“Me abortaron… y nací viva”

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Carta a “El Mercurio”:

El testimonio de Gabriela Moreno: “Se piensa en el derecho a elegir y no en el del niño por nacer”

El Mercurio, 15 de junio de 2016, Gabriel Pardo

La joven relata que su madre biológica intentó abortarla, pero sobrevivió -con una parálisis cerebral- y fue abandonada. Pese a ello, la adoptó un matrimonio. Hoy, a los 32, vive en Maipú, está casada, es profesional y acaba de tener a una niña. Lo primero que se percibe en Gabriela Massiel Moreno al verla es que sonríe agradecida. Como si supiera que su historia de vida -pese a algunas lágrimas, profundas preguntas o arduos esfuerzos- no es algo dramático, sino esperanzador.

Gabriela está sentada en su casa de Maipú y relata con voz amable que quiso hacer público su testimonio porque a otras personas les puede ayudar. Ella escribió una carta a “El Mercurio” titulada “Me abortaron… y nací viva”.

Su relato es crudo: “A mí me abortaron antes de cumplir seis meses de gestación. Mejor dicho, trataron de abortarme, pero nací viva. Pesé un kilo 70 gramos y medí 36 centímetros. Mi mamá biológica me abandonó en el hospital. Estuve tres meses en incubadora, y luego viví cuatro meses en la fundación Coanil”.

Debido a ese intento de aborto, Gabriela nació con una parálisis cerebral que tuvo consecuencias en su actividad psicomotora. “No puedo caminar sola, necesito apoyo para poder hacerlo, y también tengo problemas en la motricidad fina”, dice. Siendo una recién nacida, incluso, los doctores sospechaban que no podría hablar.

 

“Esta es nuestra hija”

El pronóstico era muy desalentador para ella. Apareció, sin embargo, el matrimonio del mueblista Osvaldo Moreno y Álvara Pinto, dueña de casa. Sabían del complejo diagnóstico que la recién nacida tenía, pero -recuerda su madre adoptiva- ambos dijeron “esta es nuestra hija”.

“Preguntamos al doctor, ¿cree que pueda lograr estudiar? No se sabe, respondió él”, dice su madre. Gabriela tuvo que asistir hasta los 20 años a la Teletón y actualmente usa bastones.

La joven aún recuerda que en su infancia se cuestionaba “por qué tenía que cargar con una culpabilidad ajena, por qué otra persona la quiso eliminar”. Hoy cree que su madre biológica, contra la que no guarda rencor, “todavía debe estar sufriendo” por la decisión que tomó. “Aunque no sepa si yo estoy viva o no”.

Pese a los médicos dudaban de que ella pudiera estudiar, asistió al colegio y luego completó su carrera de Periodismo en la Universidad Miguel de Cervantes, donde se tituló en 2012.

“Se supone que los periodistas deben correr tras la noticia, pero yo no podía. De todos modos me las arreglé, con apoyo del director de la escuela, aunque algunos profesores no creían que lo podría hacer o que no estaba preparada”, rememora sin perder la sonrisa.

Ahora espera que alguna institución le dé trabajo. “La mayoría de las personas tienen que golpear una o dos puertas, yo tengo que golpear diez”.

Ser madre

Gabriela cuenta que es evangélica y hace unos años, en un grupo de oración que convocó su madre a la casa, conoció a Gonzalo Díaz. “Supe que me casaría con él apenas lo vi”, dice. “A él nunca le importó mi discapacidad”, agrega. Luego vendría un desafío para ambos. Querían formar una familia.

Había riesgo. Le dijeron que su discapacidad podría aumentar tras el embarazo. Afortunadamente, eso no ocurrió. Y su hija Trinidad nació completamente sana.

“Cuando nació, no la pude abrazar, pero me la pusieron sobre mi cuello y ese fue el primer contacto que tuve con mi bebé. Fue un momento maravilloso. Yo, que fui abortada y nací viva, estaba trayendo al mundo a otra vida. Yo, a quien quisieron matar, yo, traía vida”, contó en su carta.

Dice que nunca ha tenido vergüenza de contar su testimonio y que incluso una compañera de la universidad le comentó un día que quedó embarazada y pensó en abortar, porque no se sentía lista para asumir ese cambio de vida, pero que al recordar su historia decidió otra cosa.

Gabriela afirma que quiere dar a conocer su relato, porque dice que muchas mujeres, respecto del tema del aborto, “son egoístas. Piensan en su derecho a elegir, pero no piensan en el derecho del niño que está en el vientre. Yo sentí el corazón de mi hija a las ocho semanas de embarazo. No me pueden decir que ahí no hay vida”.

Ella está consciente de que hay personas que sostienen otra posición, pero que su experiencia la lleva a ser contraria al proyecto de aborto bajo tres causales -inviabilidad del feto, peligro de la vida de la madre o violación- y pide que en el Parlamento se defienda con más fuerza la vida de niños inocentes. Antes de terminar la conversación, sentada junto a su hija Trinidad, de seis meses -nació el 3 de diciembre del año pasado- vuelve a sonreír y dice que hará todo para que ella sea feliz.

”Trataron de abortarme, pero nací viva. Pesé 1 kilo 70 gramos y medí 36 centímetros. Mi mamá biológica me abandonó en el hospital. Estuve tres meses en incubadora y luego viví en la fundación Coanil”.

”Yo sentí el corazón de mi hija a las ocho semanas de embarazo. No me pueden decir que ahí no hay vida”.

http://www.economiaynegocios.cl/noticias/noticias.asp?id=262343

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