Vistazo de la Semana

Chile: ¿remate al mejor postor?

4 diciembre 2017

La izquierda siempre ha pensado que la riqueza es como una maleza. Ella crece sola, siempre en el mismo lugar y aplasta al resto de la vegetación.

Por eso mismo, considera que el deber del Estado es podarla permanentemente, repartir sus restos al resto de la vegetación, y así evitar que se produzca la desigualdad, que es para ella el supremo mal y la más odiosa injusticia.

Hay, en esta particular forma de ver las cosas, un error fundamental. La riqueza no brota sola, no brota siempre en el mismo lugar (“los poderosos de siempre”) y se acaba rápido. Lejos de ser una maleza, que resiste a todas las intemperies y malos cuidados, la riqueza es una planta de difícil crecimiento, muy sensible a los cambios y que fácilmente se marchita si no es bien cuidada.

Fiel a su particular visualización de la riqueza, el Gobierno de la Nueva Mayoría instaló en el panorama nacional la idea de la “gratuidad”, en todas las esferas de la vida social: educación, salud, jubilación, etc., etc.

No contentos con esos “ofertones” del Gobierno que ahora termina, el Partido Comunista, puso como slogan de su campaña legislativa, “Chile puede más, mucho más, vota comunista”, que es como decir, “todavía hay mucha maleza, cortémosla más, vota comunista”.

Ahora, esos “ofertones” siempre encandilan a los incautos y a los perezosos, pues –piensan ellos- nada más justo que recibir sin esfuerzo y de compartir sin méritos. Es lo que hoy se llama “ser inclusivo”.

Y como los incautos y perezosos son legión, estamos a un tris de que “la maleza”, que con tanto esfuerzo brotó en Chile, comience a languidecer, para terminar marchitándose definitivamente, del mismo modo como ocurrió en Venezuela.

Sí, precisamente Venezuela, un país que tenía su riqueza debajo de la tierra, y que era sólo poner una manguera para que saliera el “oro negro”, hoy se encuentra en un estado de miseria económica, al punto de que el 30% de la población tiene que comer de la basura, los enfermos mueren por falta de remedios básicos, su inflación llega al 2000% y la migración ya alcanza los millones.

Pero esas lecciones no asustan a los incautos y perezosos. Ellos tienen la mentalidad propia del que sólo se preocupa que le den de comer por hoy, y que, “después de mí, el diluvio”.

En otro orden de cosas, pero con la misma mentalidad socialista, esta semana pasada el Colegio de Profesores, en manos del mismo Partido Comunista, declaró que había que acabar con la PSU, que rindieron los jóvenes, que ella era “clasista” (¿los sabios de siempre?),  pues medía los conocimientos exactos. Que había que cambiarla por otra medición más “inclusiva”, como la oratoria y otras destrezas estudiantiles…

Llegará el día que se prohíba cualquier tipo de examen, alegando que ellos son discriminatorios pues dividen a los alumnos entre los que saben y los que no saben, entre los que se esforzaron y los que no. Que la justicia manda que todos por igual entren a la Universidad y que el papá Estado les pague a todos.

Esto, por supuesto, ¡con el dinero de “los poderosos de siempre”!

En realidad, con esta lógica no hay nada que baste. Lo que se exige hoy, mañana parece poco y pasado mañana una injustica.

Por este motivo, la opción de centro derecha equivoca su estrategia al querer competir al “mejor postor”, dentro de estas ofertas electorales. Las promesas que realizó esta semana pasada el candidato Piñera introduciendo ofertas de Lagos y Goic y prometiendo “avanzar” en  la gratuidad, de la mano de Ossandón, no pueden satisfacer al que quiere “todo, ya y para siempre”, siempre que el costo lo paguen los otros…

Entrar a ofrecer más, en este remate del Estado chileno, es pésima política, pues en esta materia la izquierda siempre ganará en sus ofertas porque las hace sin asumir ninguna responsabilidad. Para ella, “Chile puede más, mucho más”.

Quizá algún lector nos objete que, si no es entrando en esta competencia de ofertas, no se gana la elección.

En este caso, le respondemos con franqueza, que ganar con las banderas del adversario es lo mismo que perder. Y, peor aún, es prepararle una subida segura en las próximas elecciones.

Lo que es más sensato, es demostrar que este remate del Estado de Chile, constituye la más irresponsable y demagógica de las promesas, pues ellas son imposibles de cumplir, a no ser que se lo quiera llevar a la bancarrota.

Precisamente como es hoy Venezuela.

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile.

 

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