Obispo francés: “A medida que pasan los días, la sociedad es devorada por la dictadura”

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INFOVATICANA     VALEURS ACTUELLES   3 DE AGOSTO DE 2020

Mientras en la Asamblea nacional se debate el proyecto de ley bioética, los lobbies cientificistas y progresistas se preparan para la guerra. El obispo de Bayona, Mons. Marc Aillet, llama a “todos los hombres de buena voluntad” a abrir los ojos y sublevarse contra la “enorme ruptura antropológica” en una entrevista en la que habla sin tapujos.

El obispo de Bayona, Mons. Marc Aillet

En el momento en el que salimos de una crisis sanitaria y entramos en una crisis social y económica duradera, el gobierno decide relanzar el debate sobre bioética en pleno verano. ¿Qué piensa usted de esta decisión?

Cuando fue elegido, Emmanuel Macron dijo que debería haber un consenso real antes de plantear el proyecto de ley bioética. Cuando los Estados generales se reunieron para debatir la ley bioética, el 80% de las personas que contribuyeron a los debates regionales, o a través de la página web creada para este fin, se oponían a esta revisión de la ley bioética, sobre todo en la cuestión de la extensión de la PMA [procreación asistida, por sus siglas en francés] a todas las mujeres, incluidas las parejas de lesbianas.

Hoy en día, esta medida se presenta como el tema estrella aunque hay muchas otras cosas, muy peligrosas, en este saco. Por mi parte, me produce un gran asombro que el gobierno mantenga este debate dadas las prioridades, empezando por la reforma de la sanidad pública, el aumento exponencial del paro, el cierre de pequeñas empresas y la precarización de la sociedad. Esta situación será aún más visible después del tiempo de despreocupación veraniega. Por tanto, nos escandaliza el hecho de que la agenda se haya acelerado tanto debido a la presión ejercida por algunos lobbies sumamente poderosos en el mundo político y mediático.

En mi opinión, tienen tanto peso en el mundo que en Francia vivimos cotidianamente bajo su presión, aunque sean minoría. Es, por tanto, debido a la presión de sus reivindicaciones por lo que el gobierno ha decidido imponerse a la fuerza en un momento del año en el que los franceses tienen su mente en otra cosa. Pero no los diputados… Cuando la mayoría ha debatido sobre este proyecto de ley, solo había dos diputados del LREM en el hemiciclo. Está claro que el gobierno quiere hacer aprobar la ley a hurtadillas.

El verano ya está aquí. El sol, las vacaciones, la despreocupación… ¿No estamos asistiendo a una especie de pasividad e indiferencia general en relación al tema de la ley bioética? ¿No tiene usted la impresión de que la partida ya está cerrada?

Da la impresión de que el debate ya está cerrado. Incluso si el Senado y la oposición en la Asamblea consiguieran que se enmendaran ciertas propuestas, la comisión especial ha agravado este proyecto de ley. El gobierno se pasa el tiempo diciendo que no quiere cosas más graves como el método ROPA [doble maternidad] o la procreación asistida post-mortem. Entonces he reflexionado dos cosas: o bien quiere poner toda la carne en el asador para que todo se apruebe de golpe; o bien plantea estos temas como espantajos para impresionar a los diputados y hacer que la extensión de la procreación asistida se relativice, dado que el resto aparecería como algo más “soft“.

Da la sensación que todo está ya listo. Además, la mayor parte de los medios de comunicación se esfuerza por hacernos creer que todo esto es una prioridad para los franceses cuando, en realidad, una encuesta del Ifop del mes de junio concluyó que solo un 1% de los franceses la consideran tal.

Además de la extensión de la procreación asistida, ¿cuáles son los puntos sensibles de este proyecto de ley?

La Iglesia siempre se ha opuesto a la procreación asistida, y lo ha hecho mucho antes de que el gobierno quisiera hacerla extensible a las parejas de lesbianas. Cuando se habla de avances y progreso, se oculta que el índice de éxito de la procreación asistida es sumamente bajo, no supera el 14%. No solo. Es una odisea para las parejas que recurren a este método que, además, es un proceso que implica la destrucción de embriones. Toda procreación asistida conlleva la destrucción y la selección de embriones. Cuando cada proceso termina, hay una «reducción embrionaria», es decir, abortos.

Es un escándalo. Científicamente, un ser está vivo a partir de la primera célula fecundada. No hay un umbral entre la fecundación y la muerte que indique el inicio de una vida humana. Además, esta extensión de la procreación asistida será reembolsada al 100% por la sanidad pública sin que sea necesario aportar un certificado médico de diagnóstico de infertilidad, mientras que hay otras enfermedades que no tienen reembolso o éste es parcial, como es el caso de los tratamientos para el Alzheimer, por poner un ejemplo.

Los franceses deben saber que el presupuesto de la sanidad pública para la que cotizan podrá ser utilizado para la extensión de la procreación asistida. Los franceses cotizarán por un proceso que fabricará niños de manera intencionada, niños que estarán legalmente privados de padre. Y no debemos omitir otras cuestiones como la apertura a la investigación sobre los embriones transgénicos y quiméricos que supone la supresión de la frontera entre el hombre y el animal. O la generalización del diagnóstico genético preimplantacional para rastrear los embriones portadores de anomalías cromosómicas. Lo que se está poniendo en marcha es, ni más ni menos, que la eugenesia de Estado. Además, se liberalizará la manipulación de embriones que se convertirán, de nuevo, en cobayas de laboratorio.

¿Qué opina de la movilización contra este proyecto de ley? ¿Es una batalla perdida? Como hombre de Iglesia, ¿no debe dedicarse usted solo a la oración y el ayuno?

La Iglesia de Francia se ha movilizado mucho. Sin embargo, creo que deberíamos haber tenido una voz unida para tener una voz fuerte. Estaba previsto, pero hemos tardado mucho en ponerlo en marcha porque los temas que preocupaban a los franceses están muy alejados de la ley bioética: son la reforma de las pensiones, el Covid-19, el confinamiento, la reapertura de los lugares de culto, etc.

Sin embargo, los obispos, de manera personal y mediante las redes sociales, han sido firmes. Es importante transmitir un mensaje que despierte las conciencias. Aunque hayamos perdido una batalla, aún se puede ganar la guerra. Ya no creo en el diálogo cortés con los diputados, los científicos o el gobierno, como creíamos antes. De hecho, el diálogo no es de ida y vuelta, las personas no sienten el más mínimo interés por los argumentos razonables que nosotros planteamos.

La idea en favor de la vida desde la concepción natural es imparable. Las personas con las que hablamos hacen oídos sordos. Por lo tanto, el tiempo del diálogo se ha acabado. Hay que tener una palabra autorizada, una palabra firme que hable a la conciencia de los hombres y mujeres de buena voluntad. No será esto lo que haga que los diputados cambien de opinión, aunque los ciudadanos convencidos de nuestra diócesis intentarán convencerlos y ponerlos ante su responsabilidad.

Nos encaminamos hacia una enorme ruptura antropológica, un desafío a la civilización que ya no atañe solo a la vida diaria de las personas, sino al futuro de la humanidad. Dicho esto, creo mucho en la oración y el ayuno. Creo que todos necesitamos convertirnos porque la destrucción de la humanidad llega a gran velocidad y al final se volverá contra nosotros.

Acabo diciendo como el profeta Jonás, el único profeta que Dios envió a los paganos: 40 días más y Nínive será destruída. Es un símbolo, pero significa que la misión de la Iglesia es profética. No hay que tener miedo a no ser escuchados, porque el peligro no es éste. El peligro es hablar según los criterios de la audiencia. Si esta palabra es la de la Verdad, llegará a los corazones de quienes estén dispuestos a escucharla.

¿Deben los sacerdotes hacer discursos políticos en sus homilías?

No estoy diciendo esto. Se trata de política con P mayúscula: en otros términos, de la búsqueda del Bien común. Es una noción que va más allá de la política politiquera en la que estamos embarcados hoy en día. Respecto a esto, es evidente que la mayoría de los diputados del LREM votarán la ley por razones meramente electoralistas o vinculadas a las consignas del partido, sin ningún escrúpulo de orden ético.

Es, por tanto, necesario que los sacerdotes hagan oír su voz, situándola en el plano de la salvación. La Iglesia tiene un papel temporal pero también, y sobre todo, espiritual. Nuestro ideal es más elevado que el de la ciudad terrena, incluso si esta permite a los hombres buscar su fin sobrenatural.

Hoy, la extensión de la procreación asistida y el diagnóstico genético preimplantacional… Mañana, ¿qué será? ¿Debemos temer por la sociedad francesa y, por extensión, por toda la humanidad?

Se llegará a legislar sobre la maternidad subrogada [GPA, por sus siglas en francés], seguro. Nos dirigimos a gran velocidad a la manipulación del ser humano, y no solo del embrión. A medida que pasan los días, la sociedad es devorada por la dictadura. Lo hemos visto de manera muy evidente en el tratamiento preventivo del famoso coronavirus.

Hay en marcha una manipulación de las mentes gracias a la gestión por el miedo. Si bien no minimizo en absoluto los efectos de esta epidemia, creo que los 30.000 muertos en seis meses no deberían conllevar tal privación de las libertades individuales. Tenemos derecho a plantearnos preguntas.

Para la Iglesia, el primer principio no es el de la salud del cuerpo, sino la salvación de las almas. Esto debe llevarnos a anunciar aún más el Evangelio, a la conversión y a recordar que nuestro fin último no está en la tierra, sino en el Cielo. Lo que realmente deberíamos temer es la pérdida total de puntos de referencia, el que seamos tan individualistas que se tergiversen todas las relaciones humanas y que el desprecio por los más vulnerables y por quienes no forman parte del mejor de los mundos se propague por toda la sociedad.

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