Sacerdote cubano denuncia sistema ‘totalitario’ que impera en Cuba

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El sistema político en Cuba, herencia de la desaparecida Unión Soviética, es profundamente monstruoso e inhumano. El totalitarismo caribeño ha convertido a cada cubano en un verdugo y a la vez en una víctima, y la única forma de escapar del círculo vicioso de la mentira y el miedo, base del sistema, es intentando vivir en la verdad. Esta es una de las conclusiones del nuevo libro Resistencia y sumisión en Cuba, del sacerdote José Conrado Rodríguez, que este miércoles se presentará en la Ermita de la Caridad del Cobre en Miami.

Con prólogo de Carlos Alberto Montaner, Ediciones Universal presenta este texto que se suma al recientemente publicado Sueños y pesadillas de un cura en Cuba. Se trata de un análisis del totalitarismo comunista visto desde cuatro autores de la periferia del imperio soviético: el polaco Czeslaw Milosz, el rumano Constantin Noica, el checo Vaclav Havel y el cubano Eliseo Alberto de Diego García Marruz.

“La fuerza liberadora de la verdad entendida como estilo de vida, como propósito de búsqueda, y como fidelidad a lo que somos tiene una dimensión íntima y está referida al conocimiento de nosotros mismos”, explicó Rodríguez.

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La disidencia, para el autor y sacerdote, está en íntima conexión con la verdad, porque solo desde una vida coherente, que rompa con los ritos sociales del sistema, como repetir consignas en las que nadie cree, puede impulsar un verdadero cambio.

Los cuatro autores en los que basó su reflexión el padre José Conrado Rodríguez padecieron el sistema comunista. Milosz (1911-2004), premio Nobel de Literatura en 1980, analiza en su obra La Mente Cautiva el proceso de asimilación del totalitarismo por parte de los intelectuales. El filólogo Constantin Noica (1909-1987), en su caso, fue condenado a 25 años de cárcel por el régimen estalinista de Ceaucescu en Rumanía. En su ensayo Rezad por el Hermano Alejandro, publicado póstumamente en 1991, deja claro que solo una vida en la verdad y en la compasión puede exorcizar el totalitarismo.

De Vaclav Havel (1936-2011), activista y, posteriormente, presidente de su país, Rodríguez tomó El poder de los sin poder, un análisis de lo que él llamó “sociedades post totalitarias”, donde la dictadura va de la mano con la ideología, que se convierte en una especie de religión secular. Finalmente, de su compatriota Eliseo Alberto de Diego toma Informe contra mí mismo, un crudo relato del poder en Cuba.

En una sociedad como la cubana, la manipulación y la mentira son la base del sistema, dijo Rodríguez parafraseando a Vaclav Havel. Alejados ya del caudillo y de las primeras etapas en las que el terror llenó las cárceles de presos políticos y derribó cada una de las instituciones democráticas, el poder no necesita que la sociedad se aglutine.

Si bien antes el sistema intentaba crear un sentimiento de masa y exacerbar el “espíritu de lucha” contra un enemigo que ataca, en la sociedad postotalitaria se busca que la población acepte el statu quo. El sistema tratará de mostrar la “legalidad socialista” como una manera de legitimarse a sí mismo. “La función de la ideología es llenar el abismo entre los planes del sistema y los planes de la vida, dando a entender que las intenciones del sistema derivan de las necesidades de la vida. Lo que no es cierto, pero funciona como si lo fuera”, afirmó Rodríguez.

La legalidad es una de las principales armas con las que cuenta el sistema para defenderse. Laritza Diversent, una abogada independiente que se exilió en Estados Unidos, ha hecho un recuento de al menos 400 leyes en el código penal cubano que pueden utilizarse contra el movimiento opositor.

En una sociedad postotalitaria como la cubana, todo está limitado, controlado, bien sujeto al aparato estatal, escribió Rodríguez. El sacerdote aprovecha el ejemplo de Havel del cuentapropista que pone un cartel de eslogan político y lo cuelga en su vidriera. Él no lo ha leído, las personas que pasarán por su negocio tampoco lo leerán. Incluso, puede que el cuentapropista ni siquiera esté de acuerdo con el contenido del eslogan (de esos tantos que abundan junto a los comercios cubanos). Pero al colocarlo ha cumplido con el “rito social”, se ha inmunizado contra la sospecha de ser desleal al sistema.

Quizás el ejemplo de crueldad más dramático que presenta el libro es el de Eliseo Alberto de Diego García Marruz, obligado a espiar a su propio padre, el poeta cubano Eliseo Diego. “Estamos en guerra contra el imperialismo yanki, teniente”, le dijeron mientras prestaba servicio en el ejército cubano. “La Agencia Central de Inteligencia posee una exorbitante tienda de disfraces para enmascarar espías. No podemos bajar la guardia”, relató el autor en su Informe contra mí mismo.

Ante las objeciones tímidas de Diego García Marruz, le entregaron un informe con los archivos de la Seguridad del Estado sobre su familia. Antiguos condiscípulos, vecinos del barrio, hasta exiliados de Miami que visitaron su casa habían entregado informes a la todopoderosa Seguridad cubana.

“Unos contra otros, unos sobre otros, muchos cubanos nos vimos entrampados en una red de desconfianza”, escribió Rodríguez.

“¿Cómo es posible que los rusos y los rumanos, los checos y los polacos, los cubanos y los chinos fueran víctimas del mismo engranaje demoledor? Víctimas y verdugos: en eso hemos sido transformados. Somos las víctimas y los instrumentos del sistema”, concluyó.

https://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article218676465.html

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