Tal como va, el diálogo en Venezuela no llegará a nada

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Fotografía de un cartel con imágenes del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez y del mandatario Nicolás Maduro en una marcha de simpatizantes del chavismo hasta la Asamblea Nacional hoy,1° de noviembre de 016, en Caracas ...
Fotografía de un cartel con imágenes del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez y del mandatario Nicolás Maduro en una marcha de simpatizantes del chavismo hasta la Asamblea Nacional hoy,1° de noviembre de 016, en Caracas …

 

El autor, conocido columnista en materias internacionales, tiene razón al decir que los mediadores no pueden ni deben limitarse a pedir concesiones a los opositores de Maduro y a aceptar las exigencias de éste, pues eso no sería diálogo, sino entrega.

 

Infolatam              1° noviembre 2016             Por PETER HAKIM

Poco después de que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, se reuniera con el papa Francisco, la semana pasada, se anunció que el gobierno y la oposición habían aceptado participar en un diálogo largamente buscado para lograr una solución a la creciente crisis de la República.

Sin un trabajo más adecuado de preparación, sin embargo, es posible que el diálogo propuesto, patrocinado por la UNASUR y el Vaticano previsto para comenzar en los próximos días, acabe por hacer más mal que bien. Puede llevar a consolidarse más sólidamente al gobierno autocrático venezolano, fracturar y debilitar aún más a la oposición ya perjudicada y dejar sin resolver los problemas de Venezuela.

Los gobiernos insensatos, arbitrarios y a menudo incompetentes de Hugo Chávez (1999-2013) y de su sucesor son los principales culpables de la situación en Venezuela: una economía a punto de quiebra, un estancamiento político volátil, las instituciones democráticas ahogadas y una grave escasez de alimentos.

Pero la descomposición de Venezuela también refleja el hecho de una fragmentada América Latina que no ha logrado movilizar alguna respuesta común a la crisis de Venezuela. Las muchas instituciones regionales creadas con el fin de unificar América Latina parecen ser casi indiferentes desde hace años a la tragedia en Venezuela.

En la primera década del gobierno de Chávez, la economía, enriquecida por los precios del petróleo por las nubes, creció rápidamente; el gasto social se multiplicó y la pobreza y la desigualdad disminuyeron. Venezuela tenía recursos suficientes para ayudar a financiar Cuba y otros aliados ideológicos; el país fue un importante mercado de exportación y fuente crucial de ingresos para muchos países.

Chávez ganó una elección tras otra y jugó un papel cada vez más influyente en los asuntos regionales. Los gobiernos latinoamericanos -algunos de ellos aliados políticos de Venezuela, otros beneficiarios de su generosidad, todos conscientes de las bravatas políticas de Chávez– se mostraban reacios a criticar su gobierno dictatorial.

A pesar de que todos los países de América Latina se han comprometido formalmente a adoptar medidas colectivas para corregir los quebrantamientos de la democracia, se ignoraron las crecientes violaciones de los derechos humanos y el orden democrático en Venezuela. Poco o nada se ha dicho sobre la extrema centralización del poder en el país, sobre el amordazamiento y detención de los opositores y las restricciones impuestas las instituciones cívicas. La caída del mercado del petróleo, seguida de la muerte de Chávez, en 2013, dejó a la distorsionada economía venezolana por los suelos y la política del país peligrosamente polarizada e inestable.

Con la inflación más alta del mundo, y sin ser capaz de pagar por sus importaciones, el país hoy en día está sufriendo una crisis humanitaria prolongada, con una gran escasez de productos básicos, deterioro de la infraestructura y el colapso de los servicios públicos. El apoyo popular a Maduro ha disminuido a ritmo acelerado. Sin embargo, la coalición opositora, a pesar de ser mayoría en el Congreso, ha sido políticamente marginada por un gobierno represivo que controla los tribunales y órganos electorales.

Se destruyeron las perspectivas de un referendo revocatorio este año, lo que podría haber permitido la realización de nuevas elecciones presidenciales. El régimen de Chávez está decidido a mantenerse en el poder hasta 2019 y, posiblemente, también después.

Los venezolanos no consiguen resolver por sí solos el estancamiento -y contener un desastre político y económico inminente que causaría un daño enorme regional. Sin embargo, hasta el momento, las naciones de América Latina-y las instituciones regionales como la OEA y UNASUR no han hecho más que hablar de la necesidad de diálogo entre el gobierno y la oposición, algo que ninguna de las partes parece preparada a buscar en serio.

Sí, el secretario general de la OEA condenó enérgicamente las violaciones de los derechos democráticos y humanos cometidos por el gobierno de Venezuela y pidió una actuación regional para restablecer el orden constitucional y asegurar la liberación de los presos políticos. Sin embargo, sus propuestas han recibido poca atención por parte de los países miembros. La semana pasada, por último, un grupo considerable de países de América Latina -diez del total- se unió a los EE.UU. y Canadá para criticar al gobierno venezolano para bloquear el referéndum.

Pero la mayoría de estos países también respaldan el diálogo mal preparado patrocinado por la UNASUR y el Vaticano, a pesar de que es rechazado por la mayoría de los líderes de la oposición venezolana por la forma en que está siendo fuertemente sesgada a favor del gobierno. Un diálogo que comienza de esta manera sin que mediara acuerdo previo con respecto a las normas y procedimientos, con un lado que siente que su agenda fue ignorada, mientras que la otra confía en que conseguirá controlar el resultado, tiene todas las posibilidades de no llegar a nada. Las naciones de América Latina y el Vaticano podían haberlo hecho mejor.

http://www.infolatam.com/2016/11/02/tal-como-va-el-dialogo-en-venezuela-no-llegara-a-nada/

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