a la Iglesia, da incluso la impresión de que no se la ve por ningún lado. ¿Exageración…?

Son voces que solo sirven para alimentar esa (im)postura de la “salida”, que es la que le interesa al Enemigo. Máxime, cuando no se sabe ni hacia dónde, ni por qué, ni para qué…, o sí, pero sin decirlo abiertamente: las “nebulosas” siempre le sirven al mismo Enemigo. En el fondo, la Iglesia solo tiene uno: Satanás y sus acólitos, que los tiene; y enfervorizados muchos de ellos.

Todo viene a propósito de apartar y sacar a la Iglesia de su lugar propio: Jesucristo. De este modo, se pretende romper -de hecho, en amplios sectores eclesiales, ya se ha roto- su vínculo con el Señor, y lo que es y representa: tanto el Señor como la Iglesia.

“Salir de las sacristías”. Vamos a meternos por ahí, que me da que hay cosas que aclarar y profundizar.

De entrada, la Iglesia Católica NUNCA ha estado encerrada, ni ha vivido así. Ha habido épocas en las que ha tenido que vivir escondida, sí, por perseguida. Pero no ha habido poder en el mundo que haya podido encerrarla: lo más parecido ha sido lo montado por el marxismo y la masonería, sus acólitos más los “tontos útiles”, que abundan, han abundado y abundarán: es condición INhumana. Y nunca lo han conseguido. Un “misterio” más, que aclara perfectamente lo que la Iglesia es.

La Iglesia Católica siempre ha vivido con las puertas y las ventanas bien abiertas: de entrada, para poder respirar mejor; y también porque está enamorada de la Luz: empezando por la Luz Divina cuyo recuerdo perenne es la luz natural. Los “cenáculos” oscuros y oscurantistas y los “contubernios de sacristía” ni son eclesiales ni siquiera católicos: de hecho ya estábamos advertidos, por el mismo Señor a ese respecto.

Pero es que la Iglesia siempre ha tenido los pies ligeros y andarines: siempre “le ha tirado” la calle, los horizontes abiertos: ¡si se le ha quedado pequeño hasta el mundo! Y lo ha llenado todo…, como le había encargado Jesús.

Porque siempre ha sido fiel al mandato de Cristo: Id por todo el mundo… La Iglesia -y en Ella y con Ella, los santos-, nunca se ha casado de caminar: el mundo es de Ella y para Ella: para salvarlo y llevarlo a Dios.

¿Entonces, lo de “salir de las sacristías”, a qué viene? Viene a “sembrar cizaña”, lo propio del “Enemigo del hombre” –inimicus hominis fecit hoc-, por/de todos los puntos cardinales. Y, a mi parecer, ninguno bueno.

En primer lugar, y en línea con el “diálogo con el mundo”, había que “sacar” a los sacerdotes de su sitio. O sea: descolocarlos. Y, si quedaban indefensos ante el mundo, pues de ese modo, ni sabían de dónde venían, ni para qué estaban, ni lo que eran…, tanto mejor: lo de “ser Cristo para los demás”, para todos estos sabihondos y “entendidos” de turno y nómina, se les había quedado pequeño; aparte el atractivo que el mundo y sus máximas tiene de suyo. Y tira, por supuesto. 

En consecuencia, y como primera provisión, había que “vaciar de contenido” primero, y luego por y para lo mismo, “de espiritualidad” la vida del sacerdote. Y esto ya desde los mismos seminarios, para que no supiesen siquiera ni a dónde ni a Quién mirar. “Como un pulpo en un garaje”: pues eso exactamente.

“¿Administrador de los misterios de  Dios?”, “¿Ordenados para la eucaristía?”, “¿Perdonar los pecados?: ¿qué pecados?”, “¿Actuar in persona Christi capitis?”: habrá que saber traducirlo antes, ¿no?”, “¿Encarnar a Cristo?”, “¿Ser Cristo presente, para convertir y salvar almas yendo por todo el mundo?”… Antiguallas, pasadas no ya de moda, sino que no interesaban ya a las gentes… ni a la parte importante de la misma Iglesia. Así lo interpretaban, y así lo han impuesto. Y con éxito, en tantísimos sitios.

Basta oír hablar a algunos cardenales -ni más ni menos que cardenales; pero igual pasa con obispos y sacerdotes-, para tener la absoluta certeza: lo que dicen es lo que se ha sembrado en ellos mismos, tal cual. Porque ex abundantia cordis, os loquitur.

Para más revolver las cosas, había que minar el “celibato sacerdotal”: no solo antigualla, sino rémora, fuente de problemas personales y colectivos, un sinsentido, mera disciplina eclesial, absurdo e inhumano, etc. A estos intentos, más viejos que Matusalén, el papa Juan XXIII los catalogaba de delirio.

Por supuesto, no contentos con esto, y para seguir sembrando porquería, había que sacar a relucir lo de las “nenas”: diaconisas, sacerdotas, obispas, cardenalas y, ¿por qué no? papisas… ¡Qué se les iba a poner por delante a toda esta tropa!

El efecto inmediato: se vaciaron los seminarios. Lógico: ¿quién se hace sacerdote para no casarse, para no llegar ni a mileurista, para estar al arbitrio de terceros como en ninguna empresa que se precie, y convertirse en mero funcionario y/o animador socio-cultural…? Más montar lo de cáritas, claro. Y encima sin rezar, por resumirlo y decirlo de alguna manera: ¡eso es un aburrimiento mortal! ¡No mola!

Y los ya sacerdotes -y aunque sea innegable la fidelidad y el servicio ministerial de tantos y tantos: la inmensa mayoría de ellos-, se torcieron muchos: dejaron su sacerdocio, unos; se metieron por caminos mundanos, otros; pretendieron compaginar lo incompaginable, los de más allá…, y algunos, muy pocos, acabaron como han acabado… Todo está a la vista de todos.

Y quien dice de los sacerdotes, dice de los religiosos; de los colegios “católicos”; de las catequesis; de meter al sacerdote en más y más cosas, muy poco sacerdotales en sí mismas; de entrar al trapo de todos los mantras culturales, psicológicos y sociológicos; y hacer de todo… menos de sacerdote.

El caso era -y es- sacar a la Iglesia de su sitio. Y lo han conseguido en amplias franjas del mundo eclesial.

Vistos los resultados -la plaza de san Pedro, el Domingo de Pentecostés (31-V-2020), era pura desolación-, ya se comprende que todo lo que sea que la Iglesia se salga de su sitio, se embelese con lo que no debe, atienda y se dedique a lo que no es para Ella… es un desatino, a más de un suicidio anunciado y programado. “La muerte pelá”: como se ve día sí y día también.

Y hay que hacer exactamente lo contrario: rectificar, que es algo perfectamente católico. Vamos, de lo más católico: se llama conversión.

Me voy a centrar en los sacerdotes, pero vale para todas los demás alturas y horizontes.

Al sacerdote hay que devolverle su verdadera e insigne identidadsacerdos, alter Christus! Lo mismo que a la Iglesia y sus instituciones, o a los religiosos, etc. Y reconstruir desde ahí, desde la piedra angular, que es Cristo. Y estar “orgulloso” de ello, y de nada más. Porque, El Señor es el lote de mi heredad.

Y en esta línea, hacer que se dedique a lo que debe: hablar únicamente de Dios, y acercar a todos a Dios. Al trabajo verdaderamente sacerdotal. Y, todo lo demás, cuando eso pretenda comerse su ser sacerdote, delegarlo.

Ahora sí, esto sí: a imitación de los Apóstoles que dejan el servicio a las mesas a los diáconos. Para ellos “dedicarse a la oración (personal), y a la predicación de la Palabra de Dios. Siempre, por supuesto, dentro de la Iglesia, intentando ser de sus mejores hijos.

Volver a la piedad sacerdotal, a la frecuencia de Sacramentos, al rezo de la Horas, a los afanes de Santidad personal, a encenderse y encender a todos en el afán de almas, a ser doctos; pero, sobre todo, a ser normales, sacerdotalmente hablando. Desde el mismo vestir.

Es que si no, acaba saliendo un cardenal -como ha salido: que yo nunca me invento nada-, diciendo que “Cristo dijo tomad y comed, y no `abrid la boca´“. ¡Un genio de la exégesis este chico: y recién “horneada”!

¿No debería ser el próximo papa? Méritos está haciendo, ¿no? Quizá los de Sankt Gallen se lo estén pensado ya… si es que para entonces queda alguno para coger el móvil.

¿Salir de las sacristías? ¿No sería mejor que se salieron ellos de la Iglesia y dejasen la cizaña? Debe ser muy poco gratificante sembrar cosas que ni se comen, enredar almas e instituciones, matar la inocencia, hacer el papel del Enemigo.

¿No es sería más provechoso dedicarse mejor a convertirse, volver al Señor, volver a empezar, e intentar salvar su conciencia y sus vidas? Eternas, por supuesto. Vamos a rezar por todo esto, que es rezar directamente por la Iglesia.

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