Robert Spaemann, el último gran filósofo católico

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Era el filósofo más cercano a Benedicto XVI, su amigo y coetáneo. Falleció el 10 de diciembre a los 91 años, a la luz del tiempo de Adviento.

Pocas líneas más abajo extractamos un perfil elaborado por uno de sus discípulos más fieles, Sergio Belardinelli, profesor de Sociología de los Procesos Culturales en la Universidad de Boloña y coordinador científico del “Proyecto Cultural” de la Conferencia Episcopal Italiana, en los años de presidencia del cardenal Camillo Ruini.

Pero hay que destacar que Spaemann era filósofo, aunque también hombre de Iglesia, católico íntegro, muy severo con las derivaciones del actual pontificado, especialmente después de la publicación de “Amoris laetitia”.

En sus últimas intervenciones públicas relampaguean estos juicios sobre el tiempo presente de la Iglesia:

“El papa Francisco no ama la claridad unívoca. Su respuesta es tan ambigua que cada uno puede interpretarlo, y lo interpreta, a favor de la propia opinión. Sólo quiere “hacer propuestas”. Pero contradecir las propuestas no está prohibido. A mí me parece que se lo debe contradecir enérgicamente”.

“Al papa Francisco le gusta equiparar a quien es crítico con su política con los que ‘se han sentado en la cátedra de Moisés’. Pero de este modo el golpe vuelve hacia quien lo ha arrojado. Eran precisamente los escribas los que defendían el divorcio y derivaban reglas sobre éste. Los discípulos de Jesús, por el contrario, estaban desconcertados por la severa prohibición del divorcio por parte del Maestro”.

“En la Iglesia crecen la incertidumbre, la inseguridad y la confusión: desde las conferencias episcopales hasta el último párroco en la jungla”.

“El caos ha sido instituido en principio con un golpe de pluma. El Papa habría debido saber que con un paso así divide a la Iglesia y la lleva hacia un cisma. Este cisma no residiría en la periferia, sino en el corazón mismo de la Iglesia”.

Dos de sus entrevistas tomadas por Settimo Cielo:

> Spaemann: “Anche nella Chiesa c’è un limite di sopportabilità”

> Spaemann: “È il caos eretto a principio con un tratto di penna”

Éste es el perfil de Spaemann que su discípulo Belardinelli publicó el 12 de diciembre en el diario “Il Foglio”.

 

Un verdadero maestro que obligaba a pensar

por Sergio Belardinelli

Con Robert Spaemann se va un verdadero maestro, uno de los pocos todavía en circulación. Por eso el luto es todavía más grande.

Pensador católico, discípulo de Joachim Ritter, Spaemann consideraba la fiosofía como un verdadero ejercicio de “ingenuidad institucionalizada”. En un mundo complejo, repetía con frecuencia, ¿qué otra cosa debe hacer un filósofo si no decir en voz alta lo que está a la vista de todos y que nadie dice? Por esto parangonaba al filósofo con la niña de la célebre fábula de Andersen. Es natural entonces que algún poderoso se haya resentido.

Su reflexión ha girado sustancialmente en torno a dos órdenes de problemas.

El primero se refiere a la conciencia moderna, a su grandeza, pero también a sus límites y su crisis;

El segundo se refiere a la reposición de la teleología y del derecho natural, en consecuencia del concepto de persona, como criterios a la luz de las cuales se deberían afrontar los temas más ardientes de la ética y de la política contemporánea: los problemas ecológicos, los problemas bioéticos, los de la educación y los referidos a la salvaguarda del Estado de derecho en una sociedad cada vez más funcionalizada, sólo para citar algunos temas, ciertamente centrales en muchas de sus obras.

Su confrontación con los clásicos del pensamiento moderno y contemporáneo, desde Descartes a Kant, desde Rousseau a Marx, desde Hobbes a los iluministas escoceses, hasta Nietzsche, Habermas o Luhmann, siguió siempre más o menos el mismo esquema:

– en primer lugar una confrontación crítica, dirigida a penetrar su pensamiento que una y otra vez estaba en el centro de su atención, mostrando la importancia, pero también las dificultades y los límites;

– posteriormente la confrontación se convertía, por así decir, en constructiva y, gracias sobre todo a la ayuda de los clásicos más antiguos, en particular Platón y Aristóteles, pero también san Agustín y santo Tomás de Aquino, señalaba cómo ciertas dificultades podían ser superadas y al mismo tiempo valorizadas.

Diría que ha sido éste el estilo inconfundible de Robert Spaemann.

Que se hablara de racionalidad del obrar, de la racionalidad del poder, de Dios, de justicia, del sentido de la educación o de la necesaria salvaguarda de la naturaleza y de la naturaleza humana, Spaemann impactaba siempre por la claridad y la profundidad de sus argumentaciones, por la capacidad de hacerse guiar por la cosa misma con una libertad y una radicalidad de pensamiento verdaderamente impresionantes, sorprendentes, directamente inquietantes.

El suyo era un estilo que inspiraba confianza y obligaba a pensar, permaneciendo durante años – al menos para mí – como fuente de inspiración inagotable.

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