Obispo chileno pide seguir “en lucha contra la cultura de la muerte y defendiendo al niño por nacer”

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Desde la mirada de la fe es imposible no ver la presencia del demonio detrás de esta avalancha de leyes contrarias a la ley de Dios y, por lo mismo, tan profundamente antihumanas”, declara Monseñor Francisco Javier Stegmeier

El año 2014, un año antes que la presidenta de Chile Michelle Bachelet presentase al Parlamento de su país un proyecto de ley que facilita el aborto, Portaluz entrevistó a Monseñor Francisco Javier Stegmeier, obispo de Villarrica.

Valiente, hablando sin rodeos y advirtiendo lo por venir, el Padre Obispo Stegmeier levantó entonces alertas ante una “cultura de la muerte” promovida por una ideología en todo contraria a los valores del Evangelio; defendida por Bachelet junto a una coalición de partidos políticos con mayoría en el Parlamento y avivada desde medios de comunicación co-ligados en esa estrategia y agenda de cambios radicales.

Esta semana, tras conocerse que en los próximos días el aborto será permitido y facilitado por ley, Monseñor Francisco Javier Stegmeier no teme reconocer que esto es un hito histórico, pues -en su opinión- también significa que “Chile ya no es un país católico”. A pesar de esto mantiene firme la esperanza, arenga a los creyentes y se alegra de la próxima venida de Papa Francisco confiando en que él vendrá “a confirmarnos en la fe y en nuestra lucha por la vida, por la defensa del derecho a nacer de los niños y por la mujer con embarazo vulnerable”.

El Tribunal Constitucional de Chile ha dado luz verde para que se legalice el aborto. ¿Cuál es su sentimiento al respecto?
Bueno es realmente un sentimiento casi de estupor. ¿Cómo es posible que se llegue a este extremo de desconocer la dignidad de la persona humana desde la concepción? ¿Cómo es posible que se llegue a legalizar lo que el Concilio Vaticano II califica como crimen abominable, el aborto?

¿Cómo debe enfrentar este momento la comunidad creyente?
Primero seguir rezando por la conversión de los abortistas, sabiendo que es el Señor quien conduce todas las cosas y por algún motivo ha permitido que se haya legalizado este crimen tremendo en Chile. En segundo lugar seguir defendiendo los derechos de los niños por nacer y luchar contra la cultura de la muerte que se está instalando en nuestra patria.
Ahora, que ya tenemos ley de aborto y que en nuestros hospitales, a pocos metros de nuestros hogares, tendremos niños que están siendo abortados, con mayor fuerza hemos de seguir defendiendo su derecho a que se les respete la vida. ¡Que no decaiga la esperanza, la unidad, la creatividad, para defender con fe al niño por nacer!

Desde que la presidenta Michelle Bachelet presentó al Parlamento el proyecto de ley que facilita el aborto los creyentes rezaron miles de rosarios, oraron cientos de horas ante el Santísimo, se manifestaron públicamente, unidos a los fieles de las iglesias evangélicas, suplicando a Dios su intervención para que no se aprobara esta ley de aborto. ¿No escucha Dios a su pueblo?
Tenemos la certeza que el Señor siempre nos escucha, pero Él tiene sus designios misteriosos que nosotros no siempre somos capaces de comprender aquí en la tierra. En el cielo comprenderemos por qué Dios permite este mal. Nuestra oración a la Virgen Santísima que llega a su corazón de madre y al corazón de Jesús, su Hijo, por algún motivo no ha hecho su efecto de  impedir esta ley de aborto. Pero recordemos la historia del Antiguo Testamento, de Israel. Justamente la dureza de corazón de Israel, su  desobediencia constante, su infidelidad a la ley de Dios, finalmente traía consecuencias terribles…

¿Habrá acá castigo de Dios?
Si uno usa el lenguaje bíblico, creo que estamos sufriendo un castigo de Dios por nuestra infidelidad, debido a que los mismos católicos han votado por el aborto, lamentablemente. Diputados y senadores católicos, que incluso van a misa, han legalizado este crimen. Es un misterio de la permisión divina que nuestros pecados deban pagarlos niños inocentes e indefensos.

Es obvio que miles de seres humanos serán asesinados al amparo de esta ley. ¿Qué otras consecuencias prevé?
Con esto se ha expresado públicamente que nuestra patria apostató de la fe. La legalización del aborto es un hito en la historia de nuestro país pues la institucionalidad de la nación -el gobierno, el parlamento…- está diciendo: nosotros no tenemos nada que ver con Dios, nada que ver con Jesucristo y con la fe católica; simplemente Chile como Nación ha dejado de ser cristiana.
Si san Alberto Hurtado se preguntaba años atrás: ¿Es Chile un país católico? Hoy ya no es necesario preguntarlo, sino reconocer que Chile ya no es un país católico. Hay católicos, cristianos, sí; pero como país realmente se ha producido el acto por el cual se apostata de la fe cristiana.
Y vendrán otros actos que corroboren esta apostasía. Ya anunció el envío del proyecto de ley del  así llamado “matrimonio igualitario”. Y luego vendrá la eutanasia, la ampliación de las causales de aborto… Desde la mirada de la fe es imposible no ver la presencia del demonio detrás de esta avalancha de leyes contrarias a la ley de Dios y, por lo mismo, tan profundamente antihumanas.

¿Cuál es ahora entonces la esperanza para una acción desde la fe que parece derrotada?
Nuestra esperanza está puesta siempre en el Señor y en que Él tiene sus caminos providenciales. Hay tantas personas en el mundo entero que sufren las consecuencias del pecado de otros. Es un misterio que se manifiesta en la cruz de Jesucristo; siendo Él inocente, justo, asume el pecado del mundo muriendo en la cruz por nosotros. Viendo a Cristo crucificado podemos vislumbrar desde la fe el sentido del sufrimiento del inocente.
Los niños abortados son inocentes, indefensos. Por la fe sabemos que todo tiene algún sentido, incluso el mal, y algún día se desvelará. Hoy, nuestra esperanza en Jesucristo, en su victoria sobre el mal, nos anima a seguir avanzando con mayor fuerza todavía en esta lucha contra la cultura de la muerte y la defensa del niño por nacer.  Además debemos prevenir embarazos que son vulnerables; después acompañar con prioridad a esas mujeres que viven situaciones complejas relacionadas con su embarazo, para que no aborten. Y si las mujeres han abortado, acompañarlas para que puedan ver que en ello hay un pecado, pero anunciándoles que pueden ser redimidas por la sangre de Jesucristo.
La victoria está de nuestra parte. Esta es una guerra que ya ha sido ganada por Jesucristo quien venció al pecado, venció a la muerte y al demonio. Podrá haber batallas que se pierden, pero la guerra está ganada.

La decisión del Tribunal Constitucional, la ley de aborto, esa apostasía que se ha expresado en Chile según usted afirma Monseñor, ¿pone dificultades a la próxima visita de Papa Francisco al país?
Pienso que con mayor razón tiene que venir el Papa. Nuestro Pontífice es valiente y va donde hay problemas. Visita lugares donde hay muy pocos católicos, donde la fe es perseguida. Precisamente porque él busca confirmar la fe de sus ovejas, aunque puedan ser muy pocas y sobre todo si están en situación de riesgo. Por lo tanto, precisamente porque  en Chile han legalizado el aborto, con mayor urgencia requerimos que venga el Papa Francisco a confirmarnos en la fe y en nuestra lucha por la vida, por la defensa del derecho a nacer de los niños y por la mujer con embarazo vulnerable.

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