La Fe y la Doctrina, ¿valen para algo? Parte IIª

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Pbro. José Luis Aberasturi            InfoCatólica               22.09.20

Acabábamos la Iª parte con el siguiente interrogante: “¿La Fe y la Doctrina sirven para algo, da soluciones a la vida real de las personas, de la sociedad y de la Iglesia; o no sirve para nada, y todo es un mero bla, bla, bla para entretenimiento de clérigos y demás?”.

Y sigo diciendo que, aparentemente, da la impresión, basada en hechos y dichos, de que no. No sirve nada, pues todo son “opiniones” a granel. Y me explico.

Si todo un sr. cardenal de la Iglesia Católica, en pleno ejercicio de su ministerio y su oficio, se marca    -¡públicamente y con publicidad!- que él, en las próximas elecciones de EE.UU., va a votar al candidato demócrata, un tal Biden que, amén de ser “católico” -¡No te lo pierdas!-, es abortista “a muerte”, súper lógico: de los hijos de los demás, supongo; de los suyos no me atrevo a señalar nada: me faltan datos.

Y, puestos en faena, ha largado que lo primero que va a hacer si sale elegido, es echar abajo las leyes que ha ido implantado, paso a paso, el candidato republicano, el sr. Trump -actual Presidente del Pais-, a favor de la vida y de la libertad en el ejercicio de la propia fe…, la pregunta o preguntas inmediatas son evidentes:

A un cardenal de la jerarquía católica, si su Fe no solo no le lleva a defender la vida, toda vida, desde su concepción hasta su muerte natural, como afirma, sí o sí y sin excepciones, la Doctrina Católica, sino que “puede” -se ve “autorizado”, por su Fe y carguete- apoyar públicamente en unas elecciones a Presidente, al candidato decididamente abortista, ¿para qué le sirve la Fe, concretada en la Doctrina, además de su encarguito en la Iglesia? Ya se ve que para nada. O para hacer burla de Ella. Porque si no le lleva a eso -si no le sirve para eso: defender toda vida-, da la impresión de que la Fe no sirve para nada real de la vida real. Es lo que se desprende de la declarada de este buen señor.

Es lo mismo que manifiesta el tal Biden diciendo que es “católico de toda la vida, y abortista por más señas”; con una particularidad: que su ser abortista pesa más en su vida real que su ser católico… con lo que da la impre que ya no sabe ni lo que es ni lo que significa. Tampoco a este sr. su Fe le sirve para nada: ni para manifestar un mínimo de coherencia personal, y dejar de hacer el ridículo.

Lo mismo puede decirse de unos jerarcas católicos que, ante la amenaza real del Gobierno de su País de afirmar públicamente que ha decidido convertir un “cementerio católico” en uno civil, y que va a echar a una comunidad de religiosos -católicos, como no puede ser de otra manera- de su sede; y ante estos atropellos de la Iglesia a la que pertenecen, y a lo católico que han jurado defender, que lo único que tienen que decir es que “van a ayudar a resolver el tema”, además de señalar que “el prior se ha equivocado en algunas de sus palabras”…, da la impresión de que su Fe -su Oficio ministerial menos aún- no les sirve para nada real de la vida real: como es este ataque -¡a degüello!- contra la Iglesia Católica por parte del Gobierno; ataque que es absolutamente real e inminente.

Así, tantos y tantos que se dicen “católicos” y viven como expertos y públicos paganos… Y tan panchos, oigan. Así que vamos a puntualizar un poquito sobre lo que es la Fe y a qué nos compromete, para pasar luego a ver si sirve o no, y para qué.

La Fe es Virtud Teologal Infusa: es decir, una Virtud que, como es infundida por Dios al recibir el Bautismo, nos sirve para unirnos directamente con Él, en primer lugar. Lo mismo pasa con la Esperanza u la Caridad.

Para luego, asentado esto -buscando esta UNIÓN con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo-, aplicarlo a nuestra vida diaria: en lo ordinario y en lo extraordinario; en lo pasado, en lo presente y de cara a lo futuro; en lo pequeño y en lo grande; en lo temporal y de cara a lo eterno: en todas las circunstancias de nuestra vida. De este modo, todas ellas se convierten en Providencia amorosa de Dios para con nosotros, pues lo son.

Porque la Fe ha de ser la moldeadora -la horma, la forja- de nuestro ser hijos de Dios en su Iglesia en medio del mundo.

Este es el primer criterio que Dios mismo nos ha dado para saber vivir como lo que somos, sin la menor posibilidad de equivocarnos: la Fe nunca se equivoca porque es la verdad es de Dios.

Pero, como es lógico humana y sobrenaturalmente, hay que luchar, empezando por formarnos en la Fe, para aplicarla a toda nuestra vida; de tal manera que sea verdadera Luz para el entendimiento, y auténtica fuerza para la voluntad; y, de este modo, vivir con la grandeza de nuestra vocación cristiana.

Si no, la Fe no nos sirve más que para condenación eterna: pretender tener Fe -ser católico- y vivir para burlarse de Ella, pues tú me dirás…

Porque, para lo primero y más definitivo para lo que nos sirve nuestra Fe es para esto: salvarnos. Lo dice Jesús: El que crea se salvará, el que no crea se condenará. Vamos: que no sirve para nada…

Ahora bien: ¿qué es creer? Porque una cosa es “tener Fe”, infundida por Dios, y otra cosa es creer. Porque se puede tener Fe, estar bautizado, y ya digo, vivir como auténticos paganazos.

Creer es traducir en obras la Fe que decimos tener y que, de hecho, tenemos [Hablo para católicos: de otras “realidades” ni lo pretendo: ellos sabrán]. Por una razón, que también nos la enseña Jesucristo: El que conoce estas mis palabras, y no las pone por obra, se parece a un hombre loco que edificó sobre arena… Y nos explica que, como era de esperar, todo lo construido se le vino abajo al primer embate.

Por esto enseñará el apóstol Pablo que la Fe sin obras está muerta. Y el apóstol Santiago incide en lo mismo.

Porque así se mata la Fe: cuando realizamos nuestras obras -nos montamos nuestra vida en lo concreto- en contra de lo que la Fe nos enseña y nos exige: nos compromete de arriba a abajo: totalmente y siempre.

Veamos algunos ejemplos, nada rebuscados, de la vida normal de cualquiera.

Un católico, a la hora de votar en unas elecciones, tiene que tener presentes, necesariamente, esas “Líneas Rojas” que el papa Benedicto XVI nos ha recordado reiteradamente, y algunos de nuestros obispos tímidamente, ¡porque no las puede traspasar!: la defensa de la vida, la defensa de la familia, la libertad de educación, el bien común, etc. Porque esto es “votar en conciencia“… católica. Y no pagana.

Por tanto, un católico coherente solo podrá votar a los partidos que defiendan todo esto. Y si no encuentra ninguno… pues no vota: se va al cine, o se dedica a lo que prefiera; eso sí: con todas las precauciones sanitarias imperantes en el momento actual. Sin obsesiones, claro, en ninguno de los dos casos: votar y/o irse al cine. Como hijos de Dios siempre.

O cuando escuchamos a miembros de la Jerarquía “largar” contra la Doctrina Inmutable de la Iglesia, desde la Fe, que es “nuestro” criterio de hijos de Dios, sabremos, porque nos habremos dado cuenta más pronto o más tarde, que no podemos hacerles ni caso: desde nuestra Fe, no podemos. Por cierto, esto lo dice san Agustín. Yo solo lo repito.

Así en todo. La Fe vale para casarse; para trabajar; para educar a los hijos; para saber con seguridad, y no solo en el horizonte de la Religión, sino en todos los campos; para “ser coherentes y personas de una pieza”, no de retales; para rezar; para no desesperar; para ver siempre la luz al final del túnel, sabiendo que los túneles acaban; para tener confianza de hijos con Dios; para descansar; para cuando se ha perdido el amor; para recomponer la propia vida y la de los demás; para perdonar y buscar el perdón; en los éxitos y en los fracasos; para agrandar el corazón; para ser personas de verdad, auténticas; para ser feliz con Dios…

Nada escapa, de suyo, a la Fe personal.

Pero la primera obra de la Fe es la Santa Misa: “Sacramento de nuestra Fe”. El católico que la deja, corta con Dios, se separa de Dios, mata su vida de Fe. Y para la Comunión, la Confesión antes, de modo habitual: especialmente obligatoria cuando hay conciencia de pecado grave. Y la Oración. Y la lectura de los Santos Evangelios. Y la Adoración ante el Santísimo… Así todo cuadra, todo se entrelaza, todo se enriquece. Y todo se remedia, hasta el pecado.

Lo que les pasa a tantos bautizados es que, habiendo cortado con Él -cada uno conocerá su itinerario personal-, pretenden luego “defender” su postura: es que “yo no tengo Fe”, “¿qué culpa tengo yo?”, “ya me gustaría tener la Fe que tú tienes”… sin analizar para nada su conducta con Dios. ¡Es que uno ha escrito públicamente que perdió la Fe “viendo una peli”…!

Si son sinceros y quieren recuperarla, o tener la que ven en otros con deseo verdadero, deben dejar sus “elucubraciones”, su prurito de intelectualoide ofendido por tener que “creer”, y tener la suficiente humildad para reconocer que “la he tirado por la ventana”; para, a la vez y más tarde, pedir perdón a Dios al que tantas veces hemos ofendido…, y volver a empezar.

¡Y la Fe “se hace”! ¡Renace! Porque el Señor nunca se esconde del que lo busca con un corazón sincero.

La Fe vale, por tanto, para toda nuestra vida, y en cualquier circunstancia. Porque nos salva de nosotros mismos, de las trampas del mundo y lo mundano, y, finalmente, nos Salva para Dios y para la Vida Eterna: lo más definitivo de toda nuestra vida. Porque no hay nada más definitivo que salvarse o condenarse. Que siguen vigentes y de actualidad, por cierto: cada vez que una persona se muere, se actualiza el tema.

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