Organización católica brasileña dice que el Vaticano hace parte de una operación de ingeniería social con base en el pánico

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José Antonio Ureta

Consintiendo en el cierre de las iglesias, el Vaticano contribuyó a aumentar el clima de pánico ante la epidemia del coronavírus. Y con sus reiterados llamados en favor de la ecología integral y de un nuevo modelo de globalización, más allá de su apoyo a los llamados “movimientos populares” de América Latina, el Papa Francisco está dando un respaldo espiritual a la mayor operación de ingeniería social de la historia. Esas son las principales denuncias que hace a la cúpula suprema de la Iglesia Católica un documentado estudio recientemente publicado por el Instituto Plinio Corrêa de Oliveira en su sitio Internet.

La organización, que forma parte del movimiento Tradición Familia Propiedad, afirma que los grandes beneficiarios de la crisis generada por la epidemia iniciada en Wuhan están siendo el régimen comunista de China, los ecologistas radicales, los promotores del gobierno mundial y los sectores de la ultraizquierda. Una ventana de oportunidad se abrió para esos cuatro actores que buscan impulsar un “mundo nuevo” según sus principios ideológicos.

Según la entidad, el pánico consiguió en Europa y otros lugares una actitud sumisa de las poblaciones ante las severas restricciones a la libertad impuestas por las autoridades a cerca de 2/3 de la población mundial, así como una aceptación previa, según las encuestas, de los planos de control estatal a través de aplicativos en los celulares como condición para salir de aquello que la directora del FMI llamó de “Gran Confinamiento”.

“Cómo es posible entender – pregunta el documento – que las masas de Occidente, embriagadas hasta tres meses atrás con los valores de emancipación, autonomía e individualismo, acepten la perspectiva de un control en estilo chino de sus vidas, con la pasividad de corderos rumbo al matadero?” La reacción natural de ellas debería haber sido la del filósofo agnóstico francés André Conte-Sponville: “Prefiero sufrir la Covid-19 en un país libre, a escapar de él en un Estado totalitario!”

Por el contrario, los sondeos muestran un aumento de popularidad de los gobiernos que impusieron las restricciones y planean el control reforzado de las personas, ofreciendo en cambio abrir las llaves del financiamiento público para las ayudas estatales.

Se trataría, afirma el Instituto Plinio Correa de Oliveira, de una versión planetaria del Síndrome de Estocolmo, por la cual la víctima de un secuestro desarrolla una relación de complicidad y fuerte vínculo afectivo con su captor. Un fenómeno psicológico tal vez acompañado de una infestación preternatural colectiva, en el estilo de aquella descrita por Mons. León Cristiani en su libro La presencia de Satanás en el mundo moderno.

En su aspecto natural, esa inédita operación de manipulación mental en escala mundial parece obedecer a las tácticas denunciadas por Plinio Correa de Oliveira, hace más de medio siglo, en su ensayo Transbordo Ideológico Inadvertido y Diálogo y en especial el empleo del “binomio miedo-simpatía”.

Aplicando las enseñanzas del intelectual brasileño a la actual operación de transbordo ideológico, tendríamos ahora de un lado el pavor causado por la Covid-19 y de otro la aspiración de romántica de volver a un mundo más “respetuoso de la naturaleza”, más “abierto” y “solidario”, en el cual los patrones de lujo “burgués” de las sociedades industrializadas cederían lugar a la simplicidad y a la frugalidad de vida exaltada por los “verdes”.

En último término, el transbordo ideológico debería obtener de la población, no sólo su resignación ante el “decrecimiento” económico, como si éste fuese una fatalidad, sino una aceptación profunda, considerando el nuevo estilo de vida como un perfeccionamiento espiritual. Es en ese contexto que la voz del Papa Francisco puede ser un aliado poderoso para el éxito de la operación, con declaraciones al estilo de “no sé si esas [catástrofes como el coronavírus] son venganzas de la naturaleza, pero ciertamente son respuestas de la naturaleza”, o “creo que tenemos que disminuir nuestro ritmo de producción como puede decirse de la contribución del Vaticano para la agenda de aquellos que quieren aprovechar la crisis del coronavírus para hacer avanzar la agenda del gobierno mundial.

El documento del IPCO transcribe una declaración hecha en 2009 por Jacques Attali, consejero de todos los presidentes franceses en los últimos 40 años, en el sentido de que “la humanidad no evoluciona significativamente sino cuando ella tiene verdaderamente miedo”, por lo que las epidemias ayudan para llegar “mucho más rápido” a echar las bases “de un verdadero gobierno mundial”. O sea, aquello que Gordon Brown sugirió hace poco: una forma que dure algún tiempo de gobierno global para encarar las actuales crises gemelas – médica y económica.

De modo más moderado, es lo que hace también una declaración conjunta de las Academias Pontificias de Ciencias y de Ciencias Sociales, cuyo principal animador es el Obispo Marcelo Sánchez Sorondo, un argentino muy próximo del Pontífice: “Problemas globales como las pandemias – afirma la declaración – o las crisis menos visibles del cambio climático y de la pérdida de biodiversidad, exigen respuestas cooperativas”, insistiendo en que “las crisis globales exigen una acción colectiva”.

Los grandes promotores de un nuevo orden mundial bajo la égide de la ONU no tendrían ninguna dificultad en subscribir esa declaración de las dos Academias vaticanas, la cual no incluyó ni una vez siquiera el nombre de Dios!

“Quiero decirte que estoy a la disposición para dar una mano siempre. Cuenta conmigo” fue el desconcertante mensaje manuscrito del Papa Francisco a uno de los líderes italianos de la ultraizquierda, Luca Casarini, divulgado casi simultáneamente, el día de Pascua, con otro mensaje que el Pontífice envió a los llamados movimientos sociales populares, en el que  afirmó que “tal vez haya llegado el tiempo de pensar en un salario universal”, una idea-farol de la izquierda radical (declaración saludada con entusiasmo por Pablo Iglesias, el líder de Podemos y vice-presidente de España, que sugirió aprovechar el coronavírus para nacionalizar todas las compañías eléctricas y de comunicaciones, los hoteles y las clínicas privadas).

“Si la lucha contra el Covid es una guerra”, agregó Francisco dirigiéndose a los movimientos que predican la lucha de clases y las invasiones ilegales de tierras e inmuebles urbanos, “ustedes son un verdadero ejército invisible, que lucha en las más peligrosas trincheras”.

A su vez, con una lenguaje vecino al de los partidos verdes y de la izquierda alternativa, el cardenal Turkson, presidente del Consejo Pontificio para el Desarrollo Humano Integral, explicó que “habitar la Tierra como Casa Común requiere mucho más: requiere la solidariedad en el acceso a los bienes de la creación como ‘bien común’, y solidariedad en la aplicación de los frutos de la investigación científica y de la tecnología para volver nuestra ‘Casa’ más sana y más vivible para todos”, al anunciar la instalación de un equipo de trabajo para preparar el post coronavírus.

Más allá de denunciar ese respaldo espiritual al “nuevo mundo” soñado por ecologistas, globalistas y la ultraizquierda, el Instituto Plinio Corrêa de Oliveira también responsabiliza al Vaticano por haber contribuido para aumentar el pánico que preparó el terreno para el lanzamiento de esa agenda revolucionaria. Las autoridades vaticanas y la jerarquía italiana fueron más allá de lo exigido por las autoridades civiles en la aplicación de las medidas restrictivas. La privación de los sacramentos y de la consolación espiritual proporcionada por la oración en el ambiente interno de una iglesia no podía sino aumentar la angustia ante la epidemia e, indirectamente, inducir al pánico, afirma el documento del IPCO. Y cuando las autoridades eclesiásticas italianas, presionadas por los fieles, finalmente osaron lamentarse de las medidas del gobierno, el Papa las ha desmentido clamorosamente”.

Mas los gobiernos dos países occidentales también son acusados de haber preparado el terreno para esa inmensa operación de ingeniería social al tomar decisiones drásticas de confinamiento, con enormes costos sociales y económicos, basándose apenas en modelos matemáticos construidos sobre dados inciertos. De hecho, la paralización brusca de las actividades económicas acarreará “una tragedia de proporciones bíblicas”, como previó Mario Draghi, ex-presidente do Banco Central Europeo en una columna e4n el diario Financial Times.

Uno de los aspectos no mencionados de esa tragedia es el efecto que la paralización económica va a tener en la extrema pobreza en las áreas menos desarrolladas del planeta, donde ella será incrementada de medio billón de habitantes, aniquilando los progresos hechos en las últimas tres décadas. David Beasly, Director Ejecutivo del PMA, en una entrevista al The Guardian, exclamó: “¡Dios mío, ésta es una tempestad perfecta! Estamos mirando para una expansión del hambre en proporciones bíblicas”.

En estos primeros meses de 2020 ya murieron diariamente de hambre 30.800 personas que vivían en la miseria. Duplicándose la extrema pobreza, necesariamente se duplicará el número de víctimas del hambre. O sea, de aquí a poco estarían muriendo cada día 60 mil personas subalimentadas. Ahora bien, esos 30 mil muertos diarios suplementarios representan casi 5 veces más que las víctimas del Covid-19 en el peor día de la pandemia, el 5 de abril, cuando fueron registrados 6.367 fallecimientos.

Otro absurdo fue que la OMS recomendase la suspensión por cierto tiempo de las campañas masivas de vacunación para evitar a difusión del Sars-Cov-2 por el contacto social que ellas ocasionan. El resultado es que millones de niños ya se vieron privados de sus vacunas de polio, sarampión, papiloma, fiebre amarilla, cólera y meningitis. Eso va a acarrear el descontrol de esas enfermedades contagiosas, con su secuela de deficiencias físicas y muertes.

Una parte ponderable de esas deficiencias y muertes habría sido evitada, aseguran los discípulos de Plinio Corrêa de Oliveira, si las autoridades, en lugar de oír únicamente a los ayatolás de la OMS y las tubas amplificadoras de los medios de comunicación, hubiesen escuchado la opinión de otros especialistas que sugerían medidas de confinamiento “vertical” o “inteligente”, o sea, la protección de la población de riesgo (los ancianos y portadores de enfermedades graves) y el confinamiento de los contaminados por el virus, después de la realización de millares de testes. Como afirmó el Wall Street Journal “ninguna sociedad puede preservar la salud pública por largo tiempo a costa de la salud económica”.

Menos aún una sociedad puede preservar la salud pública a costa de la salud espiritual y tanto menos si las autoridades religiosas contribuyen a su debilitamiento.

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