El ave fénix y la derecha

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De acuerdo con una leyenda de origen inmemorial, el ave Fénix sería un ave fabulosa que era consumida por las llamas para luego resurgir de sus propias cenizas.

Las noticias de esta semana sobre el “suicidio” o la supuesta “muerte” de la derecha producida por el caso “Penta”, y/o por la salida del movimiento “Amplitud” de la Alianza, nos trae a la memoria el mito del ave Fénix.

A la derecha se la enviado en muchas ocasiones a la UTI, y en esas ocasiones los politólogos han fruncido magisterialmente el ceño y le han dado un desahucio irreversible. Sin embargo, para sorpresa de muchos, la misma cantidad de veces ella ha renacido, cual ave Fénix, “desde las cenizas”.

Recordemos las elecciones parlamentarias de 1965 en las cuales la derecha casi desapareció del mapa político.  Sin embargo, ocho años más tarde todo el país apoyaba el derrocamiento de la Unidad Popular, y el año 1980, casi el 70% apoyaba la nueva Constitución, claramente anti socialista y por supuesto anti comunista.

¿Cómo explicar este fenómeno tan particular?

La respuesta es más fácil de lo que parece a primera vista. Para comenzar se debe distinguir, por un lado, lo que es la derecha, de lo que son los partidos políticos de la derecha.

La primera, la derecha, es una mezcla de convicciones, sentimientos, hábitos y mentalidad que existen, difusos y en variadas intensidades, en un sector preponderante de la opinión nacional. Ella no se confunde con los partidos políticos y muchas veces, ni siquiera se identifica enteramente con ellos.

Si tuviéramos que sintetizar esas convicciones en algunos principios concretos, diríamos que ellos son el gusto por las tradiciones nacionales, sean de carácter religioso o cívico; el anhelo de formar una familia natural y educar a sus hijos de acuerdo a sus propios principios y, por último, la convicción de que su propiedad es el justo fruto de su trabajo, y como tal debe ser respetado por todos.

En resumen, la tradición, la familia y la propiedad subyacen en lo que hoy algunos llaman, un poco pedantemente, el inconsciente colectivo.  Al respecto, el fallecido sociólogo Otto Boye (DC), afirmaba en 1984: “Durante mucho tiempo se consideró en nuestro país que el integrismo (sic) católico de derecha era una posición minoritaria sin posibilidad alguna de llegar a tener mucha influencia en la Política nacional. La historia de la última década ha puesto de relieve que se trataba de un profundo error”. ([i])

Por su parte, los partidos de derecha son las agrupaciones políticas de personas guiadas por el deseo de servicio público, aunque no siempre lo cumplan, que se basan en ese sentimiento nacional para concretizarlo en políticas en ese sentido.

Ciertas veces lo realizan; otras veces, producen decepciones. Es este último caso, la izquierda cree que es la ocasión para “avanzar sin transar”, sin embargo lo que producen no es sino estimular en quienes tienen la mentalidad de derecha el deseo vehemente de partidos más fieles a sus convicciones.

Así, la derecha como afirmación de principios y sentimiento nacional, “renace de sus cenizas”, pues en verdad ella nunca ha dejado de existir en el País.

La segunda, la derecha política, sufre de un complejo crónico de inferioridad. Y a causa de este mal, a menudo intenta disimular su identidad. De tanto disimularla, pierde la simpatía de sus naturales aliados y nunca conquista la de sus adversarios.

De ahí a su muerte hay sólo un paso, y esto es lo que le costó la vida a muchos de esos partidos, que comenzaron a pensar en “una agrupación más moderna”, lo cual en verdad significaba más flexible y acomodaticia. Y la encontraron…



[i] Revista “Análisis” N° 79, del 10-4-84.

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