Con manos vacías, venezolanos huyen hacia donde sea

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DANIEL SHOER          “EL NUEVO HERALD”               26 DE AGOSTO DE 2017


Casi a diario, en la cascada de información vertida sobre Facebook, se desvela alguna nueva crónica fechada en otra recóndita esquina de la Tierra a la que recientemente llegó una ola de venezolanos escapados del peligro, la miseria y la desesperanza. Yace en cada escrito esa condición universal de la raza humana, que desde los orígenes fuimos especie nómada y lo seguimos siendo –aunque a la correría global en busca de la supervivencia hoy se le denomine migración.

La gente huye por cualquier grieta del paredón de la grave crisis. Y se filtra por cualquier tubería que penetre otra frontera. Paulatinamente, a lo largo de dos décadas, el venezolano se ha transformando en un pueblo itinerante de diáspora; en una comunidad transnacional enlazada por el mismo dolor y el miedo ante lo desconocido. Su unidad es la desunión.

La “diáspora bolivariana”, estimada en más de dos millones de personas, se hace sentir, literalmente, hasta en la China. Un despacho de agencia desde Shanghái daba cuenta en este diario de los chinos venezolanos que retornaron a la tierra de los dragones. Para ellos, igual que para otros, el “sueño latinoamericano” se tornó pesadilla: precariedad material y moral inconcebibles.

Venezuela se coronó como país receptor de inmigrantes que lograron integrarse sin desapegarse de sus tradiciones culturales, abrigados por la hospitalidad familiar del gentilicio venezolano. Así se constituyó nuestra sociedad, un crisol de nacionalidades, razas y confesiones religiosas. Pero la ilusión de la estabilidad duró poco y se desvaneció, ante la hecatombe del chavismo, con un gesto de renuncia a la vida construida desde los cimientos.

Los privilegiados con doble nacionalidad o hijos de extranjeros, se largaron con facilidad por vía legal, al igual que las familias acaudaladas con propiedades en el exterior y los profesionales a quienes fue factible la emigración en virtud de sus talentos. Se desató una fuga de cerebros beneficiosa para las sociedades de acogida, desangrándose, empero, la intelectualidad en el territorio nacional.

En tiempos recientes, el éxodo adquirió otro matiz, fomentando una segunda diáspora de caminantes y balseros a bordo de frágiles botes en las guerreras aguas del Caribe, o abriendo sendero a golpe de machete en la espesura de la selva amazónica. Por la línea divisoria occidental, la dramática avalancha humana hacia Colombia resulta impactante; en sus rostros, esa población deja transparentarse la miseria y el descalabro en que está sumida. Más de medio millón de venezolanos solicitaron la tarjeta de movilidad fronteriza, informó el gobierno vecino.

Cualquier sitio, sin duda, es mejor que Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de crudo donde nueve de cada 10 hogares no pueden nutrirse debidamente por la endémica escasez de alimentos. Agobiados por la condición de su entorno, los venezolanos saltan por encima de los obstáculos y salen “con lo que tenemos en las manos”, me relató una joven profesional y madre en un evento de repartición de útiles escolares en Doral hace pocas semanas.

Me asombró, confieso, ver congregados a tantos compatriotas precisados de ayuda. La pobreza es una realidad para estos inmigrantes que entran de manera inadvertida a la capital del exilio venezolano en busca de pan, techo, abrigo y trabajo. Prevalece un mito sobre la prosperidad económica de la emigración venezolana en Florida. Es falso. Un reportaje en este periódico recogió testimonios de organizaciones caritativas e iniciativas comunitarias a las que los recién llegados se aferran como un salvavidas. La solidaridad comienza a aflorar con mayor ímpetu.

En otras latitudes como el norte de Brasil, los venezolanos mendigan en los semáforos, y en Colombia, pernoctan en parques públicos. Esta es una tragedia humana que exige humildad ante los misterios del destino, la pérdida de la patria y la incertidumbre inherente a los flujos migratorios. Veremos de qué forma el abundante capital humano esparcido por el globo contribuirá a la reconstrucción del país, si llegara tan anhelado día. De momento, varias noticias fechadas en Miami demuestran que no estamos de brazos cruzados.

http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/daniel-shoer-roth/article169391022.html

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