Mons. Athanasius Schneider habla de la reacción de la Iglesia al coronavirus

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DIANE MONTAGNA           ADELANTE LA FE            29/03/2020

Mientras sigue propagándose el coronavirus, monseñor Athanasius Schneider exhorta a los sacerdotes a imitar a Jesús el Buen Pastor y, por el bien de las almas, desobedecer las injustas normas dictadas por obispos que, según dice, actúan más como burócratas que como pastores.

En una nueva entrevista sobre la reacción de la Iglesia al coronavirus, el obispo auxiliar de Santa María de Astaná (Kazajstán) afirma que cree que la mayoría de los obispos reaccionaron «con precipitación y pánico al prohibir toda Misa pública». Según él, la decisión de cerrar los templos es más incomprensible todavía.

«Mientras los supermercados sigan abiertos y accesibles y pueda utilizarse el transporte público, no hay razón verosímil para prohibir que se asista a la Santa Misa en una iglesia –afirma–. En los templos se pueden garantizar las mismas e incluso mejores medidas higiénicas preventivas.»

Explica que la manera de reaccionar al coronavirus demuestra «la pérdida de la perspectiva sobrenatural», de modo especial entre la jerarquía, algunos de cuyos miembros –señala– a pesar del ardor con que combaten el Covid-19 «permiten como si tal cosa que los tóxicos virus de enseñanzas y prácticas heréticas se esparzan entre su grey».

Monseñor Schneider insta a los pastores a recordar que «por encima de todo son pastores de almas inmortales», cuya profesión les exige dar la vida por las ovejas. Durante la epidemia coronavírica, los sacerdotes deberían tomar todas las medidas posibles de prevención, pero también ser sumamente ingeniosos para descubrir nuevas formas de celebrar la Misa y proporcionar los sacramentos, aunque sea a un grupo reducido de fieles. «Ésa ha sido siempre la conducta pastoral de todos los sacerdotes confesores y mártires en tiempos de persecución», explica el prelado, que pasó su infancia en la Iglesia clandestina de la Unión Soviética.

En algunos casos, dijo, el cuidado de las almas puede exigir que un sacerdote desobedezca una orden injusta de su obispo. «Si las autoridades eclesiásticas le prohíben a un sacerdote visitar a los enfermos y moribundos, no puede obedecer. Semejante prohibición es un abuso de autoridad. Cristo no confirió a los obispos autoridad para prohibir que se visitara a los enfermos y agonizantes».

Evocando el heroico ejemplo del cardenal arzobispo de Milán San Carlos Borromeo (1538-1584), que desafió intrépido una epidemia a fin de atender a las necesidades espirituales de las víctimas, Schneider afirma que «El verdadero sacerdote hace todo lo que está en sus manos para visitar a un moribundo».

A la pregunta de si el coronavirus es un castigo de Dios por los actos de la Pachamama realizados en el Vaticano durante el Sínodo para la Amazonía del pasado octubre, el prelado respondió que aunque no tiene certeza de que una cosa esté relacionada con la otra, la idea no es rebuscada.

«El culto de que fue objeto el ídolo pagano de la Pachamama al interior del Vaticano con el aval del Papa fue sin duda un grave pecado de infidelidad al Primer Mandamiento del Decálogo, una abominación», dijo. Y añadió: «Esos actos idolátricos fueron la culminación de una serie de infidelidades en lo que se refiere a guardar el sagrado depósito de la Fe por parte de muchos miembros de los grados más altos de la jerarquía en las últimas décadas».

Evocando la amenaza de castigo y la exhortación al arrepentimiento que dirige el Señor a los obispos en el Apocalipsis (Apoc. 2, 14-16), monseñor Schneider declaró estar convencido de que «Cristo les diría lo mismo al papa Francisco y a los otros obispos que consintieron el culto a la Pachamama» en el Vaticano y «avalan implícitamente las relaciones sexuales fuera de un matrimonio válido al permitir que los divorciados que se han vuelto a casar reciban la Sagrada Comunión».

Con relación a la reacción de la Iglesia al coronavirus, Schneider declaró que el carácter singular y la severidad de la prohibición de misas públicas y de la Sagrada Comunión es una señal para que los católicos tengan en cuenta el sentido más profundo de esas cosas.

Señaló que desde hace más de cincuenta años la Presencia Eucarística de Jesús es trivializada y hasta profanada con la comunión en la mano y la introducción de elementos protestantizantes en la liturgia romana. «Ahora ha intervenido el Señor privando a casi todos los fieles de asistir a la Santa Misa y recibir sacramentalmente la Sagrada Comunión. Justos y pecadores están soportando juntos esta tribulación, ya que en el misterio de la Iglesia están unidos entre sí como miembros de un mismo cuerpo».

Afirmó que en cuanto se acabe la epidemia el Papa y los obispos deberían celebrar con toda urgencia un acto público de reparación en Roma por los pecados cometidos contra la Sagrada Eucaristía. Añadió que el Sumo Pontífice debería decretar normas concretas invitando a toda la Iglesia a «dirigirse al Señor en la liturgia» y «prohibir la Comunión en la mano».

«La Iglesia –afirmó– no puede seguir tratando impunemente al Santísimo en la Hostia consagrada de una forma tan minimalista y peligrosa».

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