Artimañas ante el “nuevo acuerdo de paz”

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CÓMO SE COCINA LA RUINA DE COLOMBIA:

Es evidente que el Gobierno Santos en colusión con las FARC quiso imponer a Colombia un régimen comunistoide, pero que el No en el Plebiscito frustró sus planes, pero, pasado poco más de un mes, queda claro que las correcciones fueron meramente cosméticas y que estamos al borde de otra maniobra con el mismo fin. El artículo que sigue, del periodista Eduardo Mackenzie, es elocuente y es una advertencia de lo que espera a Colombia si sus líderes duermen, en vez de vigilar.

El Centro Democrático y lo jefes que promovieron el NO deberían romper la mordaza que Santos les impuso y emitir oficialmente un documento en el que la ciudadanía pueda ver los puntos que los unen a ellos y las exigencias que hacen para poder avanzar hacia un acuerdo de paz razonable. Los electores pedimos que ante esto haya la mayor claridad

 

Eduardo Mackenzie

11 de noviembre de 2016

Malas noticias acaba de darle al país el ex ministro Yesid Reyes, negociador de Santos en La Habana. En una entrevista concedida a un diario español (1), él revela que las nuevas negociaciones en Cuba, entre el equipo de Santos y los jefes de las FARC, se hacen bajo una condición de hierro: que la propuesta de revisión “no suponga afectar la estructura del acuerdo” inicial. Lo que va contra lo votado por los colombianos el 2 de octubre. El plebiscito decidió que el acuerdo de 297 páginas había dejado de existir, pues había sido rechazado explícitamente por el país, por quienes votaron contra ese documento de capitulación y por los que no quisieron votar a favor de eso. ¿Por qué pedir ahora que no sea “afectada su estructura”?

Santos nunca aceptó ese veredicto de las urnas y trató de buscar un atajo para escapar al mandato dado por el plebiscito. Ahora es posible ver el resultado de sus maniobras: el hizo la comedia de aceptar unas conversaciones con los promotores del No; aparentó oírlos y fingió recoger sus puntos de vista y críticas de fondo al acuerdo inicial. Yesid Reyes habla de “300 propuestas”, y “57 ejes temáticos”. Uf. Magnifico. Sin embargo, el resultado real de los contactos en Bogotá es muy distinto: nada de lo que dijeron los promotores del No será tenido en cuenta pues el “nuevo acuerdo”, que Reyes dice estar negociando en La Habana, no podrá afectar “la estructura del acuerdo” de 297 páginas. Ese es, pues, sin ambages, el estado de las “nuevas negociaciones”, bajo el patrocinio de Cuba.

¿Y qué dice ante eso el Centro Democrático y los otros jefes del campo del No? Guardar silencio ante la revelación de Yesid Reyes es incomprensible.

Lucho Garzón, Ramiro Bejarano y Yesid Reyes

Yesid Reyes desinforma al prometer que el nuevo acuerdo “no será un acuerdo de maquillaje”, y que éste tendrá “cambios sustanciales y temas nuevos”. Desvía la atención del público al decir que “las probabilidades de avanzar en las propuestas del NO son muy grandes”. ¿Pero cuáles son esos cambios? ¿Cuáles son los ‘temas nuevos”? ¿Cuáles son las propuestas del NO que tienen posibilidad de “avanzar” en la nueva negociación? Silencio total. Yesid Reyes no dice nada al respecto. Lo primero que hace en esa entrevista es advertir que no habrá cambios que modifiquen el texto rechazado y, enseguida, trata de consolar a la galería con una zanahoria: diciendo que habrá “cambios substanciales”. En realidad, es incapaz de decir cuáles son, concretamente, esos “cambios substanciales” que todo el país espera. No los enumera pues no los hay.

Y si los hay no lo dice pues se protege detrás de la supuesta privacidad de su labor como negociador. El método detestable Farc-santista de impulsar esas “negociaciones” bajo la más estricta opacidad e incluso mediante el desvío de la atención de la ciudadanía, volvió a apoderarse de esos contactos en La Habana. Ese vicio de la ocultación y de la disimulación sistemática de los hechos de la negociación, ha cobrado, de nuevo, vigor en el “nuevo” convenio sobre el futuro del país.

Lo peor es que el Centro Democrático y los promotores del NO, que se han mostrado muy ágiles en la discusión con el equipo de Santos tras el plebiscito, se dejaron meter un gol de éstos: aceptaron el método de la opacidad. Aceptaron que las “nuevas negociaciones” sean “en secreto”. Al aceptar eso le dieron, de nuevo, una ventaja enorme a las FARC y a Santos. Pues ellos pueden, como hicieron durante cinco años, preparar a espaldas de todo el mundo otro texto abyecto, como el de las 297 páginas, o con leves variantes, que mine la Constitución nacional, sin que el país pueda reaccionar, salvo a última hora, como ocurrió antes del plebiscito, cuando Santos y sus aparatos de propaganda nos decían que todo estaba ya acordado, firmado, festejado y bien atado y que los colombianos no tenían más que ir a votar como corderos a favor del tamal tóxico.

En su entrevista, Yesid Reyes confirma que el gobierno no ha escuchado al ex presidente Uribe y a los promotores del NO, quienes han sido enfáticos en decir que un nuevo acuerdo de paz con las FARC no puede sustituir ni ser convertido en parte integral de la Constitución colombiana.

Eduardo Montealagre, Jorge Perdomo y Yesid Reyes (Foto KienyKe)

Reyes no renuncia a ver el “nuevo acuerdo” convertido en un quiste en la Constitución. Y lo dice claramente a quien quiera oírlo. Santos y las FARC siguen, pues, en eso: no renuncian a meterle un enorme implante comunista a la constitución liberal-conservadora colombiana.

Tampoco se ha avanzado un centímetro en lo de la “refrendación” del acuerdo. Yesid Reyes estima que “el presidente tiene discrecionalidad absoluta para decidir si no somete a refrendación popular el acuerdo, que es una opción viable y legal, o someterlo”. El evoca dos mecanismos: el cabildo abierto o “un acto” en el Congreso. No dice siquiera que sea tramitado de manera ordinaria por el Congreso, con sus debates respectivos. Reyes es un jurista que conoce el peso específico de cada palabra. Por eso llama la atención que haya hablado de ratificar el segundo acuerdo en “un acto” en el Congreso. ¿En una rápida sesión y sin debate? Estamos, pues, ante la misma línea de antes. Santos podría hacer lo que le dé la gana. Seguimos ante un jefe de Estado que busca fórmulas para evitar que la ciudadanía se exprese libremente mediante el voto.

Ante la afirmación altisonante de Reyes, el periodista objetó: “¿El mecanismo que mejor representa la voluntad no es el plebiscito?”. El ex ministro se vio obligado a retroceder y dijo que la refrendación podría ser hecha mediante “cabildos abiertos”, pero “reunidos a través de consejos municipales”.

Esa solución es confusa. El cabildo abierto es contemplado en el art 103 de la Constitución Nacional, pero es muy poco utilizado como mecanismo de refrendación. ¿Por qué querer utilizar eso? ¿Por qué no un nuevo plebiscito? ¿Porque un cabildo abierto, cuyos perfiles orgánicos nadie conoce, pueden ser controlados por las autoridades municipales? ¿O por los poderes locales de hecho? Solo la senadora Paloma Valencia, del Centro Democrático denuncia la dinámica que está tomando este asunto. Ella no acepta que se hable de la forma de la refrendación antes de que el país se entere de “en qué van exactamente los acuerdos de La Habana y su renegociación con las propuestas hechas por la oposición”.

EL Centro Democrático y lo jefes que promovieron el NO deberían romper la mordaza que Santos les impuso y emitir oficialmente un documento en el que la ciudadanía pueda ver los puntos que los unen a ellos y las exigencias que hacen para poder avanzar hacia un acuerdo de paz razonable. Por el momento, sólo circula, casi clandestinamente, en las redes sociales, un largo texto pero sin firma, sin fecha, sin respaldo oficial alguno. Los electores pedimos que ante esto haya la mayor claridad.

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(1).- http://internacional.elpais.com/internacional/2016/11/10/colombia/1478811858_977076.html

http://www.periodismosinfronteras.org/artimanas-ante-el-nuevo-acuerdo-de-paz.html

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