Escalofriante como los secuestros fue evidencia de que en esta tierra el Estado parece no existir.

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COLOMBIA: Juan Lozano

La república independiente del Catatumbo

Escalofriante como los secuestros fue evidencia de que en esta tierra el Estado parece no existir.

El Tiempo de Bogotá, 30 de mayo de 2016

Durante muchos meses, la bandera del ELN ondeó como insignia de dominio y control en la antena más alta de El Tarra, notificando a todos sus habitantes quién manda en el municipio, quién ejerce el poder en la zona. Una gran crónica publicada en ‘La Opinión’, de Cúcuta, se constituye en la mejor radiografía del abandono del Estado, de la aproximación equivocada del Gobierno en la zona y de lo que nos espera en el post-conflicto si Santos no introduce correctivos y sigue creyendo que el camino a la paz pasa por desmantelar las instituciones, hacer todas las concesiones exigidas por el terrorismo y dejarle el terreno franco y abierto para que se deje sacar una foto y firmen algún acuerdo.

“El acordonamiento del sector duró más de una hora, con la vigilancia de la comunidad asomada, discretamente, a la espera del desmonte, o de un desenlace fatal, la expectativa por el silbido del eventual disparo de un francotirador, o un impacto silencioso que desplomara un cuerpo… para qué la bajan si mañana vuelve a amanecer ahí… durante más de una hora, dos cuadras de la calle principal estuvieron en absoluto silencio y solo esporádicamente se escuchaban algunas voces cuestionando un ingreso de tal magnitud por una bandera… Esa era la única antena que funcionaba bien”, comentaron algunos habitantes…

 

Ya las declaraciones del alcalde de El Tarra habían encendido alarmas. Su teoría consistía en atribuir a la valiente Salud Hernández la responsabilidad de lo ocurrido con su secuestro y de cualquier desenlace fatal que, jubilosamente, no se produjo, gracias a la intensidad del clamor nacional e internacional y a la eficaz tarea de Iglesia y Defensoría.

Mientras tanto, Santos, disfrazado con un extraño casco, en vez de ser firme y claro rechazando el secuestro, informaba al país que fuentes fidedignas le habían dicho que Salud andaba haciendo un trabajo periodístico por su propia voluntad y el Ministro de Defensa, como si viviera en otro país o quisiera engañar a éste, declaraba: “No tenemos evidencia para decir si es un secuestro”. ¡Qué vergüenza!

De manera injusta, creo yo, cayeron rayos y centellas contra la Fuerza Pública. Era fácil atribuir la sinfonía de declaraciones contradictorias a fallas de inteligencia militar. Sin embargo, lo más grave, según lo ha indicado Rafael Nieto, es que el Presidente había sido informado sobre las comunicaciones que confirmaban que Salud estaba en manos del ELN. Este problema no es de los comandantes en la zona. Es del Comandante en Jefe y su ministro de Defensa.

Y eso ha conducido a que en un coctel criminal en el Catatumbo convivan hoy las FAEC, el ELN, el EPL, los peludos, las bacrim, los herederos de ‘Megateo’ y los agentes del cartel de Sinaloa cambiándose continuamente los brazaletes y los camuflados. La revista ‘Semana’ señala que el EPL es el grupo que más ha crecido porque está ocupando las zonas de las FARC, recordando sus sociedades desde cuando las FARC, a través del EPL, mantuvieron negocios con los ‘paras’.

Lo que corresponde ahora es que el Gobierno asuma en serio la defensa de la libertad de prensa y replantee sus ausencias en el Catatumbo. Se requiere una intervención integral sin politiquería en la zona, con inversión social y oportunidades reales para sus pobladores. Y que deje de resignarse a que sean las banderas del ELN, las armas de los narcos, los brazaletes intercambiables de las guerrillas y la intimidación de los criminales los que impongan la pauta en el Catatumbo.

También debe rectificar el desastroso manejo que ha dado a los cultivos ilícitos multiplicados desde la mala firma del acuerdo del 2013. Finalmente, el Gobierno debe dejar de hacerse el de la vista gorda frente a las dos toneladas mensuales de coca que salen del Catatumbo vía Venezuela. Ese es el verdadero motor de la guerra. Si no se controla, no hay acuerdo de paz que valga.

 

JUAN LOZANO

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