Apatridia

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El Mercurio  3 de junio de 2017

Hernán Corral Talciani: “Pero hay algo aún más grave: este niño pasará a tener simultáneamente dos madres legales, pero ningún padre; es decir, carecerá de filiación paterna. La ley impedirá la impugnación del reconocimiento ‘co-materno’ por parte del varón que es el padre biológico del niño…”

El pasado 25 de mayo la Presidenta Bachelet junto a la representante de Acnur, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, inauguró el programa “Chile Reconoce”, que pretende sumarse a la campaña internacional contra la apatridia que lleva el hashtag #Ibelong. El término “apatridia” designa la condición de aquellas personas que carecen de nacionalidad, porque ningún Estado las reconoce como ciudadanos; literalmente, no tienen patria.

Son millones los seres humanos en el mundo que han quedado atrapados en este “limbo legal”, que es muy bien ilustrado por la película de Spielberg “The terminal”, en la que se muestra a un viajero, interpretado por Tom Hanks, que intenta sobrevivir en el aeropuerto John Kennedy, porque se le niega el ingreso a los Estados Unidos y también su regreso a su país de origen.

Los migrantes sin nacionalidad no tienen pasaporte, ni visa, ni permiso de residencia, y esto de manera permanente, porque tampoco pueden optar a la nacionalización al estar residiendo ilegalmente. Solo gozan de derechos mínimos de subsistencia y viven en la perpetua zozobra de ser expulsados y seguir en esa misma condición en el país que por benevolencia los quiera recibir.

La apatridia es un flagelo que ha afectado también a Chile, con la situación de los niños inscritos al nacer como Hijos de Extranjero Transeúnte: HET.

Esta figura legal procede de la Constitución Política, que declara que son chilenos todos los nacidos en el territorio de Chile salvo los “hijos de extranjeros transeúntes” (art. 10 Nº 1). En 1995 la autoridad dispuso que debían considerarse transeúntes todos los extranjeros que estaban irregularmente en el país. De esta manera, miles de niños nacidos en el territorio nacional de padres migrantes ilegales fueron inscritos en el Registro Civil como HET. No se les consideraba chilenos, y caían en situación de apatridia. Solo en agosto de 2014, por resolución del Ministerio de Justicia, se restringió la inscripción de niños HET solo a aquellos nacidos de padres que fueran turistas o tripulantes de nave o aeronave. Sin embargo, el cambio no aprovechó a los miles de personas inscritas según la interpretación anterior. “Chile Reconoce” pretende solucionar la situación de estos apátridas producidos entre 1995 y 2014.

Un programa como este merece el apoyo de la ciudadanía, y nos alegramos de que el Gobierno y organizaciones de la sociedad civil como el Servicio Jesuita a Migrantes y las clínicas de la UDP y la UAH estén empeñados en erradicar esta forma de marginación de niños nacidos en Chile.

No deja de ser sorprendente, sin embargo, que mientras por un lado se afirma el derecho a la patria de los hijos de extranjeros migrantes, en las mismas fechas la comisión especial del Senado encargada de infancia informe que está estudiando un proyecto de ley que busca precisamente dejar a niños sin una figura masculina paterna. Hay que recordar que “patria” proviene de la expresión latina “pater” (padre).

El proyecto se centra en las parejas lésbicas y pretende imponer en nuestro ordenamiento la “co-maternidad”. Se propone que si una de las integrantes de una pareja de mujeres tiene un hijo biológico, este niño pueda pasar a ser legalmente hijo también de su compañera, por un acto unilateral de “reconocimiento” de esta última.

No dudamos que la intención de la compañera reconociente pueda ser noble y encomiable al querer otorgar al hijo de su pareja una mayor protección legal, pero resulta muy cuestionable que ello se haga saltándose todos los controles que existen en la ley de adopción para asegurar la idoneidad de los adoptantes que pretenden ser padres legales no biológicos. La filiación “co-materna” del niño queda sujeta a la simple discrecionalidad de la mujer que desea considerarlo como hijo propio, incluso sin consulta a la madre biológica y sin que sea necesario acreditar la convivencia que supuestamente le daría derecho al reconocimiento.

Pero hay algo aún más grave: este niño pasará a tener simultáneamente dos madres legales, pero ningún padre; es decir, carecerá de filiación paterna. La ley impedirá la impugnación del reconocimiento “co-materno” por parte del varón que es el padre biológico del niño y que podría estar dispuesto a ejercer sus responsabilidades legales y proporcionarle el afecto y la identidad completa de su filiación. Serán hijos condenados a una perpetua orfandad paterna, niños sin padres: apátridas.

Un proyecto como este no debería prosperar, al menos tal como se encuentra formulado. La apatridia, ya sea por falta de nacionalidad, ya sea por negación de acceso al vínculo de paternidad, no puede ser aceptada, al menos si queremos tomarnos en serio los derechos de los niños, de los que tanto se habla, pero tan poco se hace.

Hernán Corral Talciani    Profesor de Derecho Civil

http://www.elmercurio.com/blogs/2017/06/03/51522/Apatridia.aspx

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