La trampa de Maduro

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La oposición había instrumentado una ofensiva exitosa que parecía que iba a arrinconar al régimen cuando surgieron propuestas de diálogo muy difíciles de evadir.

VENEZUELA

Por Pedro Corzo 12 de noviembre de 2016

La oposición había instrumentado una ofensiva exitosa que parecía que iba a arrinconar al régimen cuando surgieron propuestas de diálogo muy difíciles de evadir.

 

Los operadores políticos del despotismo venezolano han sido muy hábiles. La oposición había instrumentado una ofensiva exitosa que parecía que iba a arrinconar al régimen cuando surgieron propuestas de diálogo muy difíciles de evadir, si se tiene en cuenta que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) siempre ha actuado en el marco de la legalidad y favorecido la cohabitación política, sin dejar de trabajar por el cambio.

La crisis entre las partes estaba próxima al punto de ruptura. El Gobierno estaba decidido a cerrarle el paso a la oposición, voluntad que evidenció la comparecencia del general Vladimir Padrino López, que, apoyado en las bayonetas de sus vasallos, afirmó que el Parlamento pretendía incitar a la sublevación o la insubordinación, y que estaba afectando gravemente la institucionalidad por medio del caos y la anarquía.

El régimen está de nuevo a la ofensiva. Sigue teniendo el monopolio de la violencia gracias a la incondicionalidad de las Fuerzas Armadas y gana tiempo para seguir neutralizando los esfuerzos de la oposición.

Hasta el momento, el presidente Nicolás Maduro, léase el régimen, ha detenido el juicio en su contra en la Asamblea Nacional, la marcha hasta el palacio de Miraflores y, por supuesto, se ensanchan las interrogantes sobre el referéndum revocatorio que el Gobierno trata de impedir porque es consciente de su baja popularidad.

Es de suponer que los dirigentes de la oposición venezolana sabían que aceptar el diálogo detendría el acorralamiento del Gobierno, pero tampoco tenían otra alternativa. Rechazar el coloquio los hubiera situado en una posición de confrontación para la que no están preparados si quieren mantenerse actuando en la precaria legalidad que les confiere el chavismo.

Por otra parte, aceptar el reto impulsa la siempre presente semilla de la escisión en toda coalición que acoge puntos políticos e intereses contrapuestos.

Varios líderes de la MUD han expresado opiniones diferentes en relación con el diálogo, en consecuencia, el Gobierno ha enfocado sus ataques al sector de la oposición más reacio a sostener un coloquio del que no esperan resultados concretos a favor de la democracia.

La MUD, a la que no se le deben negar los éxitos alcanzados, está enfrentando, tal vez, el reto más grande desde su constitución, pues está obligada a mantener la cohesión entre sus integrantes, precisada a balancear sus actuaciones y sus futuros empeños en el precario marco legal que ha impuesto el Gobierno.

El régimen apuesta a un cisma en la oposición, con ese objetivo es muy posible que recurra a elementos provocadores que ejecuten actos extremos para culpar a la oposición, o que logren que elementos contrarios al Gobierno, ante la frustración que pueda causar la falta de resultados, los produzca.

A pesar de acusar a la oposición de estar a favor de la desestabilización, Maduro y su corte están convencidos de que la inmensa mayoría de sus contrarios favorece la negociación y el diálogo, ha demostrado hasta la saciedad ser partidaria de una solución no violenta del diferendo nacional.

El Gobierno tratará de ganar tiempo. Nicolás Maduro interpretará alguna que otra vez el papel del policía bueno. Prometerá paz, amor y reconciliación. Por el contrario, Diosdado Cabello será el policía malo, sus amenazas serán cada vez más frenéticas, presagiará el infierno para los que no comulguen con el chavismo y asegurará que no hay posibilidades de acuerdos que solucionen los problemas del país.

La MUD también deberá tener en cuenta que entre los mediadores tiene enemigos de oficio. Ernesto Samper siempre ha estado listo para socorrer el chavismo. Históricamente, la gestión del ex mandatario colombiano, como la de su colega José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido favorable a los déspotas venezolanos.

La dupla Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, junto a la corte que se ha formado a su alrededor, no considera abandonar el poder. Intenta conservar el control a como dé lugar, lo que obliga a la oposición a ser creativa, audaz y trabajar para que la mayoría ciudadana no pierda la confianza en su gestión y siga rechazando el régimen, aun en el caso de que el chavismo volviera a tener recursos suficientes para continuar con su política clientelar.

http://www.infobae.com/opinion/2016/11/12/la-trampa-de-maduro/

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