La idea del Papado que el Cardenal Bergoglio “esperaba ver implementada”

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Gabriel Ariza  –   InfoVaticana  –  27 diciembre, 2017

El que fuera arzobispo de San Francisco, Estados Unidos, John R. Quinn, conoció al Papa Francisco en Roma en abril de 2012. Bergoglio le felicitó por su libro “la reforma del Papado” y le dijo: “espero verlo implementado”. 

Abril de 2012. La renuncia de Benedicto era aún algo inimaginable, y el escándalo Vatileaks no había saltado. Ni siquiera había sido destituido Gotti Tedeschi. Nadie imaginaba que faltaba menos de un año para un cónclave. Dos arzobispos se conocen, por casualidad, en una cafetería de Roma. Uno de ellos, Jorge Mario Bergoglio, era conocido por haber estado cerca de ser elegido Papa en el cónclave de 2005. El otro, John R. Quinn, había sido 20 años atrás arzobispo de San Francisco y presidente de la Conferencia Episcopal estadounidense, pero tuvo que renunciar diez años antes de cumplir la edad por unos escándalos relacionados con abusos sexuales y administración desleal.

Tras su salida de la diócesis, Quinn se dedicó a su propuesta de reforma del papado, ideada en respuesta a la encíclica ‘Ut unum sint’ de Juan Pablo II sobre el empeño ecuménico, y que Quinn condensó en el libro “La reforma del Papado”, publicado en Estados Unidos en 1999.

En aquella cafetería romana, Bergoglio saludó a Quinn, y le felicitó por su libro, que confesó haber leído: “He leído su libro y espero que sea implementado” (“I’ve read your book and am hoping it will be implemented”). Quinn relató la historia el 25 de junio de 2014 a unos 225 sacerdotes en una reunión de la Asociación de Sacerdotes Católicos de EE. UU en San Luis, y el relato fue recogido por el Register. ¿Y qué dice el libro de Quinn que Bergoglio quería ver implementado?

El libro de Quinn leído y aprobado por el cardenal Bergoglio se remonta al año 1999 y tiene el título programático: “The reform of the papacy. The costly call to Christian unity”. En Italia ha sido traducido por la Editorial Queriniana en el año 2000 con el título: “Por una reforma del papado. La difícil llamada a la unidad de los cristianos”.

El volumen, según explicó Sandro Magister en un artículo, se presenta como una reflexión sobre la Encíclica de Juan Pablo II “Ut unum sint”, de 1995. La encíclica, según el autor del libro, “rompe claramente con el pasado y es, en muchos aspectos, revolucionaria” pues “exalta el modelo sinodal de la Iglesia del primer milenio e insiste sobre el hecho de que el Papa es un miembro del colegio de los obispos y que el primado debe ser ejercido de manera colegial”. El propio Magister hacía entonces un resumen de los puntos más destacados de la obra:

En resumen, la “Ut unum sint” – siempre según Quinn – “testimonia el hecho de que aceptar el Vaticano I y su enseñanza sobre el primado de jurisdicción no excluye una comprensión más amplia del primado” y “hace entender que el Vaticano I no era la última palabra”.

Partiendo de este postulado, Quinn hace una serie de propuestas concretas que atañen el gobierno de la Iglesia. Por ejemplo, en lo que concierne a las conferencias episcopales, a pesar de las normas restrictivas contenidas en el motu proprio de 1998 sobre su naturaleza teológica y jurídica, Quinn sostiene que hay que considerarlas una verdadera realización de la colegialidad episcopal con una función real de magisterio, también doctrinal.

En lo que respecta al sínodo de los obispos, indica la necesidad de sustraerlo del control de la curia romana, excluyendo de él la automática presencia de los jefes de dicasterio. Respecto al nombramiento de obispos, Quinn desea, como obsequio a la “auténtica eclesiología” del Vaticano, que en la elección de los candidatos se redimensione drásticamente el papel de los nuncios, dando en cambio un papel preminente a los obispos de las correspondientes provincias eclesiásticas y, en suborden, a los presidentes de las conferencias episcopales.

En práctica, por lo tanto, “la lista de los nombres elegidos por los obispos debería ser enviada a Roma directamente por el arzobispo de la provincia metropolitana, con la indicación del parecer positivo del presidente de la conferencia”, mientras que “no debería haber ninguna discusión sobre la lista entre los obispos de la provincia y Roma”, como tampoco ninguna función por parte del nuncio. Y si Roma no está de acuerdo con la lista “esta debería ser reenviada a la provincia para ulteriores consideraciones y enmiendas”. Hay que añadir a todo esto una mayor implicación por parte de los sacerdotes y laicos, siempre que se evite la politización, los sectarismos y las violaciones del secreto.

Estas nuevas modalidades en la elección de los obispos servirían – según Quinn – para obviar los “graves problemas” causados por los procedimientos en vigor. Y cita el retraso en cubrir las sedes vacantes, el excesivo “énfasis” en la elección de candidatos que den confianza doctrinal segura, el traslado de un obispo de una sede a otra, la multiplicación los auxiliares.

Quinn apoya también la sustracción al colegio cardenalicio de la exclusividad en la elección del Papa. Sugiere que se admitan en el cónclave los patriarcas de las Iglesias católicas orientales, aunque no se les haya concedido la púrpura; que participen en el voto al menos algunos presidentes de las conferencias episcopales y que se permita a las grandes organizaciones laicas que indiquen a los electores las cualidades que ellos desearían ver en el nuevo Papa.

Por último, para Quinn el nudo decisivo de una reforma del papado cuya finalidad sea la unidad de los cristianos no es sólo la centralización, sino también la reforma de la curia romana. Una curia romana que, ante todo, debería tener menos obispos y menos sacerdotes. Y a este propósito Quinn tacha como “abuso del sacramento del orden sagrado y del oficio de obispo” el hecho de que los secretarios de los dicasterios vaticanos sean elevados sistemáticamente a la dignidad episcopal.

Quinn falleció en San Francisco hace pocos meses, sin ver implementada su obra.

https://infovaticana.com/2017/12/27/la-idea-del-papado-cardenal-bergoglio-esperaba-ver-implementada/

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