Los católicos, las elecciones y el futuro de la familia

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ELECCIONES EN EL PERÚ

“TRADICIÓN Y ACCIÓN” A LA OPINIÓN PÚBLICA

Los católicos, las elecciones y el futuro de la familia

 

Al aproximarse la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, muchos nos preguntan por cuál de los dos finalistas —Keiko Sofía Fujimori o Pedro Pablo Kuczynski— debe un católico orientar su voto, ya que la primera vuelta fue tan excepcionalmente anómala y sin debate de ideas, que no permitió apreciar diferencias sustanciales entre ambos (aunque de manera simplista y forzada se buscase presentarlos como “populista” y “liberal” respectivamente). Así, la pregunta tiene todo propósito. Y como defensores del orden social católico, solo podemos responderla en función de las posiciones de ambos candidatos en el tema de fondo que más preocupa a la población, y que más que cualquier otro toca en principios y compromete el futuro del país.
Nos referimos a la crisis moral, sentida y sufrida por todos los peruanos como una omnipresente realidad cotidiana. Ella está en la raíz de los mayores problemas que agobian a la población, como la inseguridad, la violencia doméstica, la corrupción, la minería ilegal, el narcotráfico, etc.

 

Los temas-tabú artificialmente silenciados

A pesar de que esa crisis proyecta sus efectos de manera cada vez más visible, pocos líderes políticos hablan de ella. ¿Por qué actúan así? —Porque es el tema-tabú por excelencia, al que una especie de “respeto humano” laicista y amoral prohíbe referirse.
Al hablar de crisis moral necesariamente debe hablarse de sus raíces religiosas, ya que toda conducta moral se basa en una visión religiosa de la vida y del comportamiento humano[1]. Pero como el laicismo oficial no admite que males sociales puedan nacer de causas morales, impone una tácita pero terminante prohibición de tratar del asunto.
Esa extendida crisis, además, debilita las defensas de la sociedad frente a otro tema-tabú, la ofensiva revolucionaria contra la familia, —también silenciada por el mundo político— que avanza en varios frentes, intentando imponer el sexo libre, el aborto, la alucinada “ideología de género”, la parodia matrimonial o la “unión civil” homosexual, la despenalización de la droga, etc.

 

Demolición de la familia, nueva prioridad revolucionaria

En su conjunto, esos diversos frentes de acción apuntan todos al mismo objetivo, la demolición de la familia y de la sociedad. Y ocupan hoy en la estrategia revolucionaria el papel central que en el siglo pasado ocupara, bajo el socialismo y el comunismo, la demolición de la propiedad privada.

Ese cambio de objetivos viene siendo diseñado al menos desde la década de 1930 por los principales estrategas marxistas. Se lo denomina revolución cultural, y es actualmente la punta de lanza, la forma predominante de avance de la izquierda radical.
Sólo nuestros políticos parecen no ver que el mundo y el Perú padecen esa nueva modalidad de agresión revolucionaria. Salvo honrosas excepciones, actúan como si ella no existiese, en una isla de fantasía laicista, mientras a su alrededor el orden social se desmorona a la vista de todos día tras día.

 

Un proceso electoral falseado

Es sugestivo en tal sentido que en la primera vuelta, la mayoría de los candidatos —incluso varios tenidos como católicos— se acomodaron de un modo u otro a la agenda de la internacional LGBT, como si no supieran que el objetivo declarado de sus principales referentes es abolir el matrimonio y la familia [2].

 

Muchos candidatos también se callaron o tomaron posiciones ambiguas frente a propuestas de despenalizar el aborto, de imponer la perversa “ideología de género” en las escuelas, de liberar a los adolescentes de la tutela paterna, de descriminalizar el consumo de ciertas drogas, etc.
Por eso puede afirmarse que en la primera vuelta el país vivió un proceso electoral falseado. Pues la mayor amenaza a la sociedad peruana —la combinación letal de una crisis moral avasalladora con una multiforme agresión a la familia— fue ignorada casi por completo, cuando debía ser el principal tema de debate en la campaña.

 

Temas de familia, gran divisoria de aguas entre los candidatos

No obstante, los resultados del 10 de abril revelaron, una vez más, la tendencia marcadamente conservadora del electorado en esa materia. Lo cual colocó a los candidatos que quedan en carrera en una alternativa: o adaptarse a esa realidad, o perder apoyos tal vez decisivos.
Esto parece haber sido entendido por la líder de Fuerza Popular. Inicialmente ella había declarado que se opone al aborto pero acepta el llamado aborto “terapéutico”; y que rechaza el seudo-matrimonio de personas del mismo sexo, pero admite una “unión civil” de homosexuales que les garantice privilegios patrimoniales [3]. Posteriormente, sin embargo, firmó un compromiso sobre temas de familia, en el que rechaza tanto la “unión civil” como toda práctica abortiva[4]. Pero mantiene su propuesta de unión patrimonial, que alcanzaría a cualquier ciudadano y no apenas a un grupo privilegiado.

Su rival, en cambio, tomó un rumbo opuesto: el Plan de Gobierno de PPK enuncia en esa materia propuestas coincidentes con la agenda revolucionaria de los grupos LGBT y abortistas. Aunque las disimula en parte utilizando los eufemismos propios de esos grupos, como “prevención del embarazo adolescente” y otros, en el tema de la “unión civil” su apoyo es explícito y categórico [5], además de ratificado reiteradamente por el mismo Sr. Kuczynski. Y para no dejar dudas, su compañera de fórmula Mercedes Aráoz resalta el “parecido” de sus propuestas con las de la izquierda radical en “temas de la mujer”“libertades civiles” y otros[6].

 

Extraño espectáculo, en verdad, el de la llamada “derecha” liberal peruana convertida en compañera de ruta del extremismo revolucionario marxista, en su marcha hacia la anarquía sexual. Obviamente en esos puntos el Plan entra en conflicto con la doctrina de la Iglesia. Y como católicos nos cabe recordar la valiente y oportuna advertencia del Arzobispo de Arequipa a sus fieles: quien vota conscientemente por un candidato favorable al aborto y a las uniones homosexuales, peca gravemente.
Es cierto, no obstante, que la inmensa mayoría del electorado desconoce esos puntos del Plan de Gobierno PPK. Con lo cual el señor Kuczynski mantiene chances de elegirse.

 

El camino para una defensa eficaz de la familia peruana

Si en cualquiera de las hipótesis en juego se pretendiera imponer al país las propuestas anti familia, ¿qué hacer?  Los católicos peruanos tenemos a nuestro alcance una manera sumamente eficaz de enfrentar esa situación: es hacer oír nuestra voz en forma directa. Numerosos ejemplos lo atestiguan. En los últimos años, en varias naciones de América y Europa vienen surgiendo pujantes movimientos de opinión que de manera enteramente legal, mediante diversas modalidades de iniciativa popular, están logrando prevenir o derribar medidas contrarias a la familia que se quiso imponerles de forma totalitaria.
Integrados en su mayoría por jóvenes, esos movimientos son en general de raíz católica, y sorprenden por su número, determinación y sentido estratégico. Y en países como Estados Unidos, Francia, Polonia, Hungría, Finlandia, Rumanía y otros, están poniendo en jaque al establishment político laicista.
En América Latina sobresale el Brasil, donde sucesivos intentos de los gobiernos socialistas de Lula da Silva y su sucesora Dilma Rousseff para implementar las agendas de multinacionales abortistas, grupos de presión homosexuales y ONGs difusoras de la ideología de género vienen siendo una y otra vez derrotados por reacciones populares organizadas [ 7]. Ese camino es el que también debe seguir el Perú. Nuestra población mayoritariamente católica y conservadora, desencantada de la política partidista, siente que para evitar ser arrastrada hacia el caos social llegó la hora de manifestarse a favor de los principios morales y los valores culturales cristianos que nos identifican como Nación.

Cuando los partidos políticos dejan de ser cauces de expresión de esos ideales y de la preocupación ciudadana por preservarlos, la solución es buscar nuevas formas de expresar aquello que la población realmente siente, desea y reclama.

 

La batalla decisiva comienza después de la elección

Cualquiera que sea el vencedor el 5 de junio, inevitablemente se verá sujeto —lo mismo que el nuevo Congreso— a la presión de lobbies anticristianos empeñados en una transformación del matrimonio y la familia que equivale a su demolición. Dichos lobbies tendrán en el nuevo Parlamento varios voceros oficiosos, que no ocultan su encono hacia la Iglesia Católica.
Por otro lado, los privilegios legales y patrimoniales que esos grupos LGBT reclaman —violando descaradamente, cabe señalar, el principio de igualdad ante la ley— son apenas el comienzo: después vendrá la persecución legal a todos los que, apoyados en la ley natural y moral, se opongan a esas injustas prebendas (en varios países esa persecución ya comenzó). Por eso puede afirmarse que la batalla más importante se librará, no antes sino después de la asunción del nuevo gobierno. El futuro de nuestras familias se juega de algún modo en la actitud que las nuevas autoridades adopten ante esas previsibles presiones ideológicas.

 

A los líderes naturales de la sociedad, llamado a la vigilancia

Y aquí entra el papel de los líderes naturales. Si el nuevo gobierno se muestra vacilante o concesivo frente a tales presiones, competerá a esos líderes asumir la defensa de la sociedad, como catalizadores y voceros de sus anhelos. Para ese fin les cabrá en primer lugar, como han señalado los Obispos del Perú en su mensaje sobre las elecciones, “ejercer el derecho a supervisar y vigilar a nuestros representantes antes, en y después del acto electoral[8].

En segundo lugar les compete, dentro de la variedad de posibilidades que ofrece el marco legal peruano, articular a los ciudadanos en acciones públicas en defensa del orden moral y social siempre que este se vea amenazado, a ejemplo de lo que se realiza con éxito en otros países.

Tradición y Acción por un Perú mayor hace un llamado a esos líderes a cualquier título —social, empresarial, intelectual, profesional, etc.— en todos los estamentos de nuestra sociedad, y en particular a los católicos, para que se compenetren de la amplitud del desafío de la guerra cultural revolucionaria que enfrenta nuestra Patria, afiancen las convicciones morales de sus círculos de influencia, y permanezcan vigilantes y dispuestos a articular acciones contra cualquier intento de los poderes del Estado de desestabilizar a las familias peruanas.

Y sobre todo, frente a las incertidumbres que genera la coyuntura actual del Perú en un mundo cada vez más desestabilizado, comprendamos que ninguna fórmula, ninguna panacea, ninguna receta política, social o económica podrá ser verdaderamente eficaz para el bien común de la Nación si las nuevas autoridades políticas no se empeñan, con la colaboración de toda la sociedad, en atacar de raíz el deterioro moral que nos viene devorando.

Que Nuestra Señora del Rosario, Patrona del Perú, ayude a todos los peruanos, gobernantes y gobernados, a comprender esta verdad y actuar en consecuencia.

Lima, 13 de mayo de 2016

Fiesta de Nuestra Señora de Fátima

99° Aniversario de su primera aparición

http://www.tradicionyaccion.org.pe/voto2016/manifiesto.php

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