Los graves problemas de la Iglesia y la renuncia de Benedicto XVI bajo la lupa del cardenal Medina

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Cronica@8_GGI25I44I_1_4651_1Tras el remezón que significó la dimisión del Sumo Pontífice, el obispo chileno que anunció al mundo la elección de Joseph Ratzinger en 2005 lamenta la “preocupante” situación que vive hoy el catolicismo… aunque advierte: “Ha habido épocas en que hubo problemas más graves”.

¿Qué problemas tan grandes tiene la Iglesia como para que el mismísimo Papa admita que no tiene las fuerzas suficientes?

-Hay países en que la escasez de vocaciones sacerdotales es muy grave. En muchos lugares se percibe un debilitamiento de la fe. Los gobiernos de no pocas naciones, consideradas como cristianas, no toman para nada en cuenta la doctrina de la Iglesia e incluso promueven legislaciones que la contradicen abiertamente. Me parece que en no pocos lugares hay, a todo nivel, una crisis de la oración. Hace falta un mayor esfuerzo catequístico. Personas que se dicen católicas se expresan en forma reñida con la doctrina de la Iglesia. En no pocos sectores se observa un relativismo tanto doctrinal como moral. No todos perciben, para usar un ejemplo tomado de la arquitectura, que la ‘fachada’ de la Iglesia aparece como más imponente que su ‘nave’.

-Pintado así, el panorama es oscuro, poco esperanzador.

-Son problemas graves, y no son todos, pero no son exclusivos de hoy, pues ha habido épocas en que los hubo más graves todavía. Y no hay que olvidar que ante estos desafíos la responsabilidad no es solamente del Papa, sino que de todos los cristianos, desde luego de los obispos, de los presbíteros y de los diáconos, y por cierto de los laicos, cada uno en su nivel de responsabilidad.

– Hay quienes plantean una necesidad de “renovación” y “apertura” en algunas temáticas, ¿qué piensa usted?
-Hay renovaciones y aperturas que son posibles y convenientes, como ha sido, por ejemplo, la celebración de la Sagrada Liturgia de la Iglesia en otras lenguas (y no sólo el latín), o la creciente conciencia acerca de los derechos inherentes a la persona humana y, naturalmente, de los correlativos deberes… o la sensibilización con respecto al cuidado del medio ambiente.

-¿Deberían venir cambios sobre la forma en que la Iglesia se relaciona con los matrimonios que se han separado?
-Es un deber de caridad apoyarlas. Pero la Iglesia no puede aceptar como correcta una ulterior unión de esas personas, si estuvieron unidas por un matrimonio válido, porque Jesús dijo claramente que esa unión constituye un pecado de adulterio y ninguna autoridad de la Iglesia puede cambiar lo que Jesucristo ha establecido. La Iglesia no es dueña del Evangelio, sino su custodia y fiel conservadora.

-¿Y los homosexuales?
-La Iglesia católica distingue cuidadosamente entre la “tendencia” homosexual, cuyo origen no está científicamente establecido y que puede ser moralmente no culpable, y los “actos” o “ejercicio concreto de la homosexualidad”, los que son moralmente desordenados y constituyen un atropello de la ley de Dios, como lo dicen claramente las Sagradas Escrituras, tanto en el Antiguo, como en el Nuevo Testamento. Conviene leer el libro del Génesis (capítulo 19, versos 1-29) y la primera Carta de San Pablo a los Corintios (Cap. 6, versos 9 y 10). Se trata, pues, no de una opinión personal mía, sino de la doctrina de la Iglesia Católica en su Catecismo oficial (números 2357 al 2359).

-¿Y las debilidades?
-Entre los aspectos que son motivo de honda preocupación está la disminución del número de los bautismos, de las confirmaciones y de los matrimonios; el aumento considerable de los divorcios civiles; el creciente número de jóvenes católicos que conviven maritalmente sin contraer el sacramento del matrimonio; el poco aprecio en sectores de la juventud de la virtud cristiana de la castidad; el amplísimo recurso a la mentira a todo nivel; las diversas formas de corrupción; el vasto empleo de las drogas; la delincuencia; el bajo porcentaje de los fieles que participan cada domingo en la celebración de la Santa Misa; el bajo porcentaje de los que contribuyen al financiamiento de los gastos de la Iglesia; la pasividad de muchos católicos ante hechos que significan un atropello manifiesto de principios irrenunciables de la doctrina católica; el poco eco que encuentra la posición de la Iglesia entre las autoridades civiles en materias valóricas, y probablemente algunos más. Todo esto encontrará algún remedio en la celebración de este «Año de la Fe».

Elección presidencial: “Muchos serán los que voten acogiéndose al criterio del mal menor”
-¿Cómo ve a Chile? En lo económico, el país ha crecido. Pero, ¿es eso suficiente?
-Aunque ha habido progresos evidentes en materias sociales y en la conducción financiera de la nación, me preocupa el hecho de que haya autoridades que toman decisiones reñidas con los principios valóricos, no sólo católicos sino también naturales, desoyendo las legítimas expresiones de los pastores de la Iglesia. En ocasiones avalando y protegiendo lo que ante la ley de Dios es inaceptable. Siento un ambiente de relativismo y me temo que podamos llegar a situaciones muy ingratas y discriminatorias para los católicos.

-¿Qué piensa sobre la próxima elección presidencial? A su juicio, ¿qué candidato representa mejor los valores de un católico?
-Miro con mucha preocupación la próxima elección presidencial. Leyendo las declaraciones de los candidatos, algunos de los cuales no son católicos, veo que ninguno de ellos significa un compromiso total como yo lo desearía, con los principios valóricos que profesamos muchos chilenos. De modo que muchos serán los que voten acogiéndose al criterio de favorecer “el mal menor”. Y habrá quienes opten por no votar o por anular su voto. Perspectivas nada alentadoras, pero explicables en una sociedad bastante marcada por el relativismo y por la ambigüedad.

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