Calidad vs. Igualdad

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El pasado martes 19 de agosto, la Comisión de Educación de la Cámara de Diputados aprobó el primer Proyecto despachado por Bachelet para la Reforma de la Educación.
La iniciativa pretende acabar con el copago, el lucro y la selección en los colegios particulares subvencionados, que representan el 53,2 % de la matrícula total de los 3.400.000 niños cursando el colegio.
El Proyecto de ley ha levantado grave preocupación y movilización entre los padres de familia que ven peligrar la independencia en la educación de sus hijos. Los sostenedores de colegios particulares subvencionados también están justamente preocupados por las consecuencias que esta ley traerá para la continuación de sus proyectos educativos.
El Gobierno, por su parte, niega que esas preocupaciones tengan justificación; pero, al mismo tiempo, afirma que está será la más profunda reforma de las estructura de educación en Chile. Es difícil entender cómo una reforma que se pretende tan profunda, pueda no afectar a quienes están insertos en ella.
Leyendo el Proyecto en cuestión se constata que la mayor preocupación del Gobierno no consiste en el mejoramiento de la “calidad”, concepto que repite 62 veces a lo largo del Mensaje pero que no define; sino en alcanzar la igualdad entre los alumnos, colegios, padres, sostenedores, profesores, ubicación, etc.
Ahora, la igualdad y la calidad son conceptos que se oponen en sí mismos.
Expliquémonos. Cuando se habla de “calidad” se está refiriendo a las cualidades que posee una persona, o instrumento (colegios). Tales cualidades son eminentemente relativas a otras personas o instrumentos (otros colegios). Así yo no puedo decir que un colegio posea “calidad”, si no lo puedo comparar con otros que la tengan en grado mayor o menor. Ni tampoco puedo decir que una persona tenga “calidad” si no conozco los varios grados de calidad que las personas puedan tener.
La igualdad significa precisamente lo opuesto, ella consiste en la negación de grados y de jerarquías comparativas. Así por ejemplo no existe la “calidad” de chilenos, pues todos los nacidos en Chile somos iguales ante la ley. Ni existe tampoco la “calidad” de seres humanos o de personas, pues las criaturas poseen una igual dignidad.
Para el Proyecto de Ley de Reforma de la Educación, los conceptos de igualdad y de calidad se equivalen, al punto que pareciera que la primera condición para que exista “calidad” es que haya “igualdad”.
Esta identificación entre “igualdad” y “calidad”, responde a un imperativo ideológico de la utopía socialista, por donde la primera condición para que exista calidad, en todo orden de cosas, es que sean completamente iguales.
Este equívoco es lo que hace que mientras unos se refieran a la “calidad”, desde el punto de vista técnico de la educación, (Aylwin, Brunner, Tironi y otros especialistas), el Gobierno responde desde el punto de vista ideológico. De ahí un diálogo de sordos.
Esta confusión aumenta por la omisión del Proyecto en definir qué entiende por “calidad”. Sólo queda claro que el Gobierno quiere acabar con lo que existe, que le parece malo porque es desigual (seleccionaría y/o discriminaría por medios económicos, etc.)
Ahora, las instituciones que existen, por más deficientes que ellas sean, no deben ser cambiadas sino cuando se pruebe de modo fehaciente e indiscutible que lo que se impondrá será claramente superior. Para ello el Gobierno debe comenzar por definir qué entiende por “calidad” en la educación, sin repetir eslóganes socialistas. De lo contrario, lo único que obtendrá será dar un salto en el vacío.
Dejamos para otro comentario el tema de la selección y el fin del lucro, tratados en la misma iniciativa legal.

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