Reforma Agraria: Lecciones a 50 años

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REFORMA AGRARIA

El Mercurio, Sábado 25 de junio de 2016

“La comparación con la reforma educacional es clara: una reforma ‘inevitable’, pero con un mal diagnóstico: que la calidad es generalizadamente mala (falso), que el lucro es el responsable de ello (ninguna evidencia). También ha sido conducida por un grupo pequeño, ideologizado…”.

 

Luis Larraín A.
Luis Larraín A.

 

Debatieron en Libertad y Desarrollo sobre la Reforma Agraria el ministro de Agricultura Carlos Furche, el presidente de la SNA Patricio Crespo y el académico Alberto Valdés. Luego de sus presentaciones, la historiadora Ángela Cousiño moderó un panel en que además respondieron preguntas del público. La conversación tuvo de todo: consideraciones políticas, análisis técnico, testimonios personales acerca de cómo ese proceso trastocó la vida de muchas familias al privarlas de su patrimonio y forma de vida. Todo esto en un marco de respeto.

 

Difícil a estas alturas cerrar la brecha, enorme, en la percepción de distintos actores de este proceso. Pero podemos intentar, creo, sacar lecciones para el futuro acerca de procesos de reforma de esta envergadura. Una de las conclusiones es que debemos tener mejores diagnósticos. Las ideas son importantes y lo seguirán siendo, pero no debieran ocultar ni distorsionar la realidad.

Carlos Furche dijo que la Reforma Agraria tenía el objetivo de mejorar la calidad de vida de los trabajadores del campo, aumentar la productividad de la agricultura y cambiar el régimen de propiedad haciendo 100 mil nuevos propietarios. El diagnóstico tras esos objetivos era que el régimen de “la Hacienda”, incluido el inquilinaje, debía mutar hacia uno más moderno; que la productividad agrícola era muy baja; y que sus trabajadores agrícolas vivían en condiciones miserables.

Pero las intervenciones de Patricio Crespo, Ángela Cousiño y Alberto Valdés fueron desmintiendo este diagnóstico, ya sea con datos factuales o con elementos de contexto. El caso del economista agrario Valdés es interesante porque él declaró haber sido partidario de la Reforma Agraria en su época (como cuando ahora se dice ser partidario de una reforma educacional), pero es muy crítico acerca de la forma en que se hizo.

Valdés afirmó que “la Hacienda” no era la realidad del campo chileno en los sesenta, sino treinta años antes. Respecto al inquilinaje, el mismo ministro Furche admitió que ellos representaban menos del 50% de los trabajadores agrícolas. Valdés afirmó que el régimen de regalías protegía a los inquilinos de la inflación y que los trabajadores agrícolas no eran más pobres que los urbanos. Chile era un país pobre. Con datos aportados por Crespo y Ángela Cousiño quedó claro que la precariedad y falta de oportunidades de los trabajadores agrícolas eran en buena parte falla del Estado y no de sus empleadores. Falta de caminos, deficiencias en la cobertura educacional y de salud pública.

Y en materia de productividad, Valdés entregó números que muestran que el agro no era más ineficiente que otros sectores productivos, pese a tener un impuesto implícito de más de 30% por la carga que las políticas económicas, en particular la protección arancelaria al sector industrial, imponían a los agricultores.

Finalmente, la reforma agraria no mejoró la productividad del agro sino que la empeoró, no hizo un solo nuevo propietario e introdujo una división en el país que según algunos estuvo entre las causas de la ruptura de la democracia. Seguir afirmando que la Reforma Agraria es lo que permitió la posterior modernización del agro es como decir que necesitamos más terremotos y tsunamis para mejorar la infraestructura del borde costero.

Otra lección evidente es que una reforma de estos alcances no puede imponerse por una mayoría política circunstancial. La expropiación sin pagar el valor de los activos es brutal. Recordemos que hoy es la Constitución que se quiere cambiar la que defiende al propietario al exigir el pago del valor económico de los activos expropiados por el Estado. Si no fuera por ella, los dueños de colegios particulares, afectados por la reciente reforma educacional, podrían ser brutalmente expropiados.

La comparación con la reforma educacional es clara: una reforma “inevitable”, pero con un mal diagnóstico: que la calidad es generalizadamente mala (falso), que el lucro es el responsable de ello (ninguna evidencia). También ha sido conducida por un grupo pequeño, ideologizado e impermeable a la crítica. ¿Habrá que hacer también el día de mañana una contrarreforma?

http://www.elmercurio.com/blogs/2016/06/25/42860/Reforma-Agraria-Lecciones-a-50-anos.aspx

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