Viajes de Linconao y Bachelet: cerrando y abriendo capítulos.

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Dos viajes al exterior marcaron la agenda nacional de la semana pasada.

El primero, a Bolivia, realizado por parte de Francisca Linconao, en medio del juicio pendiente por el incendio con resultado de muerte del matrimonio Luchsinger Mackay. En este caso, llama también la atención el destino.

Como se sabe, Evo Morales viene hace tiempo encontrando simpatías para sus reivindicaciones territoriales por parte de la izquierda chilena. Sin ir más lejos, la candidata del Frente Amplio fue felicitada por Morales durante su campaña: “saludamos que en (…) Chile se proponga solución a la demanda ‘Mar para Bolivia’ con integración regional y confianza mutua”.

El viaje de Lincoano –con o sin regreso al País- representa un acercamiento de las reivindicaciones indigenistas mapuches con las exigencias de soberanía boliviana sobre territorio chileno, lo que augura un posible frente mancomunado (nacional e internacional) en pro de la desarticulación territorial de País.

Todo lo cual amenaza aún más la vuelta al Estado de Derecho de la Araucanía. Asunto sobre el cual ya escribimos la semana pasada en este mismo espacio.

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El segundo viaje que marcó la agenda, fue el de la Presidente Bachelet a Cuba.

En primer lugar, porque un Jefe de Estado no puede, en el ejercicio de su cargo, darse gustos de simpatía ideológica, a cargo del erario nacional. Viajar a Cuba, en el fin de la sobrevivencia de su régimen tiránico,  representa un último homenaje a la “momia” de los Castros: a la embalsamada, (Fidel) y a la que todavía se mueve (Raúl).

El pretexto es ridículo: “Cerrar capítulos de acuerdos económicos por el valor de 52 millones de dólares”.

En efecto, de acuerdo con la información de la Direcon (Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales), organismo dependiente del Gobierno de Chile, “Entre 1990 y diciembre 2015, la inversión materializada en el exterior alcanzó la suma de US$ 106.604 millones, distribuida en más de 60 países de América, Europa, Oceanía, Asia y África”. Los acuerdos con Cuba deben representar la proporción menor entre todos ellos. Argumentar la necesidad de “cerrar capítulos” económicos sólo con Cuba, es burlarse de la capacidad mental de los chilenos.

Por otra parte, el silencio de la agenda oficial, respecto a las violaciones sistemáticas de los Derechos más elementales del infortunado pueblo cubano, constituye otra afrenta. Un Gobierno que dijo centrar su gestión en el respeto a los Derechos Humanos, y que termina su mandato sin querer oír a quienes sufren por más de medio siglo, la conculcación de todos ellos, muestra qué entiende por DDHH.

La anunciada reunión de la Mandataria con el cardenal, arzobispo emérito de La Habana, Jaime Ortega, no representa absolutamente nada, pues este último ha sido criticado como un contemporizador con la tiranía de los Castros.

En ese sentido se pronunció desde la Isla,  Rosa María Payá, dirigente el movimiento Cuba Decide: “la invitación a la mandataria chilena para que visite la isla es una medida desesperada más del régimen por recobrar legitimidad a pocos meses de designar al heredero del castrismo. Sería vergonzoso que la presidenta (Bachelet) esté dispuesta a apoyar la continuidad de la opresión en Cuba apoyando a la oligarquía comunista”, concluyó la portavoz.

Los únicos chilenos que aprobaron el viaje, y criticaron los pedidos formulados por políticos oficialistas de que Bachelet se entreviste con los disidentes, fueron –no podían dejar de ser– los comunistas.

En conclusión: El viaje a Cuba, bien parece haber sido realizado “para cerrar capítulos”. Pero el “capítulo que cierra” no es el de acuerdos económicos. En verdad, el único capítulo que parece cerrar, es el de la “vergüenza de nuestro tiempo”, como catalogó el Papa Benedicto XVI al período durante el cual el PC oprimía la mitad del mundo.

En encuentro de Bachelet y Castro, se parecerá al de dos cadáveres, cuyos proyectos marxistas están en vías de desaparición, y que, antes de bajar a su tumba política, se abrazan.

¡Que abrazo patético!

Por el contrario, el abrazo Morales-Linconao,  anuncia la apertura de un nuevo “capítulo”. El de una izquierda indigenista, multicultural, multi étnica, que lucha por la desintegración de las naciones, que pretende aunar las fuerzas de todo el “neo proletariado”, sumando las reivindicaciones de “las minorías” de todo tipo y pelaje.  

Este otro abrazo, igualmente patético, nos parece sin embargo, más peligroso. No olvidemos que él obtuvo el 20% de los votantes de las últimas elecciones…

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile.

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