Boicotear la natalidad, el eje del discurso globalista

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LA GACETA 13 de Julio de 2017


Los principales diarios europeos lanzan una serie de artículos en los que se escudan en el cambio climático para fomentar la baja natalidad.
La Gaceta– El cambio climático se está convirtiendo en el mantra más utilizado por las élites y sus terminales mediáticas para dictar los principios de la agenda mundial. Hace unos días, Emmanuel Macron relacionaba este fenómeno con el terrorismo islámico y aseguraba que para derrotar a los yihadistas primero había que terminar con la “subida de temperaturas”. Las palabras del presidente francés obtuvieron el respaldo del resto de líderes europeos y fueron recibidas con cierta estupefacción por aquellos que luchan contra los grupos terroristas.
Este miércoles el diario El País publicaba un artículo que iba más allá. “Hazte vegetariano, deja el coche y ten menos hijos si quieres luchar contra el cambio climático”, rezaba el titular que se enmarca dentro de una campaña mediática que también tuvo su hueco en el británico The Guardian, que el día anterior abogaba por fomentar políticas contrarias a la natalidad entre los jóvenes del Reino Unido.

El texto, que comienza reclamando un cambio cultural en Occidente y criticando a Donald Trump por su escepticismo en torno al cambio climático, asegura que este fenómeno se produce a causa del “efecto de la acción humana, de la suma de billones y billones de acciones individuales pasadas y presentes” y reclama “familias más pequeñas”.

Trump se convierte en protagonista de fondo. El País lo considera responsable -a pesar de llevar apenas seis meses en el cargo- y la crítica se centra en esos núcleos familiares que “vuelan en avión, tienen varios coches y más de un hijo”.
Hay algo que chocará sin embargo a un lector habitual de El País, pues la cabecera de Prisa ha dedicado decenas de artículos a la caída poblacional, la inversión de la pirámide tradicional y el envejecimiento que está viviendo la sociedad española. La única solución, advierten en esos textos haciendo referencia a los grandes teóricos del globalismo mundial, es abrir las puertas a las corrientes migratorias y dejar de lado las políticas en favor de la natalidad que tan bien están funcionando en países como Hungría.

La teoría Maltushiana
Discípulos destacados de la corriente malthusiana que alertó a finales del XVIII del problema de la superpoblación, empresarios y políticos chinos han creído encontrar en la reducción del número de nacimientos la solución a sus problemas de “exceso de habitantes”. Pero, ¿es realmente la superpoblación un problema? O, más aún, ¿existe de verdad la superpoblación?
Fue en 1968 cuando Paul Ehrlich esbozó en The population bomb (La bomba de la población) el futuro que esperaba a la humanidad. Habló de una Inglaterra devastada, con 70 millones de personas hambrientas y con tendencias caníbales… en el lejano año 2.000. Con 15 años de margen de error, hoy se puede afirmar sin lugar a dudas que Elrich se equivocó: la población en Reino Unido no supera los 65 millones y, de tener un problema con la comida, este es, a buen seguro, por exceso de calorías y no por defecto.
No es el único error del visionario: aseguró que en 1980 la esperanza de vida en Estados Unidos sería de 42 años debido al uso reiterado de pesticidas y calculó que en 1999 la población restante descendería hasta los 22,6 millones de personas. En 1999 la población de EE.UU superaba los 279 millones y la esperanza de vida del país es de 78 años.
Hasta el ‘New York Times’ reconoció que la teoría de la superpoblación no tenía demasiado sentido y un discípulo de Ehrlich, Stewart Brand (anteriormente partidario de limitar la natalidad) señalaba que la cuestión de la superpoblación se había convertido, en realidad, en una cuestión de aversión al género humano.

Boicotear la natalidad, el eje del discurso globalista

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