La marcha de la locura constituyente

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Ramón Escovar León

“El Nacional” de Caracas 23 de junio de 2017


“Un fenómeno que se advierte a través de la historia con independencia del lugar o la época es la adopción por los gobiernos de políticas contrarias a sus propios intereses. El género humano, parece, exhibe un comportamiento más pobre en el ejercicio de gobierno que en cualquier otra actividad humana”, afirma Barbara W. Tuchman en su muy citado libro The March of Folly: From Troy to Vietnam. Vale la pena acudir al archivo y recordar la obra canónica de esta historiadora norteamericana, ya que no pierde vigencia, y menos en esta época menguada de nuestra historia.

Tuchman destaca el error persistente y consciente en varios episodios históricos: la guerra de Troya (capítulo 2), la política de los papas ante el movimiento que culminó con el protestantismo (capítulo 3), la política británica en la independencia de sus colonias americanas (capítulo 4), y la guerra de Vietnam (capítulo 5). Lo que hay en común en todos estos ejemplos -y en otros que cita- es el empeño de los gobernantes por ejecutar, de forma persistente, reiterada, perversa y consciente, políticas contrarias al interés colectivo de sus pueblos. También se pregunta: “¿Por qué quienes detentan el gobierno actúan tan a menudo contrariamente a lo que la razón sugiere y el propio interés aconseja?”. Se trata de persistir en un error que tiene como consecuencia la derrota y el fracaso.

Sería bueno que la minúscula -y cada vez más sectaria- élite que dirige la unión “cívico-militar” leyera este libro para que descubriera que los espera una derrota determinante, independientemente de que alarguen la arruga con vías como la fraudulenta asamblea nacional constituyente. (Aquí vale la pena recordar el chiste atribuido a Salvador Garmendia. Parece que una vez entró en una reunión del Partido Comunista, y cuando los vio a todos dijo: “Somos pocos, pero sectarios”).

Por otra parte, se pregunta Tuchman las razones por las cuales los troyanos, “pesados en vino”, abrieron las puertas de la muralla y permitieron la entrada del mítico caballo sin revisar su vientre, en el cual venían los enemigos que destruyeron la ciudad. Asimismo, la autora menciona otros ejemplos como las razones de los papas del Renacimiento que provocaron el cisma de la reforma protestante, y las motivaciones de los gobiernos americanos que persistieron en ese error que fue la guerra de Vietnam. El denominador común es la equivocación consciente.

Lo mismo ocurre con el chavismo, un error en permanente expansión, impedido para rectificar, debido a los dogmas ideológicos, y sin contexto continental desde hace ya tiempo, como lo pronosticaba Jesús Sanoja Hernández para quien el chavismo no llegaría al año 2020, entre otros factores, por la mengua de sus aliados.

Aquí cabrían un montón de interrogantes: ¿qué llevó a Hugo Chávez a lanzarse sobre PDVSA y poner allí funcionarios sin experiencia hasta producir su ruina? ¿Las razones políticas que lo llevaron a entregarles tanto a los cubanos sin nada a cambio? ¿Por qué las expropiaciones que iban a producir las quiebras de empresas rentables? ¿Por qué persistir en la política de controles desmedidos de precios en la economía? ¿Por qué el control del TSJ y la elección de magistrados basados en la fidelidad a un proyecto político y no en sus habilidades profesionales? ¿Por qué Hugo Chávez designó a Nicolás Maduro como su sucesor político? Todo esto merece una reflexión y una respuesta. Ello lo explica Tuchman: la “insensatez es hija del poder”.

Barbara Tuchman propone cuatro modelos de desgobierno: a) De la tiranía y la opresión; b) de la ambición desmedida; c) de la incompetencia; y d) de la insensatez o la perversidad. En la Venezuela del presente se consolidan las cuatro categorías mencionadas. Esta marcha de la locura, a que nos lleva la unión cívico-militar, tiene como último paso la propuesta de asamblea nacional constituyente que pretende llevarse a cabo con el repudio de más de 80% de la población y el desprestigio internacional.

El pueblo venezolano se opone de manera abrumadora a la constituyente, pero la unión cívico-militar pretende llevarla a cabo a punta de bayonetas, lo cual es insostenible a perpetuidad. Esta constituyente -y la Constitución que de ella pretenden derivar- no va a resolver los problemas de corrupción, inseguridad, alimentación, salud, educación, miseria, paz y convivencia; todo lo contrario, va a agravarlos por lo que el repudio general será aún mayor para la fecha que tienen prevista llevar a cabo este inmenso fraude constitucional.

La única salida sería un arrebato de sensatez en el que el presidente Maduro depusiera este error en movimiento que es la constituyente; y que, por medio de una negociación política, se buscara una salida electoral con un órgano imparcial y confiable. Sin embargo, no es posible hacerse mayores ilusiones, porque el marxismo venezolano es sectario y dogmático. Asimismo, y como apunta Tuchman, “para un jefe de Estado, admitir el error, es casi imposible”.

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/marcha-locura-constituyente_189075

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