“Pobres, ignorantes, interesados”. Así describe a los africanos la web de los obispos alemanes

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Causa profunda perplejidad que, en una época en que se insiste hasta el extremo en no decir una sílaba que pueda parecer despectiva hacia otros seres humanos, un órgano portavoz de todo el Episcopado de un país muestre un desafiante desprecio por la población de un Continente entero. ¿Y cuál es la razón? -¡Por haber asumido la defensa de principios básicos de la Iglesia que esos obispos quieren abandonar!

No hace falta recordar los desagradables comentarios del cardenal Kasper durante el Sínodo extraordinario celebrado hace ahora algo más de un año, despreciando a los africanos y sus tabúes y afirmando que no nos pueden dar lecciones a nosotros, ilustrados europeos. El escándalo que se formó no dejó en muy buen lugar al cardenal alemán, que vio como caían como una avalancha sobre él las acusaciones de soberbia y racismo apenas encubierto.

Uno pensaba que estas cosas no se repetirían, si no por un sincero propósito de la enmienda, al menos por un mínimo de prudencia táctica. Pero es lo que tiene la soberbia, que vuelve a aflorar a la que te relajas. Y sí, lo han vuelto a hacer. Ante la visita del papa a tres países africanos esta semana, un artículo en la página web de la Conferencia Episcopal Alemana, Katolisch.de, vuelve a atacar a los ignorantes y atrasados africanos. Allí, en un artículo titulado “La Iglesia Pobre y Romántica”, un tal Björn Odendahl escribe lo que sigue:

Por supuesto la Iglesia está creciendo en África. Crece porque la gente es socialmente dependiente y a menudo no tiene nada más que su fe. Crece porque la situación educativa allí está, en promedio, en un nivel bastante bajo y la gente acepta respuestas sencillas a preguntas difíciles de fe [sic]. Respuestas como las del Cardenal Sarah de Guinea. E incluso el creciente número de sacerdotes son el resultado no sólo del ímpetu misionero, sino también el resultado del hecho que el sacerdocio es una de las pocas posibilidades para tener seguridad social en el continente negro”.

Vamos, que los negros de África son católicos porque son tan pobres que así se consuelan en su miseria, no como los alemanes que, en su opulencia, pueden tirar a la basura algo tan ridículo como la fe. Bueno, no todos. También algunos son católicos porque son tan ignorantes y necios que se tragan las respuestas simplonas de sus obispos y cardenales (Sarah, Arinze, Napier, todos negros, carcas e infinitamente menos sofisticados que los purpurados alemanes) ¿Y qué decir de los sacerdotes? Ni gracia de Dios que suscita vocaciones, ni generosidad para acogerla, el boom de jóvenes sacerdotes africanos se debe a que al menos así tienen algo que llevarse a la boca y pueden ir a un hospital cuando les muerde una pitón o un león. La verdad, parece difícil superar esta muestra de paternalismo despectivo con tintes racistas.

Y esto lo publica la web de una Conferencia Episcopal que, hace pocos días tenía que escuchar de boca del Papa Francisco que la fe católica estaba sufriendo una fuerte erosión en Alemania, un “fuerte descenso en la asistencia a la misa dominical y de la vida sacramental” y donde “el sacramento de la Penitencia con frecuencia ha desaparecido. Cada vez menos católicos reciben la Confirmación o contraen un matrimonio católico. El número de vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada ha disminuido notablemente”. Menudo panorama para dar lecciones.

Los consejos del Papa para revitalizar la Iglesia católica en Alemania eran la promoción de la confesión: “Confío en que se dará mayor atención a este sacramento, tan importante para una renovación espiritual, en los planes pastorales diocesanos y parroquiales durante el Año Santo y después”; la defensa de la vida: “la Iglesia no debe cansarse nunca de ser abogada de la vida y no debe retroceder en el anuncio de que la vida humana debe protegerse incondicionalmente desde el momento de la concepción hasta la muerte natural” y el no atarse a la rica burocracia que la Iglesia en Alemania ha desarrollado: “se inauguran estructuras siempre nuevas para las cuales al final faltan los fieles. Se trata de una suerte de nuevo pelagianismo que nos lleva a volver a poner la confianza en las estructuras administrativas, en las organizaciones perfectas”. Después de leer lo que publica la web de la Conferencia Episcopal Alemana parece que estos consejos han entrado por un oído y han salido por el otro. ¿Confesión? Ni que fuéramos unos ignorantes africanos que aún creen en la magia ¿Defensa de la vida? Que poco sofisticado, con la de matices que hay en esto del inicio y del final de la vida. ¿No estar atados a nuestra burocracia? ¡Con lo bien que vivimos! ¿Acaso no querrá el Papa que nos convirtamos en unos pobretones miserables como los africanos?

Por suerte los africanos no leen Katolisch.de, lo que es una gran ventaja. Son pobres, simples, ignorantes y comen cosas impronunciables. También son fieles al Evangelio, al Magisterio y a la Tradición. Y no se tragan la cháchara modernista. Quizás por eso hay más 200 millones de católicos africanos, tres veces más que hace 30 años, se ha triplicado el número de seminaristas en los últimos 25 años o hay un 40% más de sacerdotes que hace 15 años. Quizás por eso son una iglesia viva, dinámica y floreciente.

Jorge Soley, en InfoCatolica el 26.11.15

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