¿Qué puede ocurrir en Venezuela?

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Fernando Ochoa Antich, ex Comandante del Ejército Venezolano, ex Ministro de Defensa y de Relaciones Exteriores

“El Nacional” de Caracas 12 DE MARZO DE 2017

En uno de mis anteriores artículos sostuve que Venezuela enfrenta una verdadera catástrofe en todos los órdenes del devenir nacional. “El caos en que vivimos lo causa la existencia de un régimen ilegítimo, ilegal, antidemocrático, militarista, profundamente corrupto, influido ideológicamente por la revolución cubana y el Foro de Sao Paulo, que ha decidido mantenerse en el poder a toda costa; y una oposición democrática dividida y contradictoria, que no ha sido capaz de presentar un coherente programa de acciones concretas, ni de conducir eficaz y eficientemente a las fuerzas opositoras, para enfrentar, con posibilidades de éxito, a la dictadura que nos gobierna”.

Sin embargo, ante la última aviesa maniobra del gobierno para ilegitimar a las organizaciones políticas, ha empezado a forjarse en el liderazgo democrático un nuevo acuerdo, que deja a un lado la lucha estéril por la supremacía entre los sectores que integran la alternativa democrática y podría generar el fortalecimiento de los partidos mayoritarios, al darle cabida al liderazgo, con arraigo popular, de pequeños partidos, que al no poder renovar sus organizaciones son, en la práctica, discriminados e impedidos de participar cabalmente en la lucha política. De materializarse ese acuerdo, la unidad opositora se verá fortalecida cuantitativa y cualitativamente para continuar la lucha en condiciones mucho más ventajosas.

De todas maneras, hay que aceptar, casi como un axioma, que ante la incapacidad del régimen madurista para solucionar la gravísima crisis nacional, se desarrollarán poderosas fuerzas sociales que presionarán, de diferentes maneras, para que ocurra un trascendente cambio político que le ponga punto final al socialismo del siglo XXI, caracterizado, en todos estos años, por el absurdo enfrentamiento entre los venezolanos, el hambre, la muerte, la corrupción, la preponderancia del crimen organizado, la entrega de nuestra soberanía, la destrucción de PDVSA, de la Fuerza Armada Nacional y del aparato productivo y otros tantos males generados con la anuencia gubernamental.

Esas poderosas fuerzas sociales irán progresivamente buscando distintas maneras de expresión hasta que una de ellas se transforme en un eficiente instrumento capaz de forzar el anhelado cambio político y le ponga fin a la hecatombe chavista. Lamentablemente, esa circunstancia difícilmente podrá resultar de un proceso “pacífico, constitucional y electoral” debido a la intransigencia de Nicolás Maduro que además de desconocer los resultados de las elecciones parlamentarias, también niega la posibilidad de toda consulta electoral futura. Por supuesto, esa arbitraria actitud, puede conducir a Venezuela a un casi seguro estallido de violencia.

Ese incremento progresivo de un asfixiante clima de caos social, político y económico, presionará de tal manera sobre las fuerzas sociales, chavistas y no chavistas, que empezarán a ver con total claridad que la solución no puede esperar las elecciones de diciembre de 2018. Es demasiado tiempo para cualquier familia venezolana sometida a la permanente presión que significa el hambre y la muerte como consecuencia de la escasez de productos de primera necesidad y de medicinas. Soy de los que creen que esta inmanejable crisis sólo puede tener una solución: la salida de Nicolás Maduro y su camarilla del poder.

Esta certeza nos conduce de inmediato a dos grandes escenarios posibles: el derrocamiento de Nicolás Maduro o un cambio de gobierno a través de medios constitucionales resultantes de una compleja negociación. Esas dos grandes posibilidades de solución se pueden transformar en algunos posibles escenarios reales que están casi a la vista de cualquier observador de la grave situación venezolana. Veamos:

-Una rebelión militar de algún sector de la Fuerza Armada Nacional, cercana ideológicamente al socialismo del siglo XXI, presionado y respaldado por dirigentes del PSUV y de los grupos políticos que constituyen el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, convencidos de que la permanencia en el poder de Nicolás Maduro comprometería el destino de la revolución bolivariana.

-Un incontrolable estallido de violencia surgido como consecuencia del creciente agravamiento de la crisis económica, en medio de una inmanejable escasez de productos de primera necesidad y de medicinas. El creciente desbordamiento de los desórdenes públicos, obliga a Nicolás Maduro ordenar que la Fuerza Armada Nacional aplique el Plan Ávila para restablecer el orden público. El ministro de la Defensa y el Alto Mando Militar ordenan salir a la calle a los efectivos militares, pero al iniciarse los enfrentamientos y darse cuenta de la creciente resistencia popular, coincidente con el descontento interno en los cuadros militares, consideran lo más conveniente pedirle la renuncia a Nicolás Maduro.

-La renuncia de Nicolás Maduro, en medio de una creciente e inmanejable crisis económica, agravada por la declaración de Venezuela en default y la negativa de los organismos multilaterales y de importantes sectores económicos privados a facilitar nuevos créditos a Venezuela, si no son aprobados por la Asamblea Nacional como lo establece la Constitución vigente. Esa compleja negociación exigirá, tanto del chavismo como de la oposición, un liderazgo fuerte y suficiente que permita el establecimiento de condiciones políticas convenientes para poder restablecer la paz ciudadana con el respaldo del sector institucional de la Fuerza Armada.

Ante tanta incertidumbre, no es posible establecer cuál de estos escenarios es el más probable, incluso podría haber otros, como por ejemplo una combinación de los mencionados. De lo que sí se puede estar seguro es que, en cualquiera de estos escenarios, siempre habrá la necesidad de una intervención militar, aun cuando este sea el de la negociación entre gobierno y oposición ya que habrá la necesidad de restituir el orden público o por lo menos contener a los sectores violentos y armados que traten de impedir el resultado de los acuerdos. Esta compleja realidad obliga a la Fuerza Armada Nacional a reflexionar, con tiempo y precisión, las acciones y las medidas que debe tomar ante una situación social tan explosiva y difícil de contener, como ya se perfila en nuestro país. Lo primero a estudiar y a definir es la orientación ideológica del gobierno provisional.

No es posible que ese gobierno provisional se vea como una continuación del anterior por dos razones fundamentales: el rechazo popular al actual gobierno y la necesidad de obtener una inmediata legitimidad. Un aspecto fundamental a entender es que la crisis sólo compromete la estabilidad del Poder Ejecutivo, los demás poderes permanecen funcionando legítimamente. Negociar con ellos es fundamental para que el nuevo gobierno provisional pueda presentarse ante el mundo con la suficiente legitimidad a fin de poder solicitar y obtener los recursos financieros necesarios y tantos otros aspectos que una crisis de esta magnitud exige.

A mis compañeros de armas:

Ustedes tienen la inmensa responsabilidad de garantizar la paz en Venezuela. Ante tan exigente reto, solo puedo recomendarles que estudien en profundidad los posibles escenarios que podrían surgir en medio de una crisis como la que está viviendo Venezuela. Los que yo planteé son imaginarios e intuitivos. No tengo la información suficiente para poder profundizar en ellos, pero ustedes sí la tienen; además, su deber militar es prever con precisión lo que puede ocurrir. De no hacerlo tendrán que improvisar en situaciones muy complejas, lo que puede significar que haya o no un doloroso e injustificable derramamiento de sangre.

 

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