Los sacerdotes Percival Cowley y Felipe Berríos, ¿para qué lado juegan?

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Gonzalo Ibáñez Santa María

En reciente carta al director publicada por El Mercurio, el sacerdote Percival Cowley se esmera en demostrar cómo el proyecto de ley sobre el aborto patrocinado por el gobierno no constituye una legalización del mismo sino una mera despenalización en los tres casos que contempla. Y justifica esa despenalización aduciendo el carácter grave de las situaciones en que cada uno de esos casos se encontraría la mujer embarazada. Pero, como señala el jurista José María Eyzaguirre en la misma página, ¿por qué entonces obligar al personal médico a practicar el aborto y a restringir una eventual objeción de conciencia hasta el punto de hacerla desaparecer? Concluye Eyzaguirre que, tal como está concebido en el proyecto de ley, el aborto que él estatuye pasa a ser plenamente legal.
Similar argumentación a la de Cowley ha esgrimido otro sacerdote, Felipe Berríos, para respaldar esta iniciativa señalando que en ningún caso corresponde castigar a la mujer que se practica el aborto. En definitiva, ambos sacerdotes, a través de eufemismos y de medias verdades dan su respaldo al proyecto de ley del gobierno. Por supuesto, no hacen ninguna mención a la vida de la criatura que es sacrificada en este ritual.
Nuestra legislación contiene los elementos necesarios para que, examinando caso a caso, el juez pueda tener en cuenta todas las circunstancias eximentes, atenuantes y agravantes que rodean a cada uno y así quedar en condiciones de dictar una sentencia que corresponda al distinto mérito que ellos presenten. De hecho, en nuestra realidad judicial, son contadísimas las sentencias condenatorias de mujeres en estos casos. En la práctica, el problema es otro Es muy sabido cómo detrás de muchos abortos está la presión de terceros que se ejerce sobre la mujer hasta el punto de forzarla a practicarse el aborto. La pregunta entonces es ¿cómo condenar efectivamente a los que presionan y así brindar a las mujeres protección para que no se vean forzadas a permitir un crimen en su propio cuerpo? ¿Cómo acompañar y apoyar a las mujeres que puedan sentirse abrumadas por un embarazo para que puedan llevarlo a buen término?
Para hacer justicia a las mujeres no es, pues, necesaria ninguna nueva ley, sino aplicar como corresponde las que ya existen. Y, de esa manera, brindar también adecuada protección a ese ser tan humano como cualquiera de nosotros que espera alcanzar la madurez necesaria para nacer.
La Iglesia Católica en su magisterio oficial ha condenado una y otra vez este crimen hasta el punto de denominarlo como “abominable”; pero, el que haya sacerdotes que, aprovechando su investidura, enseñen públicamente algo distinto, distorsiona por supuesto esa enseñanza. Esperamos, pues, la voz de nuestros pastores para que pongan las cosas en su lugar.
Nota: Este artículo fue publicado originalmente por El Muro, www.elmuro.cl.

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