Vistazo de la Semana

Tres izquierdas y dos centros

17 abril 2017

La semana pasada quedó en total evidencia el descoyuntamiento de lo que se llamó la Nueva Mayoría, conjunto político heterogéneo, de vida efímera y de profundas divergencias estratégicas.

Tres cosas unían a estas izquierdas: su posición opuesta a cualquier derecha, su anhelo de un igualitarismo utópico y su apego al poder político, como fuente de subsistencia personal y partidaria.

Pocos años después de su constitución, las grietas y divisiones aparecen por todos los lados. Fundamentalmente, ellas se centran en los distintos modos de entender el modo de avanzar en el futuro inmediato.

La primera izquierda, la “tradicional” se constituye por el PC, PS, PPD y otros grupos afines. Su principal preocupación es que la “derecha” les arrebate el poder del Estado, y con esto pierdan todo lo que han obtenido, en el campo de las reformas y de las prebendas personales, en estos años de gobierno. Para evitar ese drama, postulan a un candidato ideológicamente indefinido, que se presta a todos los escenarios y que cada cual lo imagina apto para alcanzar sus fines: Guillier.

La nueva izquierda, denominada “Frente Amplio” -nombre poco original, tomado de la coalición de izquierda uruguaya que se constituyó en 1970 como conjunto de partidos de izquierda- pretende desbancar a esta izquierda “tradicional”, del mismo modo que “Podemos” en España está disputando la primacía de la izquierda con el PSOE. Sus postulados no son tan diversos que los primeros, pero hacen hincapié en aquellos temas “societarios”. Una especie de reedición de la revolución estudiantil de la Sorbonne de 1968.  No les preocupa perder las próximas elecciones con tal de obtener una representación importante en el parlamento, por eso mismo no apoyan a Guillier.

¿Y la tercera izquierda?

Es la más compleja de definir, porque se rehúye a cualquier definición. Es la DC. Ella ha quedado sin referente político, pues sus aliados de ayer, los de la izquierda “tradicional” le han dado las espaldas, y los de la “nueva” izquierda ni quieren saber de ellos. Su principal dilema consiste en que esta “centro izquierda”, como les gusta llamarse, está ella misma viviendo una hemorragia incontenida de votos.

La causa de esta hemorragia se encuentra en que sus dirigentes son de izquierda y sus bases de centro.  Y como estas últimas han visto la inconsecuencia de sus dirigentes, han dejado de respaldarlos. De acuerdo con reciente estimativa del DC Genaro Arriagada: “La DC, entre 1992 y 2016, ha perdido unos 15 puntos de apoyo, y esa sangría no ha sido en favor de sus socios de izquierda. El PPD y el PS siguen clavados en el 11% cada uno, y el PC, en alrededor de un 5%. Los votos que la DC pierde van a la derecha o a la centroderecha. Baje o suba la DC, la izquierda sigue en lo mismo”.

Aquí está el principal problema de la izquierda en general. Si ella no cuenta con la “centro izquierda”, gana la centro derecha. Pero, para obtener la confianza de esos votantes de centro, la DC necesita moderar el discurso, y como los dirigentes de la DC, en verdad son tan de izquierda cuanto sus socios, no consiguen hacerlo, sino en los llamados “matices”, pero los “matices” no convencen a sus electores cuando se trata de aprobar el aborto y otras reformas de carácter “retroexcavador”.

Como Ud. puede ver, estimado lector, el asunto es un verdadero nudo gordiano para la DC.

La tentación de la centro derecha

Puesta las cosas así, la llamada derecha o centro derecha, por su parte, sufre la misma tentación en la cual zozobró la DC. Moderar tanto cuanto posible su carácter de oposición a las reformas de la NM para  poder facilitar la evasión de votos de las bases DC hacia ellos. Así, personeros de “Chile Vamos” no se presentan como verdadera oposición, sino como una continuación “razonable” de las reformas emprendidas por sus adversarios de ayer.

Estos estrategas no parecen percibir que aquellos centristas que dejan de votar en la DC, lo hacen precisamente porque sus dirigentes perdieron su identidad de cristianos. Y que por lo tanto, el mejor modo de atraerlos es marcando esa identidad cristiana con un discurso claro y coherente.

Si la centro derecha cae en esta tentación, la conclusión será que terminará desapareciendo del escenario político la auténtica derecha, y lo que se votará no serán sino distintas variantes de una misma ideología: la izquierdista.

Serían una verdadera tragedia que, después del estruendoso fracaso de la gestión de la NM, terminemos cayendo nuevamente en las garras del socialismo, en cualquiera de sus versiones.

Credo, pasado, presente y futuro de Chile

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