Cardenal Eijk: “Espero que el documento final esté fundado en el anuncio explícito de la verdad en Cristo”

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Cardenal Willem Jacobus Eijk, arzobispo de Utrecht.

INFOVATICANA                                                         25 octubre, 2018

«Muchos han intentado diluir el vino de la verdad con el fin de mantener alto el número de quienes van a la iglesia, pero esto no funciona». Entrevista al primado de Holanda, el cardenal Willem Jacobus Eijk.

El cardenal Willem Jacobus Eijk, arzobispo de Utrecht y primado de Holanda, ha estado recientemente en Italia, en Milán, donde ha dado una conferencia titulada «Cuando el hombre se adueña de la vida humana: el caso de Holanda», en el marco de la Jornada de la Nuova Bussola Quotidiana. Durante su estancia nos ha concedido una entrevista, que es un poco la continuación de la que nos concedió en Utrecht en abril de 2017.

Eminencia, con Suecia, Holanda es el país de Europa occidental donde más ha disminuido la práctica religiosa en los últimos cuarenta años. ¿Qué siente un pastor de almas ante este hecho? ¿Sentimiento de culpa, de fracaso personal? ¿Resignación por algo ante lo que no tiene poder? ¿Rencor hacia quienes considera culpables, tal vez incluso exponentes de su misma Iglesia?

La causa principal de esta situación es el hiperindividualismo de nuestro tiempo, del que no tienen culpa los pastores. En cambio, es necesario decir que los pastores tienen culpa -incluidos los obispos, que no han intervenido del modo adecuado-, cuando hablamos de los abusos sexuales a menores por parte del clero. Nosotros, los obispos y superiores religiosos holandeses, hemos tenido que aprender a relacionarnos de la manera justa con los dramas que viven las víctimas de los abusos, a hablar con ellos, a comprender sus problemas: hemos tenido que aprender todo esto con humildad. Un ejemplo: junto al personal de nuestra diócesis, invitamos a un psicólogo para que nos ayudara a comprender qué significa para la víctima sufrir un abuso sexual por parte de un sacerdote o un religioso. Nuestras primeras respuestas fueron insuficientes o inadecuadas, pero hemos aprendido.

Además de los abusos sexuales a menores, hay muchos otros factores que han hecho disminuir la participación a la vida de la Iglesia. Incluso antes de que saliera a la luz el problema de los abusos sexuales, la Iglesia ya había perdido muchos miembros activos. Este fenómeno se puso de manifiesto a partir de la segunda mitad de los años 50, y procedió a gran velocidad en la segunda mitad de los años 60, en coincidencia con el desarrollo de la cultura del hiperindividualismo. La persona hiperindividualista piensa que no sólo tiene el derecho, sino que tiene incluso el deber de crearse una fe, una filosofía de vida y un sentido de los valores éticos que son sólo suyos. El hiperindividualismo es una cultura de la autenticidad, como la definió el filósofo canadiense Charles Taylor, en la que el imperativo es ser uno mismo. A veces el pastor se siente impotente ante esta profunda transformación cultural.

A propósito de las consecuencias del hiperindividualismo: cuando le entrevisté hace un año y medio y le pregunté cuáles eran las causas del récord negativo en Holanda en materia de práctica religiosa, usted me respondió que la prosperidad había llevado al individualismo, y el individualismo había causado que la gente se separara de la fe religiosa y de la comunidad de fe, es decir, de la Iglesia. Es decir, siguiendo esta lógica, ¿es necesario tener menos prosperidad para encontrar a Dios? ¿La Iglesia debe elegir y proponer un estilo de vida austero? ¿Tiene que practicar y proponer la pobreza?

Yo diría que también una persona rica puede ser un seguidor fiel de Cristo, a condición de que respete lo que es debido al bien común de la sociedad y que sea solidario con el prójimo. La sociedad también necesita personas ricas para que la economía siga adelante. La riqueza, de por sí, no es un pecado; al contrario, representa una oportunidad para cultivar muchas cosas moralmente buenas y necesarias para la sociedad. Pero el individualismo es una barrera muy sólida entre nosotros y la gente, y el pastor acaba teniendo que lidiar con una cultura que es impermeable al mensaje cristiano, porque es una cultura encerrada en sí misma: el individuo, hoy, no se abre fácilmente. Por lo tanto, es necesario buscar con mucha creatividad nuevos caminos pastorales sin abandonar los caminos que siempre hemos recorrido y, obviamente, sin cambiar el contenido de la doctrina, es decir, el contenido del Evangelio, que no debe cambiar nunca. Muchos han intentado diluir el vino de la verdad con el fin de mantener alto el número de quienes participan en la vida de la Iglesia, pero esto no funciona. Las parroquias que siguen atrayendo a un buen número de personas son las que celebran una bella liturgia, según las directrices romanas, y que ofrecen una catequesis explícita: esto es muy, muy importante. Las estadísticas, la simple realidad sociológica, lo confirman. Pero es también, naturalmente, un acontecimiento de fe: Dios deja irradiar el rayo de Su Gracia sólo en el camino indicado por Cristo, y el Espíritu Santo nos guía por este camino; cuando lo abandonamos, nos perdemos.

¿Qué espera de este Sínodo sobre los jóvenes?

Espero que el documento final esté fundado en el anuncio explícito de la verdad en Cristo. Después, partiendo de aquí, espero que el Sínodo también sepa indicar métodos, caminos por los que llegar al corazón de los jóvenes con la verdad en Cristo. El Sínodo es un intercambio entre culturas de todo el mundo, y siempre podemos aprender de los demás. Es necesario abrirse a las otras culturas presentes en la Iglesia: la cultura africana, la cultura asiática, la americana, la europea -tanto occidental como oriental-, tienen algo que ofrecer a todos los demás. Estamos en una Iglesia a escala mundial, y la ventaja de una Iglesia así es, precisamente, el intercambio entre culturas distintas. Estoy convencido de que hay culturas que nos podrán enseñar algo también a nosotros, europeos. Esta es mi esperanza respecto al Sínodo.

En la entrevista que le hicimos en Utrecht el año pasado, usted dijo que los jóvenes católicos holandeses aman sobre todo la Adoración Eucarística, y piden más posibilidades para practicarla. Le pregunto si el fenómeno dura aún y qué influencia cree usted que tiene en la vida de la Iglesia en Holanda.

Durante los encuentros más importantes de la pastoral arquidiocesana siempre reservamos momentos para la Adoración. También los frailes de San Juan, en Utrecht, ofrecen diariamente la posibilidad de adorar el Santísimo. Algunas parroquias lo hacen con regularidad, no a diario, pero sí una vez a la semana. Se observa que, de una manera lenta pero constante, esta práctica se va difundiendo en nuestra diócesis, sobre todo porque los jóvenes quieren rendir honor a Dios de esta manera. En este sentido sí, el fenómeno continúa. En mi opinión, es también un método muy valioso para la reevangelización de nuestro mundo, porque durante la Adoración se está en silencio, y dentro de este silencio los jóvenes, pero también las personas más adultas, aprender a rezar personalmente. Es la gran ventaja de la Adoración Eucarística: que al rezar en silencio se desarrolla una oración personal y un vínculo personal con Cristo. Quien participa a la Adoración Eucarística desarrolla también una vida personal de oración en casa.

La imagen de la Iglesia ante el público internacional no católico en estos últimos años ha estado caracterizada por el carisma del Papa Francisco, pero también por el caso de los abusos sexuales y el encubrimiento por parte de la Iglesia, algo que usted ha mencionado antes. ¿Qué efecto han tenido estos dos hechos -el carisma del Papa Francisco y el caso de los abusos sexuales-, en la manera de relacionarse con la Iglesia por parte de los holandeses?

¡Hoy la memoria es corta! Muchos viven pasando de una campaña de escándalos a la siguiente. En cuanto se publicó la noticia de la investigación llevada a cabo en ocho diócesis de Pennsylvania, algunos medios de comunicación holandeses preguntaron qué había hecho la Iglesia en Holanda contra este fenómeno. Enseguida publicamos una declaración que resumía todo lo que hemos hecho hasta ahora: medidas tomadas, resultados obtenidos, etc., resaltando que nuestras acciones han sido llevadas a cabo en el interés de las víctimas, que sienten mucha vergüenza por los abusos sufridos por parte de representantes de la Iglesia. La Iglesia debe ser un lugar seguro para todos, incluidos los menores. Los abusos sexuales no deben suceder nunca y, ciertamente, no en la Iglesia de Cristo, cuya tarea es anunciar su Evangelio de amor. Tras nuestra declaración la situación se calmó un poco, pero estoy seguro de que habrá una nueva campaña contra nosotros.

La última pregunta: Holanda ha sido uno de los primeros países europeos donde las distintas confesiones han aprendido a vivir pacíficamente, y hoy también es un país multiétnico. Sin embargo, recientemente, la cuestión de la inmigración, sobre todo de musulmanes, se ha convertido en motivo de tensiones políticas y sociales. ¿Cómo cree que se desarrollará la cuestión en un futuro próximo?

Pienso que las relaciones corren el riesgo de ser aún más rígidas. Hay una corriente de opinión muy fuerte en Holanda que dice: «Puedes ser religioso y tienes todas las libertades, pero dentro de tu casa». He criticado estas afirmaciones y también quienes las han hecho, tachándolas claramente de infantiles. Hay que conceder a quien no piensa como nosotros la posibilidad de que exprese sus propias convicciones en público. En cambio, hoy tenemos la impresión de que existe una dictadura de la opinión pública: todos deben pensar lo mismo. Disentir se ha convertido en algo peligroso. Yo insisto y digo que hay que dar a todos la posibilidad de manifestar públicamente lo que creen o piensan. Naturalmente, no se pueden aceptar la propaganda y los actos terroristas, pero se tiene que permitir que se exponga en público una pequeña cruz en el cuello u otro símbolo religioso. Por desgracia, cada vez tiene más fuerza la tendencia de quienes quieren eliminar todas las manifestaciones religiosas de la vida pública, exiliándolas dentro de las casas de los creyentes. Esta tendencia es cada vez mayor, pero yo la critico constantemente, estoy totalmente en desacuerdo con ella.

Publicado por Rodolfo Casadei en Tempi; traducido por Elena Faccia Serrano para InfoVaticana.

https://infovaticana.com/2018/10/25/eijk-espero-que-el-documento-final-este-fundado-en-el-anuncio-explicito-de-la-verdad-en-cristo/

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