Vistazo de la Semana

El aborto: ¿Qué hacer delante de una ley inicua?

7 Agosto 2017

Como es de conocimiento público el proyecto de ley que introduce el aborto en nuestra legislación, aprobado en ambas Cámaras, pasó a estudio de inconstitucionalidad por parte del Tribunal Constitucional.

Esperamos que, de acuerdo a lo establecido en nuestra Ley fundamental, el referido Tribunal reconozca la inadmisibilidad de una ley que viola el derecho de nacer, por ahora “sólo” en tres causales, pero que en su exposición de motivos lo califica como un amplio derecho de la mujer.

Sin embargo, frente a las situaciones inciertas hace parte de la virtud de la prudencia prepararse para las hipótesis peores. No existen los buenos generales que sólo piensan en victorias y nunca en derrotas. Éstos son buenos solamente para encabezar bonitos desfiles, pero no para enfrentar las adversidades. Y, como en una guerra la adversidad suele ser más frecuente que la victoria, debemos pensar, desde ya, en qué se debe hacer frente a una eventual derrota.

De acuerdo a la doctrina tradicional de la Iglesia, las leyes constituyen verdaderos mandatos para la población civil, en la medida en que ellas no contradigan la ley suprema, que es la establecida por Dios en los 10 Mandamientos.

La razón de esta doctrina no es una exigencia arbitraria. En la Ley de Dios se establece aquellas acciones que, de acuerdo a la razón, son propias a la naturaleza humana y se prohíben las que le son opuestas.

En virtud del V° Mandamiento que nos manda “No matar”, cualquier ley que establezca el asesinato, como es la del aborto, es considerada por la Iglesia como “una ley inicua”.
Santo Tomás, con su genio y precisión única, calificó la ley inicua como violencia: “tiene carácter de ley en cuanto se ajusta a la recta razón, y en este sentido es claro que deriva de la ley eterna. Por el contrario, en la medida en que se aparta de la razón se convierte en ley inicua y, como tal, ya no es ley, sino más bien violencia” (Suma Teológica, II-II, q. 93, a. 3, ad 2).

De acuerdo a esta máxima, cuando se aprueban leyes inicuas, ellas hacen que la sociedad se vuelva perversa, pues la ley no sólo manda o prohíbe, sino que también educa.
Frente a la ley del aborto, en el caso de que ella termine siendo promulgada, estamos claramente en las circunstancias previstas por Santo Tomás. Es decir, no sólo una determinación perversa de la autoridad, sino de un mandato como “no habido” para las conciencias rectas.

En conclusión, la ley no sólo no podrá obligar, sino que también sus nefastos efectos “pedagógicos” deberán ser permanentemente contestados por todos los que reconocen como ley absoluta los Mandamientos de la Ley de Dios.

Esta oposición permanente no se debe limitar a la simple objeción de conciencia, por parte de los facultativos o personal médico solicitado para practicar un aborto, sino que debe ser una actitud que guíe todas las acciones religiosas, sociales, políticas y hasta familiares.

Se atribuye a Catón el Viejo (150 aC) la famosa frase “Carthago delenda est” (Cartago debe ser destruida) con la que terminaba todas sus intervenciones en el Senado Romano. Igualmente debemos ahora repetir, en la eventualidad de una aprobación: “aborto delenda est”.

Tal actitud de resistencia civil ante el aborto fue muy bien precisada en la declaración del Obispo de Villarrica, Monseñor Francisco Javier Stegmeier:

“¿Qué viene ahora para los que estamos por la vida y la familia y en contra de la cultura de la muerte?
“1.- Orar a Jesucristo por la conversión de los abortistas y por la pronta derogación de la ley, si es que no llegara a ser declarada inconstitucional. 2. Apoyar a la mujer con un embarazo vulnerable y participar en instituciones dedicadas a esto. 3. Estudiar los fundamentos (genéticos, biológicos, antropológicos, estadísticos…) del por qué todo niño tiene derecho a nacer y también los efectos del aborto en la madre, en la familia y en la sociedad. 4. Ser siempre y en todo lugar militantes pro vida y pro familia. 4. Participar en los movimientos pro vida y en sus actividades, como marchas, conferencias, seminarios… 5. Usar un lenguaje adecuado: no decir ‘interrupción del embarazo’, sino ‘crimen del aborto’; en nuestro lenguaje cotidiano no hablar de ‘embrión’ y ‘feto’, sino de ‘niño’, ‘hijo’, ‘persona’, ‘guagua’, ‘bebé’; no hablar sólo de la ‘mujer’, llamarla también ‘madre’… 6. Votar sólo por candidatos pro vida dispuestos a derogar la ley del aborto. Si nos duele el dolor de la mujer con embarazo vulnerable y el aborto, a los abortistas les duele el voto.

“+Francisco Javier Stegmeier Sch.
“Obispo de Villarrica”

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No tenemos nada que agregar a estas sabias enseñanzas episcopales.

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile.

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