Cuando sólo manda la mala doctrina

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Destacado CredoUna de las características de un buen Gobierno es tener una doctrina correcta que sea capaz de orientar políticas públicas acertadas.

En efecto, existe entre la doctrina y las acciones concretas, una relación análoga a la que hay entre la cabeza y  el organismo humano. La cabeza debe pensar las acciones mejores para el conjunto de las actividades del individuo, pero debe tener muy en cuenta la “resistencia de los materiales” que lo constituyen.

EL peor escenario para un País es cuando el Gobierno tiene una doctrina mala, y no toma en consideración las realidades concretas sobre las cuales actúa.

Esta suma de errores es lo que estamos viviendo hace ya tres meses en Chile, y en esta semana se delineó de modo más claro aún.

¿Cuál es la doctrina que orienta al actual gobierno?

Si tuviéramos que definirla en dos ideas, diríamos que consiste en pensar que toda desigualdad es en sí misma un mal y que la única forma de solucionar ese mal es a través de la intervención estatal.

Ambas ideas matrices del Gobierno de la “Nueva Mayoría” se inspiran en los socialismos reales de la década del 60, cuyos frutos no han sido sino mayor pobreza y menos libertades individuales.

La “Nueva Mayoría” parece querer enrielarse en esas locomotoras que se llaman Venezuela o Argentina y que han conducido al total desastre a sus naciones.

Para no quedar sólo en la teoría, tomemos un ejemplo de esta semana: la educación.

Nadie pone en discusión que, de todos los establecimientos educacionales que proveen educación, el que obtiene peores rendimientos es el público. Es decir, el meramente estatal.

El actual Gobierno, en vez de comenzar por reconocer la realidad concreta –los malos frutos de la enseñanza pública– comienza por imponer su “doctrina”, que consiste en la afirmación apriorística de que el Estado debe ser el principal proveedor de educación.

Sin embargo, para mal de las teorías estatistas del Gobierno,  la realidad es porfiada. Así, los padres de familia, desde hace años,  han venido optando de modo creciente por la enseñanza particular subvencionada y abandonando la educación pública y/o municipalizada.

Esta semana, las teorías se vieron enfrentadas a la realidad presentada en el Congreso Nacional de Fide, realizado en Pucón, con la presencia de más de 1000 sostenedores de colegios y con la presencia de los ex ministros de Educación de Gobiernos anteriores, Brunner y Bayer.

De acuerdo a la opinión de Brunner “el término del financiamiento compartido  va a perjudicar entre 300.000 y 600.000 niños, que es la cifra de quienes están en colegios que tienen más copago. Esto podría generar migraciones no deseadas de algunos grupos aumentado la segregación que se busca combatir”.

En palabras más simples, muchos padres, que prefieren hacer un sacrificio económico mayor por la buena educación de sus hijos, pasarán a los colegios particulares pagados. Las familias que no puedan, quedarán en la enseñanza pública. De este modo, lógicamente se generará un abismo entre unos y otros.

No cuesta mucho imaginar que poco más adelante se querrá, con los mismos argumentos, acabar también con la enseñanza particular pagada. Así, quedará sólo el Estado como gran proveedor de enseñanza a los niños. El ideal socialista.

Dejamos para la próxima semana otros aspectos de esta imposición socialista a toda la vida nacional.

 

 

 

 

 

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