Mons. Reig Pla: «La Iglesia no puede ofrecer lo que el mundo ofrece. Para eso no hacemos falta»

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El obispo de Alcalá de Henares (España) ha recordado hoy que la Iglesia no está para hacerse eco de lo que el mundo desea sino de lo que Dios manda. Eso fue lo que llevó al papa Pablo VI a promulgar la profética encíclica Humanae Vitae. Su no aceptación ha sumido a Occidente en un desierto demográfico.

Mons. Juan Antonio Reig Pla ha oficiado hoy la Misa en la Solemnidad de Santiago Apóstol, Patrono de España, que ha retransmitido TVE2. El obispo de Alcalá de Henares ha asegurado que «obedeciendo a Dios la Iglesia Católica en España no puede ofrecer simplemente lo que el mundo ofrece. Para eso no hacemos falta».

El prelado español ha indicado que aun «siendo legítima y necesaria la colaboración con las necesidades de los hombres, nuestros hermanos, lo específico de la Iglesia es anunciar la gracia de Dios, el perdón de los pecados, la salvación que nos alcanza por la oración y los sacramentos y, sobre todo, la vida eterna que nos ha merecido Jesucristo Nuestro Señor».

Don Juan Antonio ha comenzado su homilía refiriéndose a la celebración del Patrón de España, Santiago Apóstol: 

«Verdaderamente hoy, como en tiempos del apóstol, España necesita a Cristo y necesita la vigencia del cristianismo en el seno de la Iglesia Católica. Necesitamos a Cristo porque Él, con su gracia, garantiza la dignidad de la persona humana y le ofrece un sentido para vivir con esperanza.

Es Cristo quien nos garantiza también la bondad del matrimonio y el bien social de la familia que constituyen la base más sólida de nuestra sociedad y su futuro.

Cristo es el único que da respuesta a los interrogantes profundos del corazón humano. […] Siguiéndole a Él, nuestra vida no está abocada al fracaso sino a la felicidad eterna. Este es el destino final al que estamos llamados quienes hemos sido incorporados por el bautismo a su muerte y su resurrección.

La fe en Cristo es lo que ha alentado la unidad de nuestro pueblo y nos ha llevado con auténtico espíritu misionero a evangelizar, bajo la guía del apóstol Santiago, los pueblos de Hispanoamérica, Filipinas y pueblos de Oceanía y África.

Para mantener viva esta fe, en nuestro pueblo, necesitamos escuchar y poner en práctica la Palabra de Dios que hemos proclamado y que podemos sintetizar en estos tres puntos.

En primer lugar, el testimonio de los apóstoles y el martirio de Santiago, nos invitan a recuperar el valor y la libertad de la Iglesia para anunciar que la muerte ha sido vencida. […] De los apóstoles hemos de aprender, pues, a no tener miedo, a ser libres y proclamar a viva voz que «hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres», porque sólo en Dios y en su Amor está la salvación.

Del apóstol San Pablo hemos de aprender, en segundo lugar, que este tesoro, que es la gracia de Dios y la salvación, lo llevamos en vasijas de barro para que se manifieste que la gloria es de Dios. Nuestra Iglesia Católica, además de ser libre, necesita ser pobre y humilde porque nuestra fortaleza está en Dios y en la primacía de la gracia.

En tercer lugar, como nos enseña Jesús, hemos de escapar de la lógica de la ambición y del poder. […]»

Mons. Reig Pla ha recordado que «la lógica de los cristianos no es, pues, la lógica del poder sino la lógica del Amor que lleva el servicio hasta el límite como Jesús, «que no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate de muchos”».

En ese sentido: «Esta lógica del servicio llevó al Beato Pablo VI a promulgar en el día de hoy, hace cincuenta años, la Encíclica Humanae vitae en la que, desde la visión integral del hombre, exaltó el amor conyugal y estableció las bases para una paternidad responsable y una apertura a la vida por parte de los matrimonios que garantizara el futuro de la sociedad.

Sus palabras, promoviendo la dignidad de la vida humana y la procreación y educación de los niños, son verdaderamente proféticas y forman parte de la ética social que llamamos Doctrina Social de la Iglesia. El no haber escuchado la voz profética de la Iglesia, nos ha sumido en un desierto demográfico y ha favorecido el debilitamiento de los matrimonios».

 

Fuente:

http://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=32762

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