Comunicado de prensa de la Filial Súplica en el Centenario de la última aparición de Nuestra Señora de Fátima

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3 cardenales, 9 obispos, 636 sacerdotes diocesanos y religiosos, 46 diáconos, 25 seminaristas, 51 hermanos religiosos, 150 religiosas de vida activa y de clausura, además de 458 personas entre profesores de Teología, profesores de religión, catequistas, agentes pastorales y profesores universitarios en general , firman una  “Declaración de Fidelidad a la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y a su ininterrumpida disciplina” recibida de los Apóstoles.

Roma, 13 de octubre del 2017

El día 29 de septiembre de 2015, festividad de San Miguel y de todos los Arcángeles, la Secretaría de Estado de la Santa Sede recibió la Filial Súplica al Papa Francisco sobre el futuro de la Familia, suscrita por 790.190 católicos procedentes de 178 países, entre los cuales ocho cardenales, 203 arzobispos y obispos e incontables sacerdotes de todo el mundo. Más tarde, fueron entregadas 89.261 nuevas adhesiones, totalizando 879.451 firmantes.

El texto suplicaba al Papa Francisco “una esclarecedora palabra” que disipase la “generalizada desorientación causada por la eventualidad de que en el seno de la Iglesia se haya abierto una brecha que permita la aceptación del adulterio —mediante la admisión a la Eucaristía de parejas divorciadas vueltas a casar civilmente”.

Hasta el día de hoy, el secretariado de la “Filial Súplica”, que para el efecto representa una coalición de más de 60 instituciones pro-familia y pro-vida de los 5 Continentes, no ha recibido siquiera un acuse de recibo de parte de la Santa Sede. Esa omisión resulta tanto más paradojal cuánto el Papa Francisco manifiesta que desea una Iglesia vecina a los problemas de los fieles y al pueblo en general, bien como abierta al diálogo.

Trascurrido el segundo Sínodo sobre la Familia y publicada la exhortación Amoris Laetitia, los organizadores de la “Filial Súplica” redactaron una “Declaración de Fidelidad a la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y a su ininterrumpida disciplina” recibida de los Apóstoles, dando curso así a una sugerencia comunicada por altas esferas eclesiásticas.  No disponiendo de los mismos medios logísticos de la primera iniciativa y tratándose esta vez de un documento significativamente más extenso, el secretariado de la “Filial Súplica” colocó en fecha XXX dicha Declaración en su sitio internet, de modo que la pudieran firmar aquellos que así lo desearan.

La Declaración de Fidelidad ha alcanzado la suma de 35.112 firmas, entre las cuales se cuentan las firmas de 3 cardenales, 9 obispos, 636 entre sacerdotes diocesanos y religiosos, 46 diáconos, 25 seminaristas, 51 hermanos religiosos, 150 entre religiosas de clausura y de vida activa, a los cuales se deben agregar 458 laicos entre académicos en general, profesores de teología, profesores de religión, catequistas y agentes pastorales.

¿Qué afirman los firmantes de la Declaración de fidelidad?*

Como ya el título lo dice, ellos reiteran en modo explícito y formal “la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y su ininterrumpida disciplina” a causa de que “errores acerca del matrimonio y de la familia han sido muy difundidos en el ámbito católico después del Sínodo extraordinario y del Sínodo ordinario sobre la familia y la publicación de Amoris Laetitia”.    

En este cuadro general, la Declaración expresa la voluntad de los firmantes de permanecer fieles a las enseñanzas inmutables de la Iglesia sobre la moral y sobre los sacramentos del matrimonio, de la Reconciliación y de la Eucaristía y a su perenne disciplina por lo que dice respecto a dichos sacramentos”.

Entre otros importantes aspectos, los firmantes específicamente desean reiterar que “todas las formas de convivencia more uxorio (como esposo y esposa) fuera de un matrimonio válido son gravemente contrarias a la voluntad de Dios; que las uniones irregulares contradicen el matrimonio querido por Dios y jamás pueden ser aconsejadas como un prudente y gradual cumplimiento de la Ley Divina”.

Ellos reafirman también que una conciencia bien formada no puede concluir:  

  • que la permanencia en una situación objetivamente pecaminosa sea lo que Dios en esa circunstancia pida de ella;
  • que el cumplimiento del sexto mandamiento y la indisolubilidad del Evangelio sean meros ideales;
  • que a veces pueda ser insuficiente la gracia para vivir castamente en el propio estado, lo que supuestamente daría un “derecho” a algunos a recibir la absolución y la Eucaristía;
  • que no basta tener una consciencia subjetiva para auto-absolverse del pecado de adulterio;

Enseñar y ayudar los fieles a vivir conforme a estas verdades – concluyen los signatarios – es en sí mismo una “eminente obra de misericordia y caridad”, recordando que si la Iglesia alterara la norma de negar el acceso a la Eucaristía a quien se encuentra manifiestamente en un estado objetivo de pecado grave, Ella se comportaría como “propietaria de los sacramentos” y no apenas como “su fiel administradora”, encargo que le fuera conferido por Nuestro Señor.

Si bien diferente de otras iniciativas tendientes a pedir esclarecimientos para poner fin a la situación patente de anómala confusión y perplejidad imperante en la Iglesia, la Declaración de Fidelidad, con su nutrido y calificado número de firmantes eclesiásticos y civiles, se constituye así como otra voz que emerge en el coro de preocupaciones suscitadas por el capítulo 8 de Amoris Laetitia y por las contradictorias interpretaciones que lo han seguido.

En efecto,  esta perplejidad de innumerables fieles de todos los continentes encuentra una resonancia de autoridad en los cinco dubia presentados por cuatro cardenales en setiembre del 2016, solicitando fraternalmente al Papa que les hiciera saber si, después de dicha exhortación apostólica, continuaba vigente la enseñanza acerca de la existencia de normas morales absolutas, válidas sin  excepción, que prohiben practicar actos intrínsecamente malos como el adulterio, y si era posible ahora conceder la absolución en el sacramento de la Penitencia y, en consecuencia, admitir a la Santa Eucaristía a una persona que, estando unida por un vínculo matrimonial válido, convive en adulterio con otra, sin que se hayan cumplido las condiciones previstas por la moral tradicional y el código de derecho canónico. El Santo Padre ha decidido no responderles y – causando aún mayor desconcierto entre tantos fieles – tampoco concederles la audiencia privada que los referidos purpurados le solicitaban  en carta del 25 de abril pasado, para tratar de ese tema, en vista de las “numerosas declaraciones de obispos, cardenales y hasta de conferencias episcopales que aprueban lo que el Magisterio de la Iglesia jamás aprobó”, de suerte que “lo que es pecado en Polonia es bueno en Alemania y lo que es prohibido en la arquidiócesis de Filadelfia es lícito en Malta”.

La más reciente manifestación de esa voluntad del Papa Francisco de mantenerse en silencio y de permitir que se agrave el panorama de confusión por la difusión de graves errores teológicos y morales es el mutismo delante de la “Corrección filial por la propagación de errores” elevada a Su Santidad el pasado 11 de Agosto por un grupo de pastores de almas y de académicos. Grupo éste al cual cada día se suman nuevos y calificados adherentes.

En archivo separado sigue una lista de algunas de las personalidades de relieve que han firmado la “Declaración de Fidelidad a la enseñanza inmutable de la Iglesia sobre el matrimonio y a su ininterrumpida disciplina”.

Quien desee adherir a ella puede firmar en el sito

www.filialsuplica.org

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